Bahía de Nipe, verano de 1947

Lalo, el guardafaro de Cayo Saetia: un hombre de palabra

(Hace 60 años el Comandante en Jefe Fidel Castro fue protagonista de un acontecimiento revolucionario conocido como la expedición de Cayo Confites. Este trabajo del compañero Aldo Isidrón del Valle, quien fuera corresponsal de Granma en la antigua provincia de Las Villas ha sido tomado del libro Antes del Moncada, publicado por la editorial Pablo de la Torriente Brau)

VERANO de 1947. La prensa destaca con novedosos titulares: Buques cubanos interceptan en la Bahía de Nipe flota antitrujillista; arrestados tripulantes de los buques invasores. Fuerzas combinadas del Ejército y la Marina conminaron a los sitiados a la entrega de sus armas. Maniobra la escuadra de Estados Unidos frente a Santo Domingo.

El joven Fidel Castro en el grupo que encabeza una manifestación estudiantil en el año 1947.

Y el redactor de En Cuba, sección de Bohemia, en nota introductoria a su extensa crónica, historia íntima de los sucesos, precisa:

"La expedición empezó a perderse antes de que los hombres destinados a liberar a República Dominicana de su repulsivo dictador, establecieran su campamento en el pequeño cayo que tan notoria nombradía adquirió con motivo de la disolución del ejército revolucionario, compuesto por cubanos y dominicanos exiliados capitaneados por Juan Rodríguez y Juan Bosch; fueron traicionados por políticos del gobierno de Ramón Grau San Martín y su jefe de ejército, el general Genovevo Pérez Dámera."

Nuestro Comandante en Jefe Fidel Castro, formó parte activa del contingente internacionalista; no se dejó capturar cuando fragatas de la marina de guerra detuvieron la marcha de los barcos insurgentes en alta mar, al norte de Holguín.

A mí no me arrestan, más que nada por cuestión de honor.

Me daba vergüenza que aquella expedición terminara arrestada. Entonces en la bahía de Nipe me tiré al agua y nadé hasta las costas de Saetía y me fui —declaró Fidel a Arturo Alape en entrevista para su libro El Bogotazo: Memorias del olvido.

Anota Fidel que terminaba el tercer año en la carrera de Derecho en la Universidad de La Habana y recuerda, que por aquellos días de fines de curso se produce la posibilidad de organizar la expedición por parte de los revolucionarios dominicanos, quienes llevaban muchos años luchando por esa causa; en ese momento recibieron cierta ayuda oficial en Cuba para organizar su expedición. Al respecto Fidel subraya:

—No quiero hablarte de aquella expedición, de los errores que cometieron sus organizadores puesto que es otro tema, pero el hecho en sí es que yo era presidente de la Escuela de Derecho, era alumno oficial de la Universidad.

Allí para ser dirigente había que ser matriculado oficial.

Los alumnos por la libre, como llamaban a una categoría de estudiantes que podían llevar asignaturas de distintos cursos, no tenían derecho a votar, pero yo en ese año de 1947 estaba terminando mi tercer año de carrera y me faltaban algunos exámenes.

Había un litigio, puesto que los que controlaban la mayoría de la Universidad, asociados al gobierno de Grau, tenían interés en el control. En la Escuela mía, que era la de Derecho, la mayoría de los delegados habían destituido al presidente que estaba muy asociado al gobierno y me habían elegido a mí. Las autoridades universitarias controladas por el gobierno no querían reconocer ese hecho. De manera que yo era vicepresidente de la Escuela y además fui elegido en ese momento presidente de la Escuela.

MI DEBER PRIMERO

Pero era también en ese tiempo, presidente del Comité Pro-democracia Dominicana en la Universidad. Y cuando se organiza la expedición de Santo Domingo, más o menos ya a finales de curso, alrededor de julio, yo consideré que mi deber primero, aunque no estaba entre los organizadores de la expedición, pero tenía muchas relaciones con los dirigentes dominicanos, sobre todo con Rodríguez que en aquella época era el principal y otros muchos dirigentes que habían estado en el exilio, era enrolarme como soldado en la expedición y así lo hice.

Sin embargo, como el gobierno y figuras del gobierno participaban en la expedición y yo estaba en la oposición al gobierno, no tenía nada que ver con la organización de la expedición; ellos tenían recursos de los dominicanos y recursos del gobierno.

La expedición reunió unos mil doscientos hombres. Todo aquello estuvo muy mal organizado puesto que había gente buena, muchos dominicanos buenos, había cubanos que sentían la causa dominicana, pero con un reclutamiento que se hizo apresuradamente incorporaron también antisociales, lumpen, de todo. Yo me enrolé en esa expedición como soldado.

HASTA LAS COSTAS DE SAETÍA

Estuvimos varios meses en Cayo Confites donde estaba entrenándose la expedición. A mí me habían hecho teniente de un pelotón. Al final tienen lugar acontecimientos en Cuba, se producen contradicciones entre el gobierno civil y el ejército y este decide suspender aquella expedición. Así las cosas, alguna gente deserta frente a una situación de peligro y a mí me hacen jefe de una de las compañías de un batallón de los expedicionarios. Entonces salimos, tratábamos de llegar a Santo Domingo. Al final nos interceptan, cuando faltaban unas veinticuatro horas para llegar a aquella zona y arrestan a todo el mundo. A mí no me arrestan porque yo me fui por mar, no me dejé arrestar más que nada por una cuestión de honor, me daba vergüenza que aquella expedición terminara arrestada. Entonces en la bahía de Nipe me tiré al agua y nadé hasta las costas de Saetía y me fui.

RECUERDOS DEL VIEJO LALO

En otro verano, veinte años después (1967). Fidel retornó a Cayo Saetía y allí evocó pasajes de este episodio histórico con el viejo práctico marino Lalo Guzmán, su amigo de años mozos; Lalo fue guía del joven expedicionario cuando llega a tierra y solicita ayuda.

Lalo, práctico de embarcaciones, atesoró aquel secreto durante veinte años. A nadie reveló la identidad y patriótica misión del joven revolucionario que después de fatigosas jornadas, llegó a su humilde vivienda en una madrugada del verano de 1947 y le dijo: te necesito.

Aquel bisoño insurgente, uniformado, extenuado, mojadas sus ropas, había caminado entre manglares y diente de perro y bosques, penetrado en trillos y guardarrayas negadas al paso del hombre, con sus cráteres de viejas aguas retenidas, turbias y ardientes; cuentan que al joven Fidel Castro no desanimó el revés por liberar al pueblo caribeño, cuna de Máximo Gómez, oprimido por una sanguinaria dinastía y pensó en la victoria futura, porque "luchar por causas justas" —postula el ideario martiano— es "abrir surcos, levantar cimientos",

Aquel paisaje era familiar a Fidel Castro. Cuando niño con su hermano Raúl y otros muchachos, recorrió campos de Oriente, escaló montañas, cruzó ríos, admiró su hermosa vegetación y en más de una ocasión fue visita en el bohío de un campesino humilde. La pobreza galopaba por aquellas tierras explotadas por la United Fruit Company y otros monopolios; Lalo Guzmán trabajó con Don Ángel Castro, padre de Fidel. Una vieja amistad le unía a esta familia.

Instantes de la niñez, adolescencia y juventud de Fidel transcurren en Mayarí y Santiago de Cuba donde cursó los grados primarios y el bachillerato en el colegio de los padres jesuitas de Belén, en La Habana, donde se gradúa en 1945.

El anuario del Colegio Belén insertó en sus páginas un interesante pronóstico:

"Fidel Castro se distinguió siempre en todas las asignaturas relacionadas con las letras. (¼ ) Fue un verdadero atleta, ha sabido ganarse la admiración y el cariño de todos. Cursará la carrera de Derecho y no dudamos que llenará con páginas brillantes el libro de su vida. Fidel tiene madera y no faltará el artista".

En 1945, ingresa Fidel en la Universidad de La Habana. Matriculó Derecho. En poco tiempo se perfiló y expandió en él su vocación de político y revolucionario; allí, desde el primer instante experimentó la sensación de que se abría un campo nuevo para él.

UNA CANTIMPLORA Y UN PUÑADO DE BALAS

—Entra, muchacho, sabes que estás en casa amiga invitó Guzmán.

—Ya Librada, mi mujer, está en pie y echa leñas al fogón y prepara café.

El 6 de noviembre de 1947 Fidel pronuncia un discurso de protesta por el robo de la campana de La Demajagua.

Y, tras la estimulante infusión, el farolero del Cayo Saetía, salió del rústico hogar con Fidel y lo condujo a sitio seguro, a unos pocos metros de su casa. Pernoctaría un par de horas y continuaría después.

Guzmán, por decisión propia, sería el guía. Emprenden marcha. Antes, Fidel va al encuentro de Librada, deja en sus manos una cantimplora, alguna ropa y un puñado de balas.

Lalo, conocía de extraños movimientos del ejército y la marina en los contornos de Saetía, Moa, Nicaro y Nipe famosa bahía de aguas profundas y curiosas leyendas (pescador hubo que contó más de un encuentro con fieros tiburones), pero después de aquel verano en 1947, insertó su nombre en la historia.

SAETÍA: SU DESOLADOR AMBIENTE

—¡Vamos! —Propuso Lalo y el joven revolucionario estiró músculos y em-prendió marcha. Por el camino viejo, vadeando el monte hasta el canal— sugirió el guía.

El canal distaba unos metros del batey donde unas pocas casas y un puñado de familias pobres consagradas a la pesca y hornos de carbón imprimían al desolador ambiente de Saetía rasgos de naturaleza humana.

—¡Llegamos muchacho!

Exclamó Guzmán. Y ante la vista de ambos hombres apareció el canal cuyas líquidas corrientes unen las bahías de Nipe y Levisa. Allá en el horizonte, al sureste, dispersas nubes rielaban en el espacio, teñían el amanecer y anunciaban un nuevo día de trabajo en la poderosa industria extranjera que en Nicaro explotaba los ricos yacimientos metálicos del fértil suelo oriental: níquel, cobalto, hierro.

—¡Ahí está una chalupa que podríamos utilizar para ganar la otra orilla. Ayúdame muchacho, hay que remar hasta Cuatro Caminos.

Atraca el pequeño bote con sus dos tripulantes en el otro extremo del canal. Marchan hacia Cuatro Caminos, un caserío, asiento de campesinos cañeros del central Preston (hoy Guatemala) y obreros vinculados a la Nicaro Nickel Company.

Para los hombres que fabrican azúcar es tiempo muerto y para aquellos que atienden los cañaverales, guataquean y limpian sus plantaciones es tiempo de canje: esfuerzo y sudor por magras raciones alimentarias que, mediante bonos adquieren en el centro comercial de la United Fruit Company.

Toscos caminos vecinales y una vía férrea permiten el acceso del hombre al contorno urbano.

A unos pocos metros del caserío de Cuatro Caminos, Lalo conversa con Fidel, le aconseja mudar sus ropas, puede comprar otras allí. El administrador de la tienda es Don Carlos, un jamaicano, gente de confianza.

—Después, esperas el fotingo de Potaje y sigues a Mayarí.

iBuena suerte, muchacho!

—Gracias, Lalo y, otro favor: absoluto silencio sobre este asunto, no quiero que se inquieten los viejos.

POTAJE y EL ENCUENTRO CON FIDEL

Si usted en Levisa pregunta por José González Zaldívar habrá más de una persona que encoja sus hombros y responda a su forma, con gesto negativo, pero si menciona a Potaje, el chofer, el asunto cambia colores y rumbos y en minutos ya está frente a él, en su propia casa a un costado del nuevo centro de enseñanza secundaria del poblado joven, con pocos años en sus cimientos y módulos modernos. Levisa fue destruido por el ejército de la tiranía cuando la guerra de liberación en días cercanos a enero de 1959.

Fidel al frente del Movimiento Estudiantil Acción Caribe, con un grupo de universitarios. Curso 1946-1947.

Antes de narrar su encuentro con Fidel aquella mañana veraniega de 1947, González Zaldívar explica a usted sus venturas y desventuras de cuando poseía "un Ford del año 28, uno de los primeros rodados en Cuba con cambios; con él troteaba desde Mayarí hasta Cuatro Caminos y allí recogía pasajeros que transportaba el lanchón de la United Fruit Company".

—Yo fui un as del timón; donde no entraban ni las bestias, se metía mi Ford, por eso la gente me apodó Potaje, nombre de un famoso corredor de autos de origen español; claro, yo terminé mejor que él, pues según cuentan, Potaje, rompió sus huesos en una de sus peligrosas competencias y yo ¡aquí estoy, jubilado, sin problemas, con unos cuantos años por vivir y, al servicio de la Revolución!

—Aquella mañana, como otras, situé mi carro en espera del lanchón, cuando se me acercó Próspero Gómez, quien hoy vive en Nicaro y me dijo que un joven quería hablar conmigo. Era Fidel, el hijo de Don Ángel, de Birán. Me explicó algunas cosas que yo entendí, antes había comprado ropa en la tienda, saludó gente conocida y montó en mi Ford. Partí con él hacia Mayarí. Tenía puesto un sombrero grande, de yarey, pantalón azul y camisa de mezclilla.

En Mayarí, se había comentado algo el incidente de la Bahía y el radio dijo que la gente que iba a pelear a República Dominicana se encontraba presa en Columbia. Fidel, no mencionó aquel suceso. Me dijo que tenía que alojarse en el hotel Mascota, que lo informara a Angelita, su hermana que vivía en Mayarí frente al cuartel para seguir con ella a casa de los viejos en Birán. Cumplí sus instrucciones.

—¿A Lalo? Sí, lo conocí, pero nunca me habló del tema. Él fue colaborador del Ejército Rebelde. En su casa, allá en Saetía, se reunían los revolucionarios, esto lo cuenta Pedro Miguel, el de guardafronteras y el viejo jamás mencionó el incidente con los expedicionarios de Cayo Confites. Fue, después que Fidel fue a casa de Lalo en junio o julio de 1967 cuando conocimos al detalle su modesta ayuda al Comandante en Jefe.

LIBRADA HERNÁNDEZ y SUS MEMORIAS

Librada Hernández, nos acoge amable en su nueva vivienda de Nicaro; mudó para acá hace poco tiempo. A todos alegra conocer que avanzan los proyectos para convertir a Cayo Saetía en un Parque Nacional que contribuirá a preservar nuestra flora y fauna, desarrollar calidad de las especies, conservar aquellas en peligro de extinción y fomentar la recreación y el descanso físico y mental del hombre (en 1947 pastaba allí el ganado de la United Fruit Company que también explotaba sus riquezas forestales.)

Este Cayo, situado en la costa Norte de Cuba pertenece al municipio Mayarí; posee una superficie de cuatro mil hectáreas, bosques y pastizales. Una red vial, formada por caminos y terraplenes, satisfacen el recorrido de sus puntos vitales.

Los nueve hijos y treinta y dos nietos de Librada; sus 86 años, la miseria de ayer, el bienestar de hoy, sus achaques de salud, la ausencia del viejo Lalo (Rafael Guzmán Ramírez) quien cumpliría noventa años por estos días y murió a finales de la década del año setenta; su admiración por Fidel, el recuerdo de Celia, configuran temas de un extenso diálogo en esta mañana de julio, con una anciana que transpira ternura y nobleza; en su rostro el tiempo y años duros vividos acentúan huellas.

Cotejo fragmento del relato de Librada y se reconstruye el episodio de Cayo Saetía apoyado en el testimonio de Próspero, Pedro Miguel, Potaje, Juventino y otros campesinos, pescadores, mineros y gentes de Levisa, Nicaro y Mayarí.

La voz de Librada se torna susurro cuando algún recuerdo escapa del ritmo de su descripción. Medita y observa en silencio los dispersos árboles que sombrean el patio de su casa; retoma ideas y dice a usted su alegría y asombro cuando aquel día de julio, "allá por 1967, Fidel apareció por aquí, volvió a Saetía, igual que en sus años de niñez y juventud y abrazó a sus viejos amigos, preguntó por Lalo y con él habló mucho sentado en la salita del rancho allá en Saetía, mientras Celia y yo hacíamos café".

UN HOMBRE DE PALABRA

Sí, Fidel y Lalo aquel mediodía conversaron mucho; Lalo parecía un muchacho. ¡Qué feliz se sentía! Fidel preguntó por nuestros hijos, su trabajo y estudio, habló de su recorrido por el Cayo; yo estaba en la cocina, con Celia y oía a ellos dos hablar de cuando Fidel era joven y Lalo también y ambos reían.

Cuentan que aquel día, Fidel preguntó a Lalo Guzmán la reacción de sus hijos cuando volvió a su casa de madrugada, en aquel verano de 1947. Y afirman que el práctico de Saetía respondió:

—Me dijiste que fuera discreto y ¡yo soy un hombre de palabra!

El autor deja constancia de su agradecimiento por la colaboración ofrecida para realizar este trabajo al compañero Alexis Rojas, corresponsal de Granma, en Holguín; a Heriberto Pa-checo, al Ministerio del Interior y a la Comisión Municipal de Historia.

 

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