Harold López Nussa

Verdades al piano

CECILIA CRESPO

Todo comenzó cuando a los ocho años descubrió el piano y desde entonces nunca más ha podido despegarse de éste. El joven músico Harold López Nussa ya tiene su propio cuarteto de jazz con el que pretende encauzar su carrera profesional, y acaba de salir de los Estudios Abdala con su primer disco, Canciones, grabado bajo el sello Colibrí.

Hace solo unos días ofreció por primera vez un concierto en el Teatro Auditorio Amadeo Roldán con su agrupación en donde aprovechó para interpretar algunos temas de su reciente producción discográfica. Hijo del reconocido percusionista Ruy López Nussa, y sobrino de Ernán, notable tecladista, Harold se mueve con similar destreza en los llamados territorios del piano clásico, de la música tradicional cubana, la popular y por supuesto el del jazz, género al que le concede gran importancia.

"Me es difícil delimitar con exactitud lo que más me gusta dentro de la música, creo que me voy a decidir por el jazz fusionado y lo clásico, aunque no dejaré de tocar pop, música cubana, bolero u otro género si me invitan. Cualquier género es válido, mientras esté elaborado con cierto nivel de seriedad, lo que importan son sus valores estéticos y artísticos". comentó a Granma.

"El álbum —explica— cuenta con diez temas, unos de mi autoría y los restantes composiciones de imprescindibles del devenir musical americano de todos los tiempos. Es una idea que venía dándome vueltas en la cabeza desde hace algún tiempo, recrear instrumentalmente versiones de distintas canciones. Aparecen canciones de la trova tradicional, y otras más contemporáneas. Contigo en la distancia, de Cesar Portillo de la Luz, Olvido, de Matamoros, Para vivir, de Pablo Milanés, Causas y azares, de Silvio, Para Bárbara, de Santiago Feliú, Detrás del cristal, de Carlos Varela, 11 y 6 de Fito Páez, entre otras, y Bailando suiza, una composición mía que funciona como homenaje a todas esas obras maestras se inscriben en la selección".

¿Cómo te autodefinirías como músico?

"Soy extremadamente precavido, muy exigente conmigo mismo. Trato de que hoy todo sea mejor que ayer, dar lo mejor de mi siempre, sea en un gran escenario o en la sala de mi casa tocando para mis amigos. Pienso que la entrega de los músicos y de los artistas en general debe ser igual de fuerte en cada momento".

¿Qué importancia le concedes a la formación académica para un músico?

Básicamente soy un pianista clásico, hace alrededor de cuatro años he comenzado a ponerle más atención a la música popular cubana, al jazz y a la fusión. Todo el piano que sé tocar se lo debo a la academia: todos mis recursos rítmicos, expresivos, directamente con el piano. He tenido la dicha de contar con excelentes maestros; tuve primero en el nivel elemental a Silvia Echevarría y hasta hoy a Teresita Junco, una de las más grandes pedagogas que hay en Cuba en este instrumento".

¿Qué prefieres? ¿interpretar o componer?

"Compongo hace unos tres años, aunque tengo un repertorio de mis composiciones bastante amplio y hago arreglos para otros instrumentos sobre temas establecidos. Me fascina componer y arreglar porque es la manera de explorar los timbres de otros instrumentos que no son los míos. Pero lo mío, definitivamente, es tocar, la interacción directa con el público, con mi instrumento o con otro músico, y hasta conmigo mismo".

 

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