Acordes insurgentes

PEDRO DE LA HOZ
pedro.hg@granma.cip.cu

Si bien la música instrumental en sí misma trabaja con una materia tan abstracta como el sonido, la intencionalidad, la emoción y el compromiso pesan en las motivaciones de los autores y en la huella que se proponen dejar en el público.

Sarmientos al frente de la OSN y Stuardo en la marimba.

Es por ello que la idea de clausurar en el teatro Amadeo Roldán el XXII Festival de La Habana, de música contemporánea, con un programa dedicado a la memoria del Che Guevara, y sobre todo, a la palpitante vigencia de su legado revolucionario, derivó en un vivo ejemplo de cómo la vanguardia artística puede acompañar la épica transformadora de los pueblos.

Apenas dos años después de que el Che fuera asesinado en La Higuera, un compositor guatemalteco, inspirado en las tintas con que su compatriota Roberto Cabrera ilustró el diario del Guerrillero en su campaña boliviana, escribió y estrenó La muerte de un personaje (a la memoria de Ernesto Guevara).

Jorge Sarmientos ya era entonces uno de los más avanzados compositores y directores orquestales de Guatemala. Podría haber hecho carrera fuera de su país, pero prefirió anclarse en su tierra, contra viento y marea, y luchar por la emancipación cultural de una sociedad sometida a cruentas tiranías.

En su tributo al combatiente internacionalista, dirigido por él mismo al frente de la Orquesta Sinfónica Nacional, desplegó, a partir de un esquema aleatorio controlado, todo el poderío de las diversas secciones instrumentales por separado para reunirlas en un epílogo brillante y atronador.

Muy diferente es la estética de la otra pieza mostrada al auditorio: el Concierto para marimba, que encontró en el chileno Marcelo Stuardo a un solista ideal. La obra, de carácter tonal, dignifica a un instrumento que forma parte de la tradición mestiza guatemalteca.

En la segunda parte del programa subió al podio Zenaida Romeu para entregarnos otra pieza tonal, de Roberto Valera, escrita originalmente para el documental Che, hoy y siempre, del realizador chileno Pedro Chaskel, y la monumental arquitectura sonora de La muerte del Guerrillero, de Harold Gramatges, que incluye la lectura del clásico poema Che Comandante, de Nicolás Guillén, proyectado vocalmente con maestría por Valera.

Tanto la Asociación de Músicos de la UNEAC como el Instituto Cubano de la Música debieron pensar en encargar obras sinfónicas y de cámara para este año guevariano. Aún hay tiempo.

 

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