El bloqueo económico que el gobierno de Estados Unidos impone a
Cuba, desde hace más de 47 años, ha marcado profundamente a la
sociedad y por supuesto el deporte no ha quedado exento de esa
medida genocida.
Precisamente por estos días Cuba dio a conocer el informe sobre
la resolución 61/11 de la Asamblea General de las Naciones Unidas,
"Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero
impuesto por los Estados Unidos de América contra Cuba", que recoge
las principales afectaciones causadas a los diferentes renglones del
país.
En el caso específico del béisbol, deporte nacional cubano, la
principal limitación estriba en la restricción a la hora de adquirir
pelotas y demás implementos deportivos en el mercado de Estados
Unidos y otras naciones del área.
Ante esta imposibilidad el país se ha visto obligado a comprar en
los mercados asiático y europeo, en los que solo por concepto de
transportación se genera un sobregasto de 72 mil dólares.
Cálculos realizados indican que en cada Serie Nacional se emplean
alrededor de 30 mil pelotas, a esto sumémosle que al adquirirlas en
Europa o Asia el monto asciende a siete dólares por unidad, lo que
supera tres veces el precio de ese objeto en territorio
norteamericano.
De haber tenido el acceso al mercado de los EE.UU. el Estado
cubano hubiese ahorrado 90 mil dólares, únicamente por concepto de
compra de pelotas, sin incluir los grandes gastos que se originan
por las demás disciplinas deportivas.
Igualmente golpeada ha sido la Industria Deportiva de la Isla al
limitarse las posibilidades de actualización de su tecnología, que
de haberse desarrollado como estaba previsto, podría hoy cubrir gran
parte de las necesidades materiales para la masificación del deporte
y las actividades de los atletas de alto rendimiento.
Aún con la asfixiante política económica que el gigante vecino
norteño trata de imponer a la Antilla Mayor, el movimiento deportivo
cubano se desarrolla e intensifica su trabajo, como así lo
evidencian las 135 medallas obtenidas en los XV Juegos Panamericanos
de Río de Janeiro, de ellas 59 de oro.
Destacada resulta también que el 94 por ciento de nuestra
delegación a tierras brasileñas provenía de la cantera de los juegos
escolares, indicador que evidencia el desarrollo del movimiento
deportivo nacional, pese a las agudas dificultades.