La ubicación, en el municipio nororiental de Baracoa, de la mayor
cascada del Caribe Insular, posibilita vincular al turismo de
naturaleza a ese accidente hidrográfico, provocado por un subafluente
del caudaloso Toa.
La caída de 305 metros que presenta el Salto Fino, como se nombra
ese paisaje natural, se produce por una interrupción brusca del cauce
del Arroyo del Infierno, corriente fluvial tributaria del Quibiján, el
cual, junto a casi 70 ríos de la región vierte en el más caudaloso de
la Isla.
Esa pequeña catarata, sin igual, en la Mayor de las Antillas, se
ubica por su altura en el puesto número 20 en el mundo, según un
reportaje aparecido en el más reciente número de la Revista
Excelencias, Feria Internacional de Turismo (FITUR) dedicada a Baracoa.
El llamativo y por ahora casi inaccesible desnivel forma parte del
Parque Nacional Alejandro de Humboldt e integra la Reserva Ecológica
Quibiján-Duaba-Yunque de Baracoa.
Junto al Toa, el Duaba atraviesa las selvas más hermosas de Cuba y
conforma el mayor potencial hidroenergético y una de las reservas de
agua dulce más importantes de la región caribeña.
En su más reciente edición, El Explorador, Periódico Digital
Espeleológico Cubano, atribuye el estudio preliminar del mayor salto
acuífero de las islas del Caribe a la Sociedad Espeleológica, el
Instituto de Geografía Tropical y el Club Extremo.
Esas instituciones científicas cubanas corroboraron que el Arroyo
del Infierno posee corriente permanente, una cuenca de alimentación
superficial y subterránea de tres kilómetros cuadrados y
aproximadamente tres mil metros de recorrido lineal.
Añaden que el agua se precipita aproximadamente desde la cota 600
metros, hasta la cota 295 metros, y llega a formar ocho cascadas, y 20
saltos consecutivos aguas abajo, los que varían entre 15 y 5 metros de
desnivel.