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CIA (III y final)
Terrorismo de Estado
MANUEL HEVIA FRASQUIERI
El gobierno norteamericano engendró desde los años sesenta un
monstruo poderoso y sangriento para enfrentar al movimiento
revolucionario latinoamericano mediante operaciones encubiertas
dirigidas por la CIA.
Medios
de la CIA utilizados contra Cuba.
Decenas de mercenarios de origen cubano fueron enviados a estas
labores en Bolivia, Venezuela, Ecuador, Honduras, Nicaragua, El
Salvador, Costa Rica, y Chile. Estados Unidos les brindó jugosos
empleos como asesores de dictaduras pro-yankis en América Latina, en
regímenes sanguinarios, en aventuras mercenarias en África y Asia al
servicio de la CIA, y los utilizó en oscuras operaciones, entre otras,
el asesinato del comandante Ernesto Che Guevara en Bolivia, la
Operación Cóndor e Irán-Contras.
Aquellos "soldados de fortuna" se asentaron definitivamente en
Miami, Nueva Jersey y Nueva York, constituyeron sus propias bandas y
grupos violentos de una definida posición neofascista y convirtieron
el terrorismo anticubano en un lucrativo negocio, recibiendo total
inmunidad para provechosos negocios de contrabando de armas y drogas,
mientras que continuaban sirviendo a la CIA.
El
mandato de George Bush al frente de la CIA fue de intenso terrorismo
contra Cuba. No por gusto, siendo presidente, indultó a Orlando Bosch,
responsable junto a Posada Carriles del crimen de Barbados.
La CIA nunca se opuso a los actos de terror de estos grupos en
territorio de Estados Unidos, siempre y cuando estuvieran enfilados
contra Cuba. Pero la intensificación de los actos terroristas en
ciudades norteamericanas dirigidas contra representaciones cubanas o
instituciones y países extranjeros que mantenían relaciones
diplomáticas o económicas con Cuba provocó una difícil situación para
las autoridades de ese país.
La CIA intentó sacar de su territorio las acciones terroristas de
los grupos más criminales. En marzo de 1976 creó en República
Dominicana el denominado CORU (Coordinación de Organizaciones
Revolucionarias Unidas), que aglutinó a los grupos neofascistas más
violentos en la región.
Dos meses antes había asumido funciones como director de la CIA
George Bush (padre). Aunque parezca una paradoja, los documentos de la
CIA consideran a George Bush como uno de sus "restauradores", por su
"don de gentes" y su reputación pública para elevar la moral y reparar
el daño político de la Agencia a mediados de los años setenta.
Sin embargo, el periodo de mandato de Bush al frente de la Agencia
en 1976 es considerado como uno de los años de mayor actividad de
terror en nuestro continente en la segunda mitad del siglo XX. Los
hechos evidencian que la CIA y el gobierno norteamericano pudieron
haber evitado el monstruoso sabotaje a un avión civil cubano en
Barbados, que costó la vida a 73 personas y que fue perpetrado por
Orlando Bosch y Luis Posada Carriles, que fueron miembros de su
plantilla.
LA CIA AL DESNUDO
Una denuncia pública del Gobierno Revolucionario en 1987 puso al
descubierto una intensa actividad de espionaje y subversión de la CIA
durante los últimos 15 años. Un total de 27 agentes de la seguridad
cubana que habían sido reclutados por la CIA para realizar acciones de
espionaje y subversión contra Cuba fueron descifrados públicamente y
desenmascarados decenas de oficiales de la agencia que habían
mantenido contacto secreto con los mismos.
Aquella contundente denuncia a la CIA, considerada como una de las
mayores realizadas contra la agencia en su historia, pero silenciada
por medios de prensa norteamericana ante el mundo, reveló la
permanencia de 38 funcionarios de la CIA dentro de la Sección de
Intereses Norteamericanos en La Habana (SINA) entre 1977 y 1987, así
como el descubrimiento de 113 miembros de los servicios especiales que
visitaron en tránsito nuestro país en ese periodo. Durante aquel
proceso fueron publicadas más de 100 fotografías de estos individuos.
Fueron revelados métodos clandestinos de inteligencia, la
utilización de una alta tecnología para las comunicaciones secretas,
movimientos y viajes de inteligencia en nuestro país de sus oficiales
y el apoyo a operaciones encubiertas de espionaje político, económico,
guerra económica y guerra biológica.
La intensa actividad subversiva de la CIA contra Cuba desplegada en
los años ochenta no fue casual. El entonces director William Casey,
experimentado ultraconservador, íntimo de Ronald Reagan, al que
afectuosamente, según documentos de la CIA, llamaba "Ron", intentó
relanzar la Agencia al estilo brutal de los sesenta. Reclutó viejos
oficiales vinculados al trabajo sucio, entre ellos a Félix Rodríguez
Mendigutía y más tarde al propio Posada Carriles, inició una guerra
encubierta en Centroamérica e involucró a su nación en el escandaloso
caso de Irangate, que puso al descubierto una gigantesca operación de
tráfico de armas y drogas y uno de los periodos más oscuros y
controvertidos de la historia de la CIA.
La Fundación Nacional Cubano-Americana (FNCA) surgió en 1981 por
una idea impulsada por Casey, convirtiéndola en poco tiempo en
agrupación madre de la ultraderecha terrorista de Miami.
LA NUEVA MANGOSTA
En 1991, nuestro país enfrentaba los embates de una compleja
situación económica. El gobierno estadounidense intentó acelerar
aquella "crisis" con la promulgación de la Ley Torricelli y más tarde,
la Ley Helms Burton, que multiplicaron el bloqueo y la guerra
económica contra Cuba. Aquella maniobra fue considerada por el propio
enemigo como el "golpe de gracia" a la Revolución cubana. En agosto de
1993 la CIA había elaborado un estimado en el que expresaba:
"Existe una oportunidad mejor que nunca, para que el gobierno de Fidel
Castro caiga en los próximos años".
A estas acciones hostiles se sumó una escalada terrorista de
infiltraciones, ataques piratas e introducción de explosivos por parte
de grupos terroristas de la mafia de Miami y una secuencia de ataques
con bombas a la industria turística por comandos dirigidos por Luis
Posada Carriles desde Centroamérica, ante la tolerancia y complicidad
de los servicios especiales de Estados Unidos. La mayoría de aquellos
terroristas que llegaron a nuestro territorio fueron capturados y
juzgados.
La SINA se convirtió en los años noventa en el principal centro de
operaciones de la contrarrevolución en Cuba para apoyar aquel nuevo
complot dirigido desde la Casa Blanca.
Estudios realizados estiman que solo entre los años 1998 y 2000,
visitaron el país más de 540 funcionarios norteamericanos en tránsito,
de los cuales cerca de un 30% fueron identificados como oficiales y
colaboradores de los servicios de inteligencia, lo cual brindó una
amplia cobertura a la SINA y a la CIA para sus acciones injerencistas
y provocadoras. Estas acciones fueron denunciadas públicamente ante el
mundo por nuestro pueblo y gobierno. La nueva Mangosta fue también
liquidada por nuestro pueblo.
¿Pueden acaso negar la CIA o el FBI su desconocimiento de los actos
terroristas ejecutados por el grupo paramilitar secreto de la FNCA en
estos años, incluidos numerosos complots de asesinato contra Fidel?
¿Puede negar que desconocía los propósitos de Guillermo Novo Sampol,
Gaspar Jiménez Escobedo o Pedro Remón Rodríguez, cuando públicamente
abandonaron Miami por vía aérea para participar con su viejo agente
Luis Posada Carriles, pocas horas después, en el terrible complot
magnicida en Panamá en el año 2000? ¿Cómo explica la CIA su compromiso
con uno de los terroristas más brutales de nuestro continente, que
goza de plena libertad en ese país?
EL PASADO PRESENTE
Hace solo un año la CIA era dirigida por Poster Goss, viejo
operativo de la JM WAVE en los años sesenta. Amigo y compañero de
aventuras de viejos ultraconservadores y terroristas con una larga
hoja de servicios criminales contra Cuba. En una entrevista brindada
al Washington Post en mayo del 2002 declaró: "Pienso que yo no me
sentiría cómodo con ir a Cuba". Goss se encontraba entre los
entusiastas invitados presentes en una recepción el 20 de mayo del
2004 en el Rose Garden de la Casa Blanca, donde George W. Bush recibió
a un grupo de mafiosos anticubanos encabezados por Luis Zúñiga Rey. Un
año después fue nombrado al frente de la CIA por el presidente, donde
permaneció hasta el 2006.
¿Acaso es esta la "agencia diferente" de que hoy nos habla el
general Michael Hayden? No son "tiempos diferentes". Nada ha cambiado
en estos días en los que la Agencia celebra sus 60 años. El lamento de
sus víctimas y el llanto de sus madres, esposas e hijos los
acompañarán en la celebración en Langley.
Nuestro pueblo conoce bien esta tenebrosa historia y se mantiene
preparado y alerta para defender la Revolución.
*Director del Centro de Investigaciones Históricas de la
Seguridad del Estado |