CIFUENTES.—
Las niñas de la foto, sentadas en el borde de la acogedora piscina, le
dan un toque distintivo a este paraje modificado por iniciativa de los
trabajadores del poblado de Unidad Proletaria, ubicado en este
municipio.
Ellos, con medios propios, construyeron y engalanaron, un centro
recreativo para disfrutar sus vacaciones en este verano.
La alberca fue creada a partir de lo que fuera un vertedero,
destinado a enfriar las aguas utilizadas en el proceso de producción
del desactivado central azucarero Unidad Proletaria.
Las labores inversionistas se iniciaron hace cerca de dos años en
un área aledaña a la piscina, convertida ahora en un ranchón, provisto
de mesas y taburetes tradicionales para la oferta de comestibles y
bebidas.
La instalación cuenta, además, con un área para diversos juegos de
campo y de mesa, y una fuente luminosa diseñada con buen gusto y
originalidad.
Benedicto Rodríguez, técnico en construcción civil, dijo a
Granma que tras el cambio de ingenio productor de azúcar a granja
agroindustrial, se tomó la iniciativa —-a partir de estudios
realizados—, de crear esta piscina fraccionada, de acuerdo con la
mayor y menor profundidad, para el baño de adultos y niños.
La labor fue constante, con la colaboración voluntaria de
trabajadores y vecinos de la comarca, liderados por el especialista de
la construcción.
En este verano se han beneficiado con la hermosa instalación, miles
de personas procedentes de los poblados de Unidad Proletaria, El
Vaquerito, San Diego de Valle y otros Consejos Populares del
municipio.
La entrada al recinto, a un costo de tres pesos en moneda nacional
por persona, es de martes a viernes a partir de las 2 de la tarde y
desde por la mañana el sábado y el domingo.
Omar González fue uno de los hombres que aportó muchas horas de
sudor en la cimentación de este espacio: "Ahora estoy aquí con mi
familia disfrutando de la obra que ayudé a construir y me siento
satisfecho y feliz, pues anteriormente no existía por toda esta zona
ningún sitio de distracción", apunta.
En la medida en que el enfriadero se iba transformando en una
piscina, se sumaban más vecinos a las tareas constructivas. Los más
incrédulos se iban incorporando paulatinamente al ver que el sueño se
iba convirtiendo en realidad, recuerda.