Justo
cuando los aviones impactaron las Torres Gemelas, el médico avileño
Carlos Alberto Pérez Padilla llevaba seis meses en Nueva York, donde
permanecía en un curso de Oftalmología pediátrica, otorgado por el
proyecto ORBIS.
"Pasan los años y todavía me parece un sueño; una pesadilla,
exacerbada por los medios de comunicación, fundamentalmente por la
televisión que, desde que ocurrió el hecho, no cesaba de repetir
imágenes desgarradoras, como si fueran las de un juego macabro, un
montaje de algo que, al parecer, estaba diseñado para, en nombre del
terror, cambiar el destino del mundo.
"Cuando el primer impacto, muchos pensaron que era un accidente. Al
ocurrir el segundo ya estaban convencidos de que era un hecho
terrorista.
"Mis pensamientos siempre estuvieron puestos en Cuba, en mi
familia, en mi gente, porque imaginé que podían atacarla en medio de
la demencia de Bush y su camarilla.
"Quería regresar cuanto antes. No me fue posible. Después del
ataque estuve allá los 21 días peores de mi vida. En ese tiempo me
dediqué a estudiar sobre mi especialidad y a leer todo lo que
publicaban sobre el suceso.
"Leí muchos textos que me hicieron ahondar y conocer en detalle
sobre la política y la forma de actuar de los gobernantes del país que
más armas y mentiras fabrica en el mundo y me ayudaron a analizar
aquella monstruosidad.
"Conservo la opinión de un estudiante norteamericano que por
aquellos días escribió: Hemos ido a otros países destruyendo tantas
vidas, sosteniendo y apoyando a regímenes militares fascistas, o
creando o implantando supuestas ‘reformas económicas’. Hemos negado el
acceso a los medicamentos de base a los países que se han opuesto a
nuestras políticas.
Mantenemos bases militares en lugares de los cuales la mayoría de
nosotros ni siquiera hemos oído hablar, ocupando y destruyendo
rincones lejanos de la tierra.
Hemos destruido los antiguos bosques, perforado en tierras sagradas
para buscar petróleo y puesto a trabajar a millones de gente fuera de
toda protección de sus derechos sociales...
"Pero en mi opinión, las palabras exactas para desentrañar el
porqué del ataque la escribió otro norteamericano:
Lo que ha ocurrido hoy es una tragedia, pero vivimos donde tantas
tragedias ocurren, que los mismos norteamericanos ignoran. Es tiempo
para nosotros de tomar conciencia de las implicaciones de nuestro
‘progreso’. Es tiempo de preocuparnos de otra cosa que solamente de
nuestro bienestar. Debemos poner fin a la violencia cíclica que está
en nosotros y en el mundo. Si hablamos de progreso, que sea de todos y
no solamente de los norteamericanos con buena salud.
Podemos aprender la empatía hacia gente distinta de nosotros, y
quizás entonces descubriríamos que no son tan diferentes. Si
hiciéramos esto quizás la gente no estaría llena de odio frente a
nuestra nación, y podríamos evitar otras tragedias.
"Y estoy convencido de que así piensan millones de personas en el
mundo acerca del poderoso que bombardea con apetito y manda a morir a
personas indefensas y a ocupar países."
Nada, que mientras los yankis, en nombre de la lucha contra el
terrorismo, invaden países y visten de un falso ropaje antiterrorista,
Cuba envía brigadas de batas blancas a engalanar la esperanza de los
pobres del mundo.
El médico de mi historia, quien hoy cumple misión internacionalista
en Bolivia, es solo uno de los tantos ejemplos.