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Bush pierde a sus hombres bajo avalancha
de impopularidad

ISMEL ENRIQUEZ PALACIOS

WASHINGTON, 27 de agosto (PL).— La renuncia del secretario de Justicia estadounidense, Alberto Gonzales, aumenta hoy las bajas en la Casa Blanca, abatida por una avalancha de impopularidad a consecuencia de la guerra en Iraq y escándalos en el plano nacional.

Gonzales permaneció durante meses en el centro de las críticas del Partido Demócrata e, incluso de algunos legisladores republicanos, que le reprochaban su participación en el despido de ocho fiscales federales por motivos políticos.

El procurador también enfrentó al Congreso por su complicidad con el Buró Federal de Investigaciones en el caso de las escuchas ilegales a ciudadanos norteamericanos, con lo cual, permitió que los agentes violaran el derecho constitucional a la privacidad.

Meses antes de renunciar, Gonzales provocó una depuración voluntaria de funcionarios que prefirieron abandonar la oficina del Fiscal General antes de encubrir a su director en las múltiples investigaciones a que lo sometió el Comité Judicial del Senado.

Sin embargo, el presidente George W. Bush siempre le mantuvo su confianza, amenazó al Congreso con utilizar el veto si pedían la renuncia del secretario y hasta recibió de mala gana su dimisión, según el diario The New York Times.

La noticia confirma el ocaso de la administración estadounidense, que ya perdió una pieza clave de su gabinete con la reciente deserción del consejero presidencial Karl Rove, tercera persona en la escala de poder.

El asesor acompañó a Bush desde su iniciación política como gobernador de Texas, pero prefirió abandonar el carro del gobernante para pasar mayor tiempo con su familia, según dijo, en medio de sospechas sin comprobar sobre su implicación en varios escándalos.

Con la partida de Rove, la Casa Blanca "perdió una pieza vital de su entorno, y ofrece la impresión de que se apagó la luz para cualquier iniciativa política relevante", opinó el rotativo californiano La Opinión.

También el secretario de Defensa Ronald Rumsfeld quedó en el camino, cuando el rechazo a la guerra en Iraq y el número creciente de bajas estadounidenses en el campo de batalla pusieron al Partido Republicano contra la pared en los últimos comicios parciales.

Acosado por el manejo de la guerra, Rumsfeld abandonó el ejecutivo en noviembre de 2006 y aunque la oposición recibió la noticia con agrado, dejó al gobierno el problema de cómo retirar las tropas del país árabe sin reconocer la derrota.

Con todas esas bajas, Bush cuenta con menos aliados en su empeño por subir la cuesta hacia el término de su administración, la tercera más impopular en la historia del país, según los sondeos de los últimos nueve meses.

 

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