EE.UU.: se vende una crisis

Orlando Oramas León

"En venta", el cartel se repite en uno y otro lado de la calle, lo cual parecería normal en una sociedad donde casi todo se compra y se vende. Pero se trata de viviendas, el sector inmobiliario, ahora en crisis junto a otro que le es común por el propio sistema, el hipotecario y con este el financiero.

Los precios de las casas han caído estrepitosamente y con su espiral descendente, como ocurre en Wall Street, muchos quieren vender ante la imposibilidad de afrontar sus hipotecas a riesgo, en un entramado que va del consumidor, varios millones de norteamericanos, hasta los grandes bancos e instituciones crediticias que hasta ahora sacaron jugosas ganancias.

Pareciera un problema doméstico, pero cuando la propia Reserva Federal (Fed), el Banco Central Europeo, el banco de Japón y otros de diversas latitudes intervienen con miles de millones de dólares para evitar la debacle, entonces hay que ampliar la mirada a otros confines.

Según cálculos citados por estos días, unos dos millones de propietarios en Estados Unidos podrían perder sus hogares al no poder hacer frente a la subida de sus adeudos y servicios hipotecarios, en su mayoría del tipo subprime o de alto riesgo, que los bancos revisaron al alza debido a la subida de los tipos de interés.

Y como una cosa lleva a la otra, cuando los deudores dejaron de pagar las mensualidades, que en no pocos casos se vieron multiplicadas por las penalizaciones de los impagos, entonces los bancos y otras entidades de crédito también se resintieron. De ahí las noticias de quiebras, reducciones drásticas de plantillas, entre otras de mal signo.

Recuérdese, además, que en aquel país, para estimular el consumo, muchos de sus habitantes viven endeudados con la letra del auto, la vivienda, el stereo, etc., con lo que la cadena de impagos empieza a afectar a toda la economía.

Y como las hipotecas también son un negocio, los bancos dedicados a estas las revendían en paquetes en el mercado de bonos y otros del sistema financiero especulativo, todo un crucigrama por cuyos caminos entrecuzados hoy se difunde el virus de la crisis.

El peligro atemorizó a bancos e inversionistas, que redujeron o suprimieron los préstamos, comenzaron a vender sus activos de mayor riesgo y tomaron medidas proteccionistas que indujeron a las estrepitosas caídas en las principales plazas bursátiles del planeta, poniendo en riesgo la relativa "estabilidad" financiera mundial, ya deformada y en beneficio de unos pocos centros.

De ahí las intervenciones de emergencia de la Fed, el Banco Central Europeo, el japonés y otros que soltaron miles de millones de dólares para atajar la falla.

Y cuando los reportes de bolsa hablan de calma, no pocos expertos consideran que aunque lo peor parece haber sido superado, lo más probable es que todavía no sea tiempo suficiente para aquilatar el daño.

Tal consideración tiene visos de credibilidad cuando recién se conocen las pérdidas millonarias de bancos europeos, de Alemania y Francia, por ejemplo, afectados sensiblemente por lo ocurrido en el sector inmobiliario estadounidense.

Aun así, la gran pregunta sería hasta cuándo el capitalismo, en esta fase de globalización, podrá estar en condiciones de seguir atajando sus crisis periódicas con medidas correctivas, que no van al fondo de las fisuras estructurales de un sistema de feroz competencia y sobrevaloración del mercado.

 

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