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La renuncia del secretario de Justicia estadounidense, Alberto
Gonzales, aumenta hoy las bajas en la Casa Blanca, abatida por una
avalancha de impopularidad a consecuencia de la guerra en Iraq y
escándalos en el plano nacional.
Gonzales permaneció durante meses en el centro de las críticas del
Partido Demócrata e, incluso de algunos legisladores republicanos, que
le reprochaban su participación en el despido de ocho fiscales
federales por motivos políticos.
El procurador también enfrentó al Congreso por su complicidad con
el Buró Federal de Investigaciones en el caso de las escuchas ilegales
a ciudadanos norteamericanos, con lo cual, permitió que los agentes
violaran el derecho constitucional a la privacidad.
Meses antes de renunciar, Gonzales provocó una depuración
voluntaria de funcionarios que prefirieron abandonar la oficina del
Fiscal General antes de encubrir a su director en las múltiples
investigaciones a que lo sometió el Comité Judicial del Senado.
Sin embargo, el presidente George W. Bush siempre le mantuvo su
confianza, amenazó al Congreso con utilizar el veto si pedían la
renuncia del secretario y hasta recibió de mala gana su dimisión,
según el diario The New York Times.
La noticia confirma el ocaso de la administración estadounidense,
que ya perdió una pieza clave de su gabinete con la reciente deserción
del consejero presidencial Karl Rove, tercera persona en la escala de
poder.
El asesor acompañó a Bush desde su iniciación política como
gobernador de Texas, pero prefirió abandonar el carro del gobernante
para pasar mayor tiempo con su familia, según dijo, en medio de
sospechas sin comprobar sobre su implicación en varios escándalos.
Con la partida de Rove, la Casa Blanca "perdió una pieza vital de
su entorno, y ofrece la impresión de que se apagó la luz para
cualquier iniciativa política relevante", opinó el rotativo
californiano La Opinión.
También el secretario de Defensa Ronald Rumsfeld quedó en el
camino, cuando el rechazo a la guerra en Iraq y el número creciente de
bajas estadounidenses en el campo de batalla pusieron al Partido
Republicano contra la pared en los últimos comicios parciales.
Acosado por el manejo de la guerra, Rumsfeld abandonó el ejecutivo
en noviembre de 2006 y aunque la oposición recibió la noticia con
agrado, dejó al gobierno el problema de cómo retirar las tropas del
país árabe sin reconocer la derrota.
Con todas esas bajas, Bush cuenta con menos aliados en su empeño
por subir la cuesta hacia el término de su administración, la tercera
más impopular en la historia del país, según los sondeos de los
últimos nueve meses.