Cierto que no era la única historia, pero la Tania Head tenía
"sustancia cinematográfica", melodrama a raudales aportado por la vida
misma y no proveniente de un guionista asalariado de Hollywood. Solo
un problema mantenía paralizadas las propuestas fílmicas: la imagen de
Tania Head.
Había salido tantas veces retratada en los periódicos y hablando en
la pequeña pantalla, que de ninguna manera podía aspirarse a que fuera
encarnada en el cine por una beldad electrizante, al estilo de Diana
Kruger (la Helena de Troya), o acaso una Jennifer López, teñida de
rubio.
No, Hollywood busca heroínas, pero a la manera de Jessica Lynch, la
bella soldado inspiradora de una película tras el montaje de
invenciones armado por el ejército estadounidense, que pretendió
convertirla en un ídolo de la guerra en Iraq, a lo que la joven se
opuso, además de denunciar la manipulación propagandística de su
"caída en combate".
Así pues, la historia de Tania Head esperaría un poco más, hasta
que su imagen, demasiado rolliza, "poco cinematográfica" según los
cánones fotográficos, fuera borrada de la memoria de los potenciales
espectadores. A lo mejor entonces, no ya una Jennifer López, ni una
Diana Kruger, pero...
Y en la espera, se han salvado los productores de repetir el
resbalón fílmico que tuvieron con la soldado Jessica Lynch ("denuncio
ante la opinión pública que mi imagen la utilizó el gobierno
norteamericano para justificar la invasión a Iraq").
Se salvaron porque en días recientes se supo que la historia
repetida durante años por Tania Head, presidenta (ya destituida) de la
Junta de la Red de Supervivientes de las Torres Gemelas, es falsa.
Actuando como guía en la llamada "zona cero" de Nueva York, decenas de
miles de personas, entre ellos el alcalde de esa ciudad, Michael
Bloomberg, y su antecesor, Rudolph Giuliani, le escucharon relatar con
dramatismo cómo arrastrándose entre los destrozos de la planta 78 se
encontró con un hombre moribundo que le entregó un anillo de bodas,
que luego ella le hizo llegar a la viuda. Si logró salir con vida
—decía Tania— fue gracias a que un voluntario le apagó las llamas que
habían prendido en su ropa antes de bajar las escaleras.
—¿Y de dónde sacó las fuerzas para llegar abajo, señorita Head?
—preguntaban estudiantes y turistas a esta guía, capaz de combinar de
forma muy natural las sonrisas con las lágrimas.
—Pensaba en mi próxima boda, mientras bajaba herida, no dejé de
pensar en el vestido blanco de novia y en la boda con mi novio Dave
(también fallecido en las Torres).
Investigaciones de periodistas de The New York Times y pequeñas
sospechas acumuladas por sus propios compañeros pusieron las cosas en
su sitio: cada capítulo contado por Tania Head —y no confirmado por
aquellos que la rodeaban a diario y no quisieron "herir
sensibilidades"— era falso: ni novio, ni heridas, ni anillo, ni
supuestos mensajes enviados por personas que luego aparecerían entre
las víctimas, ni títulos universitarios proclamados por ella, nada de
nada. Incluso hasta su nombre era un invento.
Y junto con el truco, otra película que se viene abajo por causa de
la manipulación y la mentira. En este caso, vinculadas a un tema —el
derribo de las Torres Gemelas— en el que, añadiendo el misterio, lo
que sobra es precisamente eso (manipulación y mentiras), y a todos los
niveles.