Cuando
los republicanos fueron convincentemente derrotados en las elecciones
norteamericanas de mitad de mandato presidencial en noviembre del
2006, un gran número de aspirantes a la Presidencia del país saltaron
a la palestra.
De hecho, se adelantó en prácticamente un año la lucha electoral en
Estados Unidos. El "tiempo político" se ha vuelto excesivamente largo
para cualquier aspirante declarado o potencial, tanto en términos de
sus declaraciones públicas, como en la necesidad de recaudar dinero
para la campaña.
Se incurre en más gastos dado lo prolongado de la contienda, lo que
significa recaudar más fondos y durante más tiempo. Es una de las
razones por las cuales cerca de una veintena de aspirantes ha
formalizado su propósito creando los "comités de campaña", lo cual los
autoriza a recaudar fondos con fines electorales.
En cuanto a las declaraciones públicas, existe una doble y
contradictoria situación. Cualquier candidato, para mantener su
"vigencia" y "credibilidad", debe buscar presencia pública; y la forma
de hacerlo es mediante declaraciones sobre los principales "temas",
los cuales no son determinados por el candidato, sino que les son
impuestos por el propio decursar de los acontecimientos y el interés
que se suscite alrededor de una determinada situación. Esto requiere
que el candidato actúe con cautela y se limite en sus expresiones
públicas, para evitar "quemarse" por determinado pronunciamiento
anticipado sobre un "tema" que aún tiene un largo "tiempo político"
para desarrollarse. Cualquier declaración intempestiva o "fuera de
línea" puede "ensombrecer" las posibilidades del aspirante en el
futuro desarrollo de la campaña por la silla presidencial.
A más de 13 meses de la votación, los temas más candentes cubren el
espectro doméstico y el internacional. Estos temas guardan una
estrecha relación tanto con la caída de la popularidad de Bush como
con las vicisitudes por las que atraviesan los políticos y aspirantes
republicanos, para los cuales la mejor opción, en lugar de buscar el
respaldo del presidente Bush, es tomar distancia de las posiciones y
la política del actual ocupante de la Casa Blanca, tal como ha
expresado el potencial aspirante republicano Newt Gingrich.
Expresado en forma sintética, el debate candente gira ahora
alrededor de cómo y cuándo lograr una salida airosa de Estados Unidos
de Iraq; cómo enfrentar una posible recesión de la economía, amenazada
hoy por la caída en el mercado de bienes raíces y en el financiero; o
cómo implementar una reforma del sistema de inmigración. No existe un
consenso nacional sobre estos asuntos, y las respuestas y soluciones
van más allá de las posibilidades de acción de los candidatos.
Hay un alto grado de incertidumbre sobre estas situaciones, y la
mejor opción para los aspirantes presidenciales es obrar con la mayor
cautela, especialmente para aquellos que han logrado un apoyo
considerable entre las fuerzas políticas de su partido, y aparecen
delante en las encuestas de opinión pública (Rudolph Giuliani, John
McCain y Mitt Romney, entre los republicanos; Hillary Clinton y Barack
Obama, entre los demócratas). La etapa decisiva de la campaña aún no
ha comenzado.
Más fácil les resulta a los aspirantes pronunciarse acerca de la
decena de temas tradicionales en las campañas presidenciales. Estos
abarcan cuestiones tales como el funcionamiento del gobierno, el monto
y distribución de los presupuestos federales y el alcance de los
impuestos; la creación y la conservación de empleos y los salarios; la
cobertura del gobierno federal a los programas de asistencia a la
salud y la educación; la protección a la niñez, a las mujeres y a la
tercera edad; la forma de enfrentar la crisis del sistema de seguridad
social; los valores éticos y morales en la sociedad, incluyendo la
actitud hacia las inclinaciones sexuales de las personas; el nivel de
violencia en el país y la actuación de las agencias que aplican las
leyes; la recuperación del prestigio y la influencia de Estados Unidos
en el mundo; la protección del medio ambiente y la lucha contra las
drogas.
Aunque republicanos y demócratas parten de tradiciones políticas
diferentes, la mayor parte de las veces las posiciones de los
candidatos reflejan más sus filosofías conservadoras o liberales, o
sus intereses económicos y políticos locales, antes que un consenso
partidista. No todos los temas tienen la misma atracción y la misma
importancia para las minorías latinas, asiáticas o negras, que para
las mujeres o personas de la tercera edad, o las lesbianas o
transexuales, o los creyentes o no creyentes, o los sindicatos o las
corporaciones.
(Esta es una cuestión a la que nos referiremos con mayor detalle en
futuros comentarios.)
En el próximo trabajo hablaremos sobre el calendario electoral y el
significado de las diferentes etapas con énfasis en lo que representa
cada una en esta contienda electoral.
* El autor fue Jefe de la Sección de Intereses de
Cuba en Washington, D.C., de septiembre de 1977 a abril de 1989.