Datos para meditar

ELSON CONCEPCIÓN PÉREZ
elson.cp@granma.cip.cu

Casi termina el séptimo año del Siglo XXI. El mundo, lejos de sentirse más seguro y en paz, está cada vez más amenazado por una catástrofe.

Las bases militares del Pentágono están por todo el planeta. En la que ocupan en Guantánamo incluso tienen un centro de detención y tortura.

Y no son estas alucinaciones de un pesimista. Dos ejemplos podrían ser suficientes para saber de qué estamos hablando.

El primero: un nuevo récord en los gastos militares mundiales que, según el Instituto Internacional de la Paz, de Estocolmo, han crecido un 3,4% en relación con el año 2004, y supera el billón 118 000 millones de dólares. Algo más del 48% de esa abultada cifra corresponde a Estados Unidos.

El segundo: precisamente el Pentágono, con sus 11 millones 700 000 hectáreas de terrenos en propiedad, sus 850 bases militares en el extranjero e infraestructura de 571 900 instalaciones dispersas en el territorio de la Unión y otros muchos países, se considera guardián planetario en un mundo unipolar. Ambos ejemplos obligan a meditar.

Según un informe del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Estados Unidos dedica 25 veces más dinero a la guerra que a la ayuda humanitaria.

En igual sentido, lo que gastan los países desarrollados en luchar contra el SIDA —enfermedad que mata a tres millones de personas al año—, equivale a lo invertido en armamentos durante solo tres días.

Con solo el 3% de lo que gasta el mundo en armas (unos 4 000 millones de dólares) se podría evitar la muerte, entre otros, de 11 millones de niños y 600 000 mujeres cada año, y dar de comer a los más de 1 000 millones de hambrientos que, según Naciones Unidas, existen en el presente año 2007.

Mientras el callejón sin aparente salida va conduciendo a la humanidad hacia una especie de precipicio, Estados Unidos monopoliza no solo la producción y el comercio de las armas, sino también las instalaciones militares diseminadas por todo el planeta y con proyecciones espaciales; enormes extensiones de tierras que en vez de producir alimentos son convertidas en polígonos de ensayos de los más sofisticados armamentos.

Más gastos para la guerra, menos para el desarrollo del Tercer Mundo.

Al respecto es bueno remitirse a un artículo del analista Nick Turse, quien afirma que los diez mayores terratenientes estadounidenses poseen 4,3 millones de hectáreas, mientras que el Pentágono, con sus más de 11,7 millones de hectáreas de propiedades que tiene hoy en Estados Unidos, casi triplica esa cifra.

El Departamento de Defensa tenía en el 2006 cerca de 255 000 empleados militares, y entre sus propiedades, más del 20% están ubicadas en 287 000 hectáreas fuera de EE.UU . Las mismas exceden el espacio geográfico de cualquiera de los siguientes países: Liberia, Bulgaria, Guatemala, Corea del Sur, Hungría, Portugal, Jordania, Kuwait, Israel, Dinamarca, Georgia o Austria.

Un dato que lo dice todo: los 7 518 kilómetros cuadrados de 20 pequeños estados, como Vaticano, Mónaco, Nauru, Tuvalu, San Marino, Liechtenstein, Saint Kitts y Nevis, Maldivas, Malta, San Vicente y las Granadinas, Barbados, Antigua y Barbuda, Seychelles, Andorra, Bahrein, Santa Lucía, Singapur, Micronesia, Kiribati y Tonga, tienen en su conjunto menos territorio que los 9 307 kilómetros cuadrados de una sola base militar norteamericana: la White Sands Missile Range, en Nuevo México.

Este crecimiento vertiginoso de los gastos para la guerra, de la cantidad de armas dispersas por todo el mundo, y del dominio norteamericano, a través del Pentágono, de una buena parte del planeta, más que seguridad y confianza, obliga al mundo a transitar por un camino apocalíptico, en el que millones de niños, mujeres y ancianos siguen muriendo de hambre o enfermedades en este siglo XXI.

 

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