Aniversario 40 de la caída en Bolivia de El Chino y Willy

 Leales y combativos hasta el final

Nada fácil resulta el paso por la cordillera de La Higuera, surcada de cañones profundos que cortan las alturas con escasa vegetación. La noche del 7 de octubre 17 guerrilleros emprenden el cruce de una peligrosa falla, que parece imposible de franquear.

La madrugada del 8 de octubre de 1967 es fría; en la mañana ya el choque es inminente. El ejército avanza y el Che decide establecer una línea defensiva para contenerlo. El sol pica fuerte a eso de la una y treinta cuando el intenso fuego de fusiles, ametralladoras, bazucas y morteros resuena en la Quebrada del Yuro.

Ocupan posiciones y Juan Pablo Chang-Navarro (El Chino) queda al lado del Guerrillero Heroico y recibe de él los cuidados necesarios debido a la dificultad que presenta el revolucionario peruano al caminar durante la noche, por su falta de visión y el mal estado de los espejuelos que se le caen constantemente.

Al rememorar el esfuerzo estoico protagonizado por El Chino durante las duras marchas, el hoy general de brigada Harry Villegas (Pombo) señala que era doloroso decirle cualquier cosa al compañero, pues era el más sacrificado del grupo.

Durante la firme resistencia, el Che es alcanzado por un disparo de ametralladora en una pierna, pero continúa combatiendo hasta que su carabina M-1 queda inutilizada por un disparo en la recámara y las balas de la pistola agotadas.

Auxiliado por Willy (Simeón Cuba Sanabria), el Che trata de escalar el cerro donde solo crecen pequeños arbustos que apenas lo ocultan. Fuerzas bajo el mando del suboficial Bernardino Huanca los detectan. Cuentan soldados que presenciaron la detención que el militar propinó un culatazo en el pecho al jefe guerrillero y se dispuso a dispararle, momento en que Willy se interpuso y gritó en tono autoritario: "¡Carajo, ese es el Comandante Guevara y lo van a respetar!".

Sin temer al peligro, Willy defiende al Che a quien ha aprendido a querer y admirar durante los casi ocho meses de vida guerrillera pasados bajo su mando como parte del grupo del Centro.

A la mañana siguiente, una compañía bajo el mando del mayor Miguel Ayoroa, realiza el rastreo de la Quebrada del Yuro y detecta la presencia del Chino, quien es apresado en mal estado físico y conducido junto al cadáver de Aniceto Reinaga hasta la escuelita de La Higuera, donde recibe maltratos del agente de la CIA de origen cubano Félix Rodríguez Mendigutía (se hacía llamar Félix Ramos).

Poco después los asesinos se encargan de cumplir la orden de no dejar ningún revolucionario con vida y disparos criminales ciegan las vidas del Che, Willy (Simeón Cuba) y del Chino (Juan Pablo Chang).

Así trataron de borrar todo vestigio del pequeño grupo guerrillero que puso en jaque al ejército boliviano apoyado por Estados Unidos. Pero sus ejemplos no han sido olvidados y permanecen en la historia universal.

Hombre ejemplo

Nacido el 2 abril de 1930, en Lima, Perú, era Juan Pablo Chang hijo mayor del administrador de la Hacienda Pedreros, en las afueras de la capital peruana. Decidió emprender la lucha armada desde las filas del Movimiento de Liberación Nacional de Perú. Al conocer la presencia del Comandante Guevara en Bolivia, no duda en ir a su encuentro. El 19 de marzo, el Guerrillero Heroico refiere su llegada a la Guerrilla y con el decursar de los días, El Chino demuestra su calidad humana y combativa que lleva al Che a distinguirlo entre los hombres ejemplos y a designarlo para acciones de envergadura como la toma del poblado de Samaipata.

Coraje y Decisión

Simeón Cuba Sanabria había nacido el 5 de enero de 1935, en Itapaya, pueblito a unos 46 kilómetros de la ciudad de Cochabamba. Según cuentan los hermanos, Simeón era un apasionado del deporte. Practicó el fútbol y el ciclismo, compitiendo en varias ocasiones con otros centros mineros. Con solo 17 años, marcha junto al padre hacia los túneles subterráneos, como barretero de cuadrilla, para sacar mineral de las entrañas de la tierra. Se incorporó al campamento de Ñacahuazú el 14 de febrero, y adoptó el apodo por el cual llamaba a su segundo hijo. A partir del 14 de marzo de 1967 sería Willy, el guerrillero boliviano bajo las órdenes del Che, quien a los tres meses de su llegada lo evalúa como bueno, callado, disciplinado y trabajador. Hasta el último instante Willy trata de salvar la vida del jefe guerrillero y, ya apresado, pasa la noche del 8 de octubre junto a Pachungo (Alberto Fernández Montes de Oca), a quien ve morir sin poder brindar ayuda.

(Textos resumidos de artículos publicados en Granma por la periodista Elsa Blaquier Ascaño los días 30 de septiembre y 7 de octubre de 1997)

 

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