Durante cuatro días, el balneario más famoso de Cuba reunió a
jazzistas cubanos de varias generaciones en un programa que
privilegió una de las variantes más dinámicas en el desarrollo del
género: las llamadas jam session o sesiones de improvisación,
conocidas en la isla por un nombre mucho más explosivo y de sabor
criollo: descargas.
El festival se articuló a partir de una figura indiscutible y
emblemática: Chucho Valdés, por sí mismo, es una fiesta. En el jazz
cubano se ha hecho de un territorio único, no solo a partir de un
pianismo ingenioso y técnicamente exuberante, sino también de
conceptos muy definidos de hacia dónde van los tiros en materia de
fusionar géneros sin perder de vista sus raíces.
Con su cuarteto, integrado por los percusionistas Yaroldi Abreu y
Juan Caros (El Peje) Rojas y el contrabajista Lázaro (El Fino)
Rivero, el maestro, durante el primer día del festival, repletó uno
de los auditorios de la Plaza América con un concierto en el que
contó con invitados de lujo: Lázaro Morúa, vocalista de notables
dotes improvisatorias en el blues; los trompetistas Yasek Manzano y
Reinaldo Melián (Molote), el guitarrista Elmer Ferrer y las
muchachas del cuarteto vocal Sexto Sentido.
Noche tras noche desfilaron por ese escenario, sucesivamente, el
pianista Ernán López Nussa; el jazzman Bobby Carcassés y su hijo
Roberto Julio, el flautista y compositor José Luis Cortés, y otros
valiosos exponentes de la dinastía jazzística doméstica.
En horas de la tarde, también en Plaza América, brillaron los
representantes más jóvenes de ese movimiento en la isla, con
destaques para el pianista Alejandro Vargas y el grupo del
trompetista Yasek Manzano, mientras que en otras locaciones pudo
disfrutarse de las actuaciones de otras prestigiosas bandas como
Habana Ensemble, del saxofonista César López.
"Cuba es una potencia jazzística por los excelentes músicos y la
abundancia de los ritmos, los tumbaos y los montunos sabrosos. Aquí
vamos a llevar adelante una verdadera integración de músicos de
diversas bandas con el objetivo de hacer combinaciones magistrales
entre jóvenes talentos y consagrados", expresó Chucho poco antes del
concierto de apertura.
A fin de cuentas, Varadero Jam Session ha sido concebido como un
panorama nacional del género para públicos de otros lugares del
mundo interesados por el jazz.
Organizado de conjunto por los ministerios de Cultura y Turismo
de la República de Cuba, el festival tendrá una frecuencia anual,
siempre en septiembre, por lo que exigirá en lo adelante a ambos
organismos y sus respectivas instituciones un ingente esfuerzo
publicitario, mercadotécnico y logístico para atraer a tantísimas
personas que en diversos países aprecian la singularidad que los
músicos cubanos han aportado históricamente al desarrollo del
género.
Si se quiere una referencia del Varadero Jam Session, habrá que
hallarla en festivales como los que se organizan en las islas
caribeñas de St. Marteen y Martinica, o en las playas dominicanas de
Bávaro, con la diferencia de que en esos sitios se convoca al
turista para disfrutar de talentos extranjeros especialmente
fichados para los programas, mientras que en el balneario de la
costa norte matancero el protagonismo corre por cuenta de la
celebridad de los artistas locales.
En tal sentido complementa la idea del festival Jazz Plaza, que
con más de dos décadas de existencia, destaca por su irradiación
popular y su carácter internacional.
"Jazz Plaza volverá a su calendario original en febrero—explicó a
este cronista Abel Acosta, viceministro de Cultura y presidente del
Instituto Cubano de la Música—; en torno al Día de los Enamorados y
con conciertos en la Casa de Cultura de Plaza y el teatro Amadeo
Roldán".
"Varadero Jam Session llegó para quedarse", afirmó el ministro de
Cultura, Abel Prieto, en un encuentro con la prensa al que concurrió
junto al ministro de Turismo, Manuel Marrero, y durante el cual
ambos argumentaron la voluntad de promover festivales y eventos que
den a conocer la riqueza del patrimonio cultural cubano y la
vitalidad de su movimiento artístico.