Unos 120 artistas de esas islas caribeñas se amalgamaron en una de
las más creativas propuestas que hayan pasado este año por nuestros
escenarios. Afincados en la tradición folclórica y popular más
radical, pero revisitada con aires de actualidad, con total libertad
estética, cada uno de los exponentes dejó testimonio de la fuerza del
mestizaje y el origen de una identidad.
Desde el inicio, con la aparición de la steel band Skiffer
Bunch, hasta el cierre con Machel Montano y su banda, quien mostró las
credenciales que lo han hecho el rey internacional de la soca, la
embajada artística fue acrecentando sus valores ante el público.
La Skiffer Bunch, con sus peculiares formato y timbres que extrae a
los bidones de acero, levantó cálidos aplausos que subieron de tono al
ofrecer su versión de Guantanamera y Mambo a lo Pérez
Prado. Destacable fue también la conexión que se estableció con el
grupo que interpretó La Parranda, por la relación con nuestra
música de igual nombre y en cuyo formato incluyen el cuatro venezolano
y las maraquitas de sus vecinos sudamericanos.
Otros muchos artistas desplegaron sus energías y razones desde el
baile y el canto, como la Compañía Folk Performing, los cantantes
Ricky Gibson y Leanox Sander, y Dennyse Plummer y su banda, quienes
establecieron rápida comunicación con el público, sensible a su
interpretación del clásico calipso Matilda.
Y si de suma popular se trata, nadie escapó al encanto primigenio
de las estampas del carnaval trinitario: arte sin etiqueta,
sorprendente, colorista y repleto de una belleza que corta la
respiración, como sucedió con la fusión de las danzas y cantos de
orígenes francés, indio y africanos, y la presencia de sus Reinas de
belleza ataviadas como mariposas. No por gusto se dice que después de
Río no hay otro carnaval como el de Puerto España.