Santiago Feliú con la vida

MICHEL HERNÁNDEZ
michelher@granma.cip.cu

Foto: KALOIANPerteneciente a la segunda generación de la Nueva Trova junto a Gerardo Alfonso, Frank Delgado y Carlos Varela, Santiago Feliú emprendió con sus últimos conciertos en el Teatro Nacional un viaje lleno de lirismo, de soledad, y de las utopías blindadas que sobreviven en sus discos Vida, Ansias del alba, Náuseas de fin de siglo, Futuro inmediato, Sin Julieta... , obras de arte de la música cubana.

Con su guitarra a modo de amuleto, un piano y el pelo largo, señas de identidad de estos años de transitar por la carretera de la música "anticomercial", como él mismo define su creación, surgió de una cortina de humo ante su público que lo recibió de pie como si estuviera reclamando milagros. Y el trovador volvió a nacer junto a todos nosotros. Mostró una sonrisa y una confidencialidad cómplice. "Bienvenidos a mis canciones, a mi guitarra, a mi armónica, a mi persona". Así inició uno de esos conciertos que dan ganas de decir "Yo estuve allí".

Los acordes de Era, desterraron cualquier interrogante relativa a su estado actual: "Murió la luna de los enamorados convencidos de que solo muertos no estarán", lanzó y atravesó el corazón de los asistentes.

Esta declaración sonó potente, ajustada, plena. Primer estallido de la noche. Las venas se colmaron del oxígeno de sus textos. Y ya no hubo más un Santiago Feliú solo sobre el escenario. El teatro se pobló de cientos de jóvenes mezclados con aquellos que a finales del setenta pintaron el mundo de un nuevo color. Todos coreaban los temas. Los devolvían a su remitente original enriquecidos por sus vivencias personales, sus soledades, abandonos y desgarramientos, y quizás por la admiración de ver cómo este trovador permanecía hablando desde el estrado de la poesía y las ilusiones, sin la más mínima concesión, sin estancarse y sin vivir de su pasado. Allí estaba colgado de sus esperanzas y contradicciones como cualquier humano.

Irreverente, sensible, y con ese tartamudeo mágico que lo ha acompañado siempre, dejó escuchar los himnos de otras épocas y algunas piezas recientes de su repertorio: Despojo, Para Bárbara, Ilusión, Mickey y Mallory, intensa canción inspirada en los protagonistas del filme Asesinos natos, del director norteamericano Oliver Stone y Alto al fuego, manifiesto antibelicista.

La interpretación de Ansias del alba alcanzó el cenit de la noche. Fue de esos momentos diseñados a la medida de los sueños de un público que él conoce perfectamente: "Pasarás y las piedras serán / tu perdón caminante / que vas volviendo a nacer. / Si te acercas verás / que podemos sentir los dos / y por fin, de nuevo, a volar (... ) Patria sagrada, / ansias del alba, no te olvides / que andamos muy mal sin ti".

Ya en los instantes finales estrenó Hay la vida, canción que definió como una "descargona" sobre su visión de la vida. Solo nos resta pedir que la ausencia de Santiago de los escenarios nacionales no se dilate tantos meses.

 

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