Las Malvinas

Una jugada con sabor a diésel

MIRIELA FERNÁNDEZ LOZANO

El rastro de la guerra pareció terminar en un obligado silencio. Sin embargo, en el 2005 el director Tristán Bauer dio un nuevo golpe contra la desmemoria. Su película Iluminados por el fuego regresa a las trincheras de Monte Longdon, para recrear el conflicto bélico, que bajo el rudo invierno de 1982, enfrentó a ingleses y argentinos. Ahora, a 25 años del hecho, las Malvinas resucitan viejas polémicas.

No es casual que el tema vuelva a ser "desempolvado", y no precisamente como un nuevo reclamo de soberanía por parte del país sudamericano.

Esta vez, Gran Bretaña pretende mover otra ficha a su favor en el tablero geopolítico, al anunciar un plan para extender su plataforma marina alrededor de las Malvinas, unas "cuantas" millas que no superarían las 350, según la explicación ofrecida al diario The Guardian por Chris Carleton, jefe de la sección de leyes marítimas de la Oficina Hidrográfica de ese país.

Sin embargo, la solicitud, que tiene como propósito nada menos que incrementar la explotación de importantes áreas petrolíferas en esta parte del Atlántico sur, trae implícitas numerosas sospechas.

Hasta el momento, los británicos aparentan moldearse bien a los contornos de leyes y acuerdos. De antemano, han desarrollado estudios sísmicos que podrían facilitarles el trazado de un nuevo límite exterior de su plataforma en la región, si se tiene en cuenta la Convención del Derecho del Mar de Naciones Unidas.

Desde 1994, este arreglo internacional ofrece a los países costeros potestad para aprovechar sus recursos marítimos hasta unas 200 millas, una distancia que podría ampliarse. El requisito: presentar suficientes argumentos ante la ONU en un plazo que vence en mayo del 2009.

De ahí la urgencia de Londres en anunciar su petición y en mostrar una significativa carta que, en medio de la crisis energética mundial, podría permitirle esta jugada con sabor a diésel. Según las pruebas realizadas, hay reservas de petróleo en la zona.

Otra vez Gran Bretaña puede salir airosa. The Falklands —así bautizaron los ingleses a las Malvinas en 1833 cuando se posesionaron militarmente del archipiélago— no solo podrían ofrecerles una ventaja económica, sino consolidar su presencia en una zona estratégica, donde aún corren hálitos coloniales.

De hecho, la administración británica no pretende quedarse atrás en una renovada carrera de conquistas. La cruzada contra el Oriente Medio, los ojos sobre África de ciertas naciones poderosas, y otros acontecimientos han dado el alerta.

Habrá que esperar entonces el veredicto de la ONU en torno a la petición del Reino Unido de ampliar sus límites marítimos, pero en cualquier decisión el árbitro debe tener en cuenta el reclamo soberano de Argentina.

 

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