Crisis en el horizonte

Raúl Valdés Vivó

La ruptura de la burbuja hipotecaria, amenaza pasar a crisis financiera, con la caída progresiva del valor del dólar, y eventualmente a una crisis económica similar a la de 1929, con sus tres caminos: la URSS consolidando el socialismo y por eso no afectada por ella, Alemania, Italia y Japón yendo al fascismo, en preparación de agresiones que llevaron a la II Guerra Mundial, y Estados Unidos y Gran Bretaña adoptando la doctrina de Keynes.

Amenaza de una crisis económica similar a la de 1929.

De repetirse la Gran Depresión, la oligarquía financiera yanki trataría de implantar el fascismo, que ya practica Bush contra Iraq, Cuba y otros muchos países. Y se fortalecerían los bloques contrarios al mundo unipolar con la posible alianza de China, Rusia y la India, mientras avanza la integración liberadora en nuestra región. Otro 1929 sería terrible para toda la humanidad: pueblos enteros serían aniquilados por el hambre y la violencia.

Por otro lado, la llegada de una crisis económica de esa dimensión, podrá tener la significación del derrumbe de la URSS, aunque de signo contrario, si es que marca el comienzo del fin del imperio del dólar. Esto no subestima las posibilidades de recuperación temporal del capitalismo. Sin embargo, en ese empeño fracasarán los amos de la mayor parte del mundo, porque su instrumento principal para hacerlo, fue el mismo que condujo a las puertas de la más demoledora de las crisis: la acumulación y centralización del capital. Su expresión es evidente: dejar un número menor de ricos con mayores riquezas

Hay nerviosismo en los mercados bursátiles actuales.

Para ello se limitan a emplear algo que no es capital verdadero pues se mantiene en la esfera de la circulación y no pasa a la productiva: la liquidez. Se trata de la liquidez en sus dos formas: dinero fiduciario, no material, como el dólar, hace rato una estafa, al carecer de respaldo oro, dinero material, y el casi dinero, según Marx, como acciones, bonos, hipotecas, etc., que tampoco tienen razón de existir. Por eso es el regreso al marxismo-leninismo, siempre de guía para la acción y renovación permanente.

Ya el Manifiesto Comunista de Marx y Engels, cuyo aniversario 160 festejaremos el próximo año, afirmó que la burguesía alcanzó logros en las fuerzas productivas jamás realizados antes, pero a costa de la degradación humana más espantosa. En realidad era la lucha entre los que consumen sin producir y los que producen sin consumir. Y Marx denunció que los primeros se apoderan de la cultura para ponerla a sus órdenes, y proclamó que se separaron la cultura y el trabajo: La cultura se opone al trabajo como capital o artículo de lujo para el rico.

El capitalismo no caerá automáticamente a causa de sus crisis, que son recurrentes en la economía y permanentes en la moral, la ideología, la política, la ecología, necesitándose que la lucha unida de cada pueblo y de todos los pueblos por encima de las fronteras y las diferencias políticas, ideológica y otras, produzca cambios radicales, a culminar en gobiernos populares, como en Cuba, los países hermanos con el socialismo del siglo XXI y los países socialistas asiáticos.

Su fortaleza radica en la cultura. Martí proclamó lo que aplica el marxismo-leninismo al abrirse paso, convencidos sus partidarios de que ser cultos es la única manera de ser libres.

 

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