Quijotes de la Energía

Enrique Milanés León

foto:Otilio Rivero DelgadoEl molino de viento se paga solo, afirma Andrés Moya Pérez de Corcho con la tranquilidad de quien comenta lo evidente. Motivos no faltan a su aseveración, toda vez que las aspas de esos ingenios devolvieron a la Unidad Básica de Producción Cooperativa (UBPC) Ernesto Lucas, de Camagüey, que él administra, la plena seguridad en el autoabastecimiento de agua, considerada la llave de todos los tesoros ganaderos.

Entre el verde que hoy tienen los potreros, Moya recuerda los días grises del 2004 y el 2005, cuando el agua le dijo adiós a los pozos y a los tranques y los vaqueros tenían que traerla en rastras y en tractores para salvar más de 2 500 animales que, de todas formas, se deterioraban o morían.

Dedicábamos más de 70 litros de petróleo diarios solo para la toma del ganado. Ahora —agrega— gastamos en el mes menos de 200. Con ese ahorro se paga cada molino.

El ingeniero Leopoldo Gallardo Quiñones, director del Centro Integrado de Tecnologías del Agua, explica que a esta UBPC los molinos no le cayeron del cielo. Se benefició con el proyecto destinado a unidades con necesidad de agua y adecuado historial productivo.

Buen promotor de su actividad, Gallardo ve como hijos propios a los 16 molinos instalados en la Ernesto Lucas, y no oculta su orgullo por lo que han facilitado junto con el buen manejo: sin gastar combustible, terminaron la sed de las vacas y las muertes por esta causa, mejoraron la comida y el peso del ganado y elevaron la eficiencia reproductiva, clave para el rendimiento lechero.

No por casualidad, allí retornaron en el 2006 al camino millonario con 1 016 000 litros de leche que, en opinión de Reinaldo Gigato Pereira, el jefe de producción de la UBPC, esperan rebasar en diciembre.

Pero hay más: en la propia Empresa Pecuaria Triángulo 3, las UBPC La Unión, Las Delicias e Ignacio Agramonte, se adentran, como otras cooperativas camagüeyanas, en los caminos del aire y el agua¼ con los molinos.

CITA CON EL AHORRO

En 1995, lo único que existía del Centro Integrado de Tecnologías del Agua (CITA), a la vera de la circunvalación Norte de Camagüey, era un trailer. En él, la decena de fundadores permaneció por unos cinco años, convencida de su sueño y su tarea. Leopoldo Gallardo recuerda que les decían locos, porque pasaban buen tiempo a la intemperie y cocinaban y comían bajo las matas.

Con los molinos han logrado un considerable ahorro de combustible, explicó Andrés Moya.

Poco a poco construyeron su centro y, cuando estuvo listo el comedor, algunos trabajadores añoraban los almuerzos campestres. El colectivo se dedicó con rigor a la investigación y desarrollo de tecnologías de abasto y saneamiento de agua, con énfasis en el empleo de fuentes renovables de energía.

El CITA es un centro único en el país y reúne a 50 profesionales, técnicos y obreros en las ramas mecánica, hidráulica, agronómica y cibernética.

En el colectivo se han dado pasos importantes por promover la hidroenergía, mas otros campos de las fuentes renovables también ocupan al personal. Aunque a veces han dispuesto de financiamiento internacional, el talento y la política de esta entidad del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos son cubanos ciento por ciento.

 INGENIO A LA CARTA

El patio del CITA es un muestrario en el tema de la energía, antiquísimo o futurista, pero siempre cautivador: viejos inventos del hombre, de probada utilidad, son retomados y perfeccionados con el ánimo de fomentar su lugar en una Revolución Energética requerida de combinar lo moderno con lo pasado eficiente.

Así, al ariete hidráulico, nacido en el siglo XVIII, se le han incorporado varias válvulas a partir de principios de la mecánica moderna para multiplicar la eficiencia de una bomba que no requiere de ningún combustible y, en zonas de fuentes de aguas naturales con algún desnivel, puede competir con ventaja lo mismo con un molino que con una electrobomba.

En el país funcionan unos pocos centenares de arietes, aunque el último Foro de Ciencia y Técnica encargó a una comisión el estudio del potencial nacional al respecto. Camagüey, hasta hace poco víctima de larga sequía, provincia de escasos saltos de agua y más apegada a la tradición del molino, no puede hablar mucho de arietes, sin embargo Holguín y Cienfuegos usan más de 350, entre los multipulsores y los tradicionales.

"El ariete —explica Gallardo— cuesta tres veces menos que el molino y puede dar dos o tres veces más agua, pero no se trata de ponerlos a competir, sino de utilizarlos convenientemente, según el escenario. En ambos casos las inversiones se recuperan rápido, en ocasiones en meses."

Según el director, el ariete puede ahorrar al año entre 3 y 4 toneladas de combustible equivalente, un argumento más que contundente para los incrédulos, sin embargo está muy poco extendido.

Eso no es todo. Además del ariete multipulsor y de dos modelos de molinos de avanzada, en el centro se promueve el bombeo solar —una combinación de paneles solares, sistemas de control y bombas sumergibles— capaz de bombear agua sin gastar combustible. Una cooperativa ganadera en Vertientes y un puesto de guardafronteras en Cayo Cruz sirven de polígono a esta experiencia que eliminó en el segundo punto el acarreo de agua en camiones.

Se trabaja, además, en un prototipo de la llamada bomba vaquera, que utiliza instintos del animal para inducirle movimientos que activan el bombeo de agua.

¿Sueños? Tal vez; los sueños viajan, no importa si al futuro o al pasado. Lo que vale realmente es que cuando se abran los ojos, ayuden a mejorar el presente.

 

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