Cuatro guerrilleros y un destino libertario

Héroes que entregaron sus vidas por la Patria Grande

Pureza y coraje

Al intentar trazar la personalidad del joven René Martínez Tamayo nacido en Mayarí, Holguín, el 2 de febrero de 1941, creo que su gran pureza, el coraje con que enfrentó la vida desde la infancia, su modestia e inmenso amor por la Revolución y los niños, son las principales cualidades que lo distinguieron.

René Martínez Tamayo.

Del Héroe Nacional de Cuba aprende que quien sabe diseñar su vida, sabrá siempre honrarla. Por eso decide sumarse a los revolucionarios que actúan en su centro de estudios.

Es detenido por sicarios de la dictadura batistiana, y en cuanto recobra la libertad decide unirse a José María (Papi), su hermano mayor, miembro ya del Ejército Rebelde.

Después del triunfo de la Revolución es escogido para realizar estudios superiores en la antigua Unión Soviética. En ese país conoce de la partida hacia el Congo del grupo internacionalista comandado por el Che y pide unírsele.

Fue aceptado como radista del grupo que acompañaría al Comandante Guevara en la gesta boliviana y llega al campamento de Ñacahuazú el 11 de diciembre con el nombre de Arturo y forma parte del grupo del Centro, bajo las órdenes del Che.

Sobrepasa la dolorosa prueba de ver morir a Papi, el hermano que tanto quiso, y el Che, preocupado por el efecto que la pérdida podía causar en el combatiente, prestó una especial atención, correspondida también por el joven, quien ayudó durante días al médico a dar respiración artificial al jefe guerrillero aquejado de asma.

El joven de 26 años da pruebas de su combatividad y firmeza el 8 de octubre de 1967 cuando, después de horas de intensa lucha en el interior de la Quebrada del Yuro, y en unión de Antonio (Orlando Pantoja) bloquea el avance del Ejército para que el Che y los enfermos traten de salir del cerco, y muere por la explosión de una granada.

En combate, como el poeta a quien tomó como guía, René entregó su generosa vida por la humanidad, su patria grande.

Fiel a sus ideas

Alguien dijo que ser revolucionario es estar en el lugar indicado, el día preciso, a la hora indicada, y ese principio rigió la vida de Aniceto Reinaga Gordillo, despojado de falsos nacionalismos, quien se unió al grupo de combatientes internacionalistas encabezados por el Che y murió heroicamente el 8 de octubre de 1967, en la Quebrada del Yuro.

Aniceto Reinaga Gordillo.

El joven, nacido el 26 de julio de 1940 toma conciencia del origen de la explotación e ingresa a la juventud comunista. En 1961 es elegido para integrar el Comité Ejecutivo Nacional de esa organización, cargo que ocupa hasta su incorporación a la guerrilla en enero de 1967.

A su llegada al campamento de Ñacahuazú, en los primeros días de enero de 1967, lo asignan a la Vanguardia y bajo las órdenes de Miguel (Manuel Hernández Osorio), jefe de su grupo, y del propio Comandante Guevara, cumple las más disímiles misiones.

El muchacho de apenas 27 años ha sabido ganarse la confianza del jefe exigente y poco dado al elogio vacío, que lo califica en las evaluaciones periódicas como muy bueno, empeñoso, entusiasta, valiente y de alta moral.

En la madrugada del 8 de octubre marcha con el resto del grupo por la empinada quebrada. En horas de la tarde comenzó un tiroteo generalizado por casi todos los flancos y cuenta el hoy general de brigada Harry Villegas (Pombo) que ante esta situación no prevista deciden pedir nuevas instrucciones para lo cual envían al joven boliviano, pero al llegar este al lugar donde había estado el puesto de mando no encuentra a nadie. El Che se había retirado ya. Explica Pombo que cuando él y Urbano logran cruzar la lluvia de disparos y arriban a la posición del Ñato, allí estaba, inerte, el cuerpo de Aniceto Reinaga, el compañero fiel a las ideas que defendió hasta el último hálito de vida.

Valiente y decidido en el combate

Amoroso, rebelde y con algo muy especial que le hizo resaltar entre la muchachada de Maffo, su pueblo natal, recuerda Orfelina Tamayo al tercero de sus siete hijos, el combatiente cubano Orlando Pantoja Tamayo (Olo), caído el 8 de octubre de 1967, en la Quebrada del Yuro.

Orlando Pantoja Tamayo.

La clarinada del Moncada le traza el rumbo y el 21 de octubre de 1957 se integra a las fuerzas revolucionarias comandadas por Fidel Castro. Poco después pasa a La Plata, donde se encuentra con quien será su compañero de lucha hasta el momento de su muerte: el Comandante Ernesto Che Guevara.

Su coraje le hace ganar un lugar en la columna invasora número 8 Ciro Redondo, donde forma parte de la comandancia y tras arribar a las montañas villaclareñas por sus méritos el Comandante Guevara le confiere los grados de capitán.

Al triunfo de la Revolución ocupa la jefatura del Regimiento tres en Las Villas, hasta su designación en el Ministerio del Interior, donde figura entre los fundadores de la Seguridad del Estado.

Por su lealtad, experiencia y probado arrojo, es uno de los primeros combatientes escogidos por el Che para acompañarlo en el empeño de materializar su inmenso amor por la humanidad.

El 19 de diciembre de 1966 casi a la medianoche llega, con el nombre de Antonio, al campamento.

Su labor es calificada como buena por el jefe guerrillero, quien en múltiples anotaciones de su diario cita a Antonio y lo evalúa de "valiente y decidido en el combate".

El ocho de octubre, junto a Arturo (René Martínez Tamayo) y Pachungo (Alberto Fernández Montes de Oca), ocupa la primera línea de combate en la Quebrada del Yuro. El hombre que no ha cumplido los 34 años de edad combate con bravura hasta que un ataque con granadas y bazukas siega su vida. Solo con la muerte su arma deja de disparar defendiendo sus sueños de libertad y la vida del jefe a quien tanto admiró.

Ahora sí se trata de un guerrillero

Generoso, valiente, exaltado y romántico, recuerda la familia a Alberto Fernández Montes de Oca, quinto de los hijos de Ezequiel y Juana. Un canario y una santiaguera de cuya unión nacieron seis hijos, dos de ellos héroes: Orlando, torturado y hecho desaparecer por la dictadura batistiana, y Alberto.

Alberto Fernández Montes de Oca.

El 7 de marzo de 1952, tras sumarse a manifestaciones de protesta, sale al exilio en Estados Unidos. Posteriormente regresa a la Isla y a su llegada hace contacto con las tropas del Che, quien lo pone bajo las órdenes del capitán René Rodríguez y al dar muestras de su arrojo gana la admiración del Che.

El 7 de octubre del año 1966 parte definitivamente hacia Bolivia, y un año después de cumplir tareas de exploración, hacer caminos, realizar "góndolas" (viajes para el suministro de medios) entre otras, llegan los 17 combatientes a la unión de dos quebradas, el Yuro y San Antonio. Allí librará su último combate el día 8 de octubre.

Cuenta Pombo que al organizar la defensa, el Che situó a Pacho en el flanco derecho, prácticamente en un puesto de observación. A la una y treinta de la tarde, comenzó un fuerte tiroteo y Pachungo queda entre dos fuegos hasta que el enemigo le causa graves heridas.

Algunos testigos señalan que mientras son trasladados por los soldados, el Che, también herido, pidió le dejaran prestarle asistencia, pero se lo impidieron. En un aula de la mísera escuelita de La Higuera, separado por una débil pared del lugar donde permanecían el Guerrillero Heroico y los dos compañeros caídos en combate, quedó Pacho en compañía de Willy (Simeón Cuba).

Allí, sin recibir ningún auxilio médico, muere, en medio de la noche, el revolucionario cubano a quien el Che evaluó por última vez como trabajador entusiasta, que mantuvo su carácter aguerrido y sobre el cual escribió con alegría: "Ahora sí se trata de un guerrillero". 

 

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