Símbolos eternos de la libertad

Aniversario 40 de la caída en Bolivia de Coco Peredo, Miguel y Julio

Pilar de permanente seguridad en la tropa

Una broma de enredos primó en la conversación inicial con Manuel Hernández Vitorio, al aclararla no pude más que exclamar: ¡Eres igualito a tu padre!, el valeroso guerrillero Manuel Hernández Osorio, caído en Bolivia, el 26 de septiembre de 1967.

En ese momento recordé las ocurrencias de El Isleño, como muchos llamaban al combatiente nacido en la finca El Diamante, del barrio Santa Rita, en Jiguaní, el 17 de marzo de 1931, quien dejara una huella imborrable en quienes tuvimos el honor de conocerlo, por su perenne alegría y firmeza al encarar la vida.

Eran tantas sus "maldades" que en 1965, cuando se le pidió autoevaluarse, señaló: "Entiendo que tengo un carácter un poco jaranero, pero creo que todo lo hago sin ninguna mala fe con mis compañeros".

Todo fibra y nervios, el segundo hijo del matrimonio Hernández Osorio posee una salud increíble; su fortaleza es motivo de comentarios entre los cortadores de la colonia Andreíta y lo será también en las minas de Charco Redondo, donde labora después como carretillero y ante el asombro de sus compañeros acarrea el mineral durante dos turnos seguidos por los profundos y peligrosos túneles.

Por esta época inicia Manuel sus relaciones con Elvira, una muchacha de la zona, quien será su novia durante siete años.

Con 23 años ha palpado la explotación y la injusticia a que es sometido tanto el pequeño campesino, como el obrero agrícola o el minero. Comprende la necesidad de luchar por cambiar la situación, y se suma al Movimiento 26 de Julio en Charco Redondo, donde acopia dinamita que guarda en casa de la novia para emplearla en sabotajes.

Manuel se convierte en soldado en las nacientes fuerzas revolucionarias. Pino del Agua, El Gaviro, Manzanillo, San Ramón, Arroyón, Las Mercedes y Vegas de Jibacoa son escenarios de combates donde El Isleño prueba su bravura que le hace merecedor del ascenso a teniente, en agosto de 1958, y ser elegido por el Che para acompañarlo durante la invasión, en la columna 8 Ciro Redondo.

En los llanos de Camagüey alcanza los grados de capitán y el comandante argentino, que ya va haciéndose leyenda, lo nombra jefe de la punta de vanguardia, responsabilidad que volverá a otorgarle nueve años después en la selva boliviana. Allí será Miguel.

El 27 de noviembre, el Comandante Guevara anota en su diario la llegada del recio combatiente: "Viró Coco (Roberto Peredo) y trajo a Miguel, a Ricardo (José María Martínez Tamayo) con Braulio (Israel Reyes) y otro boliviano, Inti (Guido Peredo), también a quedarse. Ahora somos 12 alzados".

Sobre la árida tierra de la quebrada del Batán, a un kilómetro de La Higuera, el 26 de septiembre cae Miguel, junto a Julio (Mario Gutiérrez Ardaya) y Coco Peredo. Horas después de conocer la dolorosa noticia, el Guerrillero Heroico realiza la evaluación póstuma del combatiente: "Muere en la sorpresa de La Higuera. Fue un gran combatiente y un espíritu ejemplar. Una gran pérdida".

Una garantía en todo sentido

Nacido el 23 de mayo de 1938 en Cochabamba, capital del departamento de igual nombre, Roberto Peredo Leigue, Coco, como lo llamaban sus amigos, se convierte desde muy joven en un activo dirigente estudiantil, quien muy pronto abraza las ideas marxistas y participa en la fundación del Partido Comunista Boliviano, en El Beni.

En su célula milita una maestra, Mireya Echazú. El 6 de noviembre de 1961 contraen matrimonio. Pronto nacen los hijos: Roberto, Katia y Yuri; su propio hogar sirve de imprenta clandestina para editar la prensa del Partido o como centro de reunión de los revolucionarios latinoamericanos. Colabora en la creación del Ejército de Liberación Nacional de Perú, dirigido por Héctor Bejar, e integra el Ejército Guerrillero del Pueblo, en Salta, Argentina, encabezado por Jorge Ricardo Masetti.

Cuando en mayo de 1966 Ricardo (José María Martínez Tamayo) pide su colaboración para iniciar los preparativos del foco guerrillero en Ñancahuazú, Coco siente una inmensa alegría. El joven de 27 años responde con su actitud decidida de integrar definitivamente las fuerzas insurgentes bajo el mando del Comandante Ernesto Guevara.

De inmediato el Che lo nombra comisario político y es asignado al grupo de la Vanguardia. Al resumir el mes de agosto, el jefe querrillero anota en su diario: "Hay que considerar que despuntan cada vez más firmemente como cuadros revolucionarios y militares Inti y Coco".

Al amanecer del 26 de septiembre de 1967 arriban al Abra del Picacho, donde los vecinos celebran una fiesta. Siguen sin demasiados temores, pero al llegar a la Higuera tienen evidencia de que se conoce la ruta que llevan y deciden tomar el camino a Pucara.

A la media hora de partir la vanguardia se escuchan disparos concentrados. Coco, Miguel (Manuel Hernández Osorio) y Julio (Mario Gutiérrez Ardaya), que ya coronaban el firme de la quebrada del Batán, caen de lleno en la emboscada. Miguel muere al instante, Coco y Julio, aunque heridos, pueden moverse. Julio trata de llegar hasta una cerca de piedras, pero nuevos disparos acaban su vida.

Coco cae rematado por dos proyectiles que frustran el auxilio dado por sus compañeros. Al día siguiente el jefe guerrillero escribe la última evaluación de Coco: "Muere en la sorpresa de La Higuera. Junto con Inti, los mejores proyectos bolivianos. Era una garantía en todo sentido, arrojado en el combate y de una alta moral. La pérdida más grave luego de la de Rolando".

Médico y combatiente ejemplar

"Ya está por acá el médico que entrenó en Manila (Cuba). Se llama Julio y luce bien, según dicen". Así queda reflejada en el diario de Moro (Octavio de la Concepción y de la Pedraja) la llegada de Mario Gutiérrez Ardaya al campamento Ñancahuazú.

El galeno boliviano recién graduado en Cuba se había incorporado a la guerrilla el 10 de marzo de 1967, mientras el Comandante Ernesto Guevara y la mayoría de los combatientes se encontraban de exploración.

Al dejar constancia del primer combate sostenido por la guerrilla, el Moro anota el 23 de marzo: "... una tropa de 25 hombres penetró en nuestro territorio y cayó en una emboscada. Curé los heridos con los otros médicos. Julio se quedó todo el día con ellos".

Estas escuetas líneas escritas a escasos días de la incorporación de Julio al grupo insurgente, anuncian la destacada actitud que mantendrá el joven revolucionario nacido el 22 de mayo de 1939, en el pueblo de Sachojere, situado a unos 20 kilómetros de la ciudad de Trinidad, en el departamento de El Beni.

El triunfo de la Revolución Cubana cambia radicalmente la vida de Mario. Recuerda Elías Gutiérrez el empeño del hijo por viajar hasta la lejana Isla (lo cual logra en julio de 1962), y el entusiasmo que irradiaba en cada carta donde relataba sus progresos en los estudios de Medicina.

La idea de emprender la lucha armada en su país comienza a crecer en él. En 1965 entra en contacto con los hermanos Peredo, Rodolfo Saldaña y Simeón Reyes, hasta que decide prepararse militarmente para volver a Bolivia.

Durante los casi siete meses que median desde su incorporación al grupo de la Vanguardia hasta su caída, el 26 de septiembre de 1967, en la emboscada de la quebrada de Batán, cerca de La Higuera, Mario Gutiérrez Ardaya dará múltiples muestras de heroísmo, solidaridad humana y entrega a la causa.

Ese día el Che resume en breves líneas la actuación del joven inteligente y alegre, que decidió entregar la vida por cambiar el futuro de su pueblo: "Muere en la sorpresa de La Higuera. Era médico recién graduado, brilló como combatiente ejemplar, sobre todo por su calor humano y su entusiasmo contagioso. Otra gran pérdida de un futuro gran cuadro revolucionario."

(Textos resumidos de artículos publicados en Granma por la periodista Elsa Blaquier Ascaño los días 24, 25 y 26 de septiembre de 1997).

 

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