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El marabú no engorda
En Matanzas hace falta el trabajo sostenido para
recuperar el mayor volumen de áreas actualmente infestadas,
especialmente las dedicadas al ganado vacuno
Ventura
de Jesús
A juzgar por las estadísticas, que
usualmente no engañan, en Matanzas no debe hablarse de marabú en la
ganadería, sino de la ganadería en el marabú. Y no es exageración. Más
del 80% de las áreas dedicadas a este sector tienen algún nivel de
infestación de esta planta.
Marabú,
menos leche y menos carne.
Según información ofrecida por Adalberto Miranda García,
subdelegado de la Agricultura en el territorio, de un total de 160 000
hectáreas, apenas 15 000 se declaran libres del asedio espinoso. Algo
más de 59 000 hectáreas están consideradas en la categoría de
infestación ligera o mediana, y en unas 86 000 el marabú se hace
presente a gran escala.
Pero Adalberto dice que en Matanzas no están de brazos cruzados que
en los últimos tiempos se refuerza la batalla por recuperar el mayor
volumen de áreas actualmente infestadas. La provincia está empeñada en
continuar incrementando los volúmenes de leche y carne y, por tanto,
necesita de mayor cantidad de pastos como fuente de alimentación más
económica para el ganado.
Y esas tierras, afirma, están ahí al alcance de la mano, solo
tenemos que arrebatárselas al marabú. Estamos obligados a lograr 0,8
cabezas por hectárea y hoy rondamos las 2 cabezas. "Quitar el marabú
no es cuestión de un día. Hoy contamos con algunos recursos y
priorizamos la chapea, y la fumigación de las áreas consideradas menos
pobladas de la planta leñosa. En todas las empresas existe un programa
para combatirlo. En algunos lugares su presencia es más visible, y las
plantas tienen alrededor de 15 años. Aquí la batalla es más dura aún".
Para Adalberto la clave no radica solo en la chapea, sino en la
constancia de la misma. A veces damos hasta tres pases y no se elimina
del todo. Debe ser una lucha que incluya chapea, fumigación con
herbicida y donde sea posible rotar con la siembra de kingrá, caña y
posturas nuevas. Un ejemplo positivo en la provincia es lo que realiza
la Empresa Pecuaria Genética de Matanzas, entidad que garantiza el 70%
de la leche en el territorio.
La brigada de los 12
No fue nada fácil cubrir el tramo de unos 50 metros para llegar
hasta donde cortaban marabú los 12 hombres de la brigada Niña Bonita,
en las inmediaciones de Ibarra, en la zona de Triunvirato. No había
atajos posibles. Debimos ir a campo traviesa, un pequeño potrero
escarpado por el colchón de la indeseable planta recién cortada, con
troncos y ramas espinosas aquí y allá. Examinamos con cuidado, pero
sin éxito, dónde ubicar nuestros pasos.
Parte
de lo hombres enfrascados en esta dura labor.
A pesar del ambiente opresivo del marabú y el calor, los hombres
que chapeaban auxiliándose de machetes y hachas estaban de buen ánimo.
Nos recibieron con gesto amistoso. "En el marabú todo es duro, hasta
caminar por encima del que está chapeado, ya ustedes lo han visto",
aseguró Omar Puig, jefe de la brigada, mientras hacía notar que con el
empuje de las distintas brigadas de corte manual y mecanizado la
empresa le está dando una buena batida a la leñosa.
"Aquí no hay zapatos que aguanten, la espina del marabú lo
atraviesa todo. Tampoco resisten los guantes, y es necesario limar los
machetes constantemente", observa Rafael Garcés, a quien todos conocen
como El Chévere. "Estamos en el campo unas diez horas diarias. Oiga,
mi gente me dijo que yo no aguantaba, que si yo venía de sanitario, de
cocinero, pero nada de eso. Aquí no hay miedo. Conmigo pueden contar
hasta que desaparezca la última mata de marabú".
Ismael Díaz Rodríguez, director de la empresa, intercambia
opiniones con los "macheteros" y ratifica el compromiso de priorizar
la atención a los trabajadores involucrados en esta tarea. Afirma que
de enero a la fecha chapearon unas 2 000 caballerías, aunque acepta
que el marabú se ríe si luego de la limpia no viene la fumigación con
herbicida" o si continúan la tierras ociosas.
Justo detrás de la brigada Niña Bonita caminan los fumigadores. "Es
un gran estímulo porque vemos el resultado del trabajo", comenta
Yunier Figueredo, uno de los 50 hombres que hoy se dedican a la
fumigación en dicha entidad. "Esto es parte de todo lo que hay que
hacer. Es increíble la resistencia de esta planta. Lo importante es no
darle tregua, impedir que tome fuerza", aclara.
Al retomar el diálogo con Ismael, quien lidia con la ganadería
desde hace 45 años, habla de la recuperación de la Genética, una
empresa que llegó a entregar más de 58 millones de litros de leche en
sus años de esplendor. Entonces, dice, contaban con alrededor de 62
000 cabezas de ganado y ordeñaban unas 17 000 vacas.
Luego de la caída estrepitosa en el sector ganadero, en la que
perdieron el 50 % de las instalaciones, vino una etapa de rescate
progresivo. Este año sobrepasan en más de un millón de litros la
producción del año anterior, con una situación económica mucho más
favorable.
"Hoy disponemos de 154 vaquerías en ordeño. Solo nos faltan 39 por
recuperar. Estamos en posibilidades de darle un vuelco a la situación
del marabú. El crecimiento de la masa así lo exige. Tenemos un por
ciento considerable de áreas infestadas pero ya tenemos 150 hombres
chapeando y llegaremos a 400 en los próximos días, además del corte
mecanizado."
Ismael no oculta el gran reto que tiene por delante, aunque a decir
verdad, la Genética enfrenta la realidad menos tensa de las empresas
pecuarias de la provincia. La Gúsev, de Los Arabos, y la pecuaria de
Martí, están literalmente dentro del marabú.
Para mostrarnos entidades donde laboran con eficiencia, nos propone
visitar varias vaquerías. En una de ellas, la no. 72, de la granja no.
4, un hombre llamado Isidro Carrazana se da el lujo de mostrar
excelentes resultados. "Para nosotros esa planta pasó a ser una
leyenda. Al cierre de agosto habíamos entregado 40 000 litros más de
leche que en el 2006, y en los próximos días cumpliremos el plan
anual. Vea mis animales como están. Y no hay secretos. Claro, ellos no
comen marabú. Esa leñosa no engorda. La clave está en trabajar mucho y
bien. Con esa filosofía no hay marabú que valga". |