Perteneciente
a la segunda generación de la Nueva Trova junto a Gerardo Alfonso,
Frank Delgado y Carlos Varela, Santiago Feliú emprendió con sus
últimos conciertos en el Teatro Nacional un viaje lleno de lirismo,
de soledad, y de las utopías blindadas que sobreviven en sus discos
Vida, Ansias del alba, Náuseas de fin de siglo, Futuro
inmediato, Sin Julieta... , obras de arte de la música
cubana.
Con su guitarra a modo de amuleto, un piano y el pelo largo,
señas de identidad de estos años de transitar por la carretera de la
música "anticomercial", como él mismo define su creación, surgió de
una cortina de humo ante su público que lo recibió de pie como si
estuviera reclamando milagros. Y el trovador volvió a nacer junto a
todos nosotros. Mostró una sonrisa y una confidencialidad cómplice.
"Bienvenidos a mis canciones, a mi guitarra, a mi armónica, a mi
persona". Así inició uno de esos conciertos que dan ganas de decir
"Yo estuve allí".
Los acordes de Era, desterraron cualquier interrogante
relativa a su estado actual: "Murió la luna de los enamorados
convencidos de que solo muertos no estarán", lanzó y atravesó el
corazón de los asistentes.
Esta declaración sonó potente, ajustada, plena. Primer estallido
de la noche. Las venas se colmaron del oxígeno de sus textos. Y ya
no hubo más un Santiago Feliú solo sobre el escenario. El teatro se
pobló de cientos de jóvenes mezclados con aquellos que a finales del
setenta pintaron el mundo de un nuevo color. Todos coreaban los
temas. Los devolvían a su remitente original enriquecidos por sus
vivencias personales, sus soledades, abandonos y desgarramientos, y
quizás por la admiración de ver cómo este trovador permanecía
hablando desde el estrado de la poesía y las ilusiones, sin la más
mínima concesión, sin estancarse y sin vivir de su pasado. Allí
estaba colgado de sus esperanzas y contradicciones como cualquier
humano.
Irreverente, sensible, y con ese tartamudeo mágico que lo ha
acompañado siempre, dejó escuchar los himnos de otras épocas y
algunas piezas recientes de su repertorio: Despojo, Para
Bárbara, Ilusión, Mickey y Mallory, intensa
canción inspirada en los protagonistas del filme Asesinos natos,
del director norteamericano Oliver Stone y Alto al fuego,
manifiesto antibelicista.
La interpretación de Ansias del alba alcanzó el cenit de
la noche. Fue de esos momentos diseñados a la medida de los sueños
de un público que él conoce perfectamente: "Pasarás y las piedras
serán / tu perdón caminante / que vas volviendo a nacer. / Si te
acercas verás / que podemos sentir los dos / y por fin, de nuevo, a
volar (... ) Patria sagrada, / ansias del alba, no te olvides / que
andamos muy mal sin ti".
Ya en los instantes finales estrenó Hay la vida, canción
que definió como una "descargona" sobre su visión de la vida. Solo
nos resta pedir que la ausencia de Santiago de los escenarios
nacionales no se dilate tantos meses.