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De los pantanos a Bagdad: ¿misión cumplida?
AMY GOODMAN
Al cumplirse el segundo
aniversario del huracán Katrina, varias decenas de residentes de
viviendas públicas y activistas marcharon hasta la sede de la Oficina
de la Vivienda de Nueva Orleans y la ocuparon durante horas.
Para
muchos en Nueva Orleans el Katrina sigue azotando.
Mientras el ejército y la policía rodeaban el edificio, Sharon
Sears Jasper, una residente desplazada del complejo de viviendas
públicas Saint Bernard, declaró: "No vamos a detenernos. Nos negamos a
permitirles que tiren abajo nuestros hogares y destruyan nuestras
vidas. El gobierno, el presidente de los Estados Unidos, todos nos han
fallado. Nuestra gente ha estado desalojada demasiado tiempo. Se están
muriendo por el estrés, la depresión y por tener a sus familias
desperdigadas. Exigimos que habiliten todas las viviendas públicas.
Traigan a casa a nuestras familias ya".
Por otro lado, el día antes a la manifestación le pregunté al
alcalde Ray Nagin si le había planteado alguna exigencia al presidente
Bush mientras cenaban juntos la noche anterior. El presidente
norteamericano acababa de hablar en una escuela que lleva el nombre de
Martin Luther King, cuyos planteamientos sobre la raza y la pobreza
quedan crudamente expuestos en Nueva Orleans. A diferencia de aquellos
que han perdido sus hogares, el alcalde respondió: "No era momento de
exigencias".
Tracie Washington es la presidenta del Instituto de Justicia de
Louisiana (Louisiana Justice Institute) y ha residido toda su vida en
Nueva Orleans. Ella afirma que sólo una cuarta parte de las más de 5
000 viviendas para personas de bajos ingresos de esa región está
ocupada. "Nuestro gobierno piensa que hay que desmantelar el antiguo
sistema de las viviendas subsidiadas por el estado, que hay que
clausurar los edificios. Estamos en medio de un litigio para cambiar
esta situación, pero es tremendamente lento, y la situación es
trágica".
Tracie Washington describe el plan mediante el cual el sistema de
viviendas públicas subsidiadas será convertido en el sistema de
emprendimientos inmobiliarios conocido como "mixed-income", en el que
una parte de los departamentos son reservados para inquilinos de
ingresos medios o altos : "Algunas de estas edificaciones que están
cerradas no se vieron afectadas en absoluto por el agua. Pero se tomó
la decisión de aprovechar la oportunidad. El huracán Katrina llegó.
‘Mira lo que podemos hacer. Podemos mantener a estas personas lejos de
aquí, traigan las excavadoras, tiren abajo esta edificación’".
Los
pobres se quedaron sin viviendas, los terrenos se privatizan.
No se trata sólo de los inquilinos. También están demoliendo
viviendas de particulares. Tracie explicó que la ciudad instituyó una
asombrosa regulación para permitir la demolición legal de casas.
Mientras que anteriormente los propietarios tenían al menos 120 días y
varios niveles de apelación para evitar que sus viviendas fueran
demolidas, Nagin instituyó una ordenanza de "demolición por amenaza
sanitaria inminente". Ahora concede a los residentes únicamente 30
días para detener el derrumbe.
Para las decenas de miles de habitantes de Nueva Orleans que están
repartidos por el país, el exiguo aviso que da la ciudad —una
calcomanía pegada en la propiedad en cuestión más la mención en un
sitio web de la ciudad y en el periódico The Times-Picayune— es
claramente insuficiente. Según ese diario, además de destruir las
viviendas, se embargan las propiedades para costear la demolición,
preparando así el terreno para que los propietarios desplazados
pierdan su pertenencia y esta pase a manos de la ciudad.
Es por esta razón que grupos como el Common Ground Collective, el
Instituto de Justicia de Louisiana, el Fondo Popular de Ayuda a las
Víctimas del Huracán y la Coalición de Supervisión están tomando
medidas en la calle y en los tribunales.
Según el fundador de Common Ground, Malik Rahim, de las más de 12
000 personas que antes vivían en el Distrito Noveno, ahora sólo viven
allí alrededor de 400. Caminé con Rahim por donde una vez hubo un
barrio afronorteamericano densamente poblado y vibrante, ahora lleno
de terrenos baldíos, lotes vacíos y escuelas e iglesias destruidas.
Quedan en pie unas pocas casas de ladrillo; aisladas, dañadas.
Dos años después del Katrina, mientras Bush volaba de los pantanos
a Bagdad, un tribunal popular sobre el huracán —que sometía a juicio
al gobierno en todos sus niveles— terminaba sus sesiones en Nueva
Orleans. Un grupo vendía unas camisetas en las que se lee: "No creas
lo que dicen. La reconstrucción de la costa del Golfo no es ‘lenta’:
es un plan de privatización que nos quita nuestros hogares, escuelas,
hospitales y derechos humanos". ¿Misión cumplida?
(Tomado de un artículo publicado en Democracy Now) |