Bush lo calificó como "un hombre bueno", no obstante compartir la
andanada de críticas que contra el primer ministro iraquí, Nuri al
Maliki, se hacen por estos días en esferas del gobierno, el Pentágono,
la CIA y el Congreso de Estados Unidos.
No hay duda del interés en desviar la atención del tema central que
ocupa a la administración republicana: el fracaso en Iraq.
Tampoco se puede olvidar que septiembre está a la vuelta de una
semana, y para mediados del noveno mes del año está previsto el
informe que harán los jefes militares y diplomáticos estadounidenses
en la nación del Golfo para conocimiento del mandatario, quien, a su
vez, debe hacerlo llegar al Congreso a fin de justificar su obstinada
decisión de mantener los soldados en aquella guerra.
Maliki, en esta coyuntura, está en capilla ardiente, y todo parece
indicar que el "hombre de Washington" ya no le interesa tanto a la
actual administración, y menos a los aspirantes demócratas.
Para algunos analistas las coincidencias entre el gobierno de
George W. Bush y los demócratas en lo que concierne a la debacle sobre
la guerra en Iraq hay que buscarlas normalmente con lupa; sin embargo,
cuando se trata de atacar al jefe de gobierno iraquí, Nuri al Maliki,
los rivales muestran una inusual unidad.
Los influyentes senadores demócratas Hillary Clinton y Carl Levin
hablaron sin tapujos sobre su deseo de una pronta sustitución del
Premier, devenido blanco predilecto y pretexto de la intromisión.
La situación en torno a Maliki se ha caldeado más a partir de las
visitas que hiciera la semana pasada a Irán y a Siria, y sus
afirmaciones de que los gobiernos de esos países pueden contribuir
mucho a que algún día la paz llegue a Bagdad.
Si se tiene en cuenta que tanto Teherán como Damasco son parte del
eje del mal en la lista del presidente Bush, poca o ninguna gracia le
haría al emperador que su aliado iraquí hiciera tales reconocimientos
a sus vecinos persa y árabe.
En el camino que ahora se pretende allanar con la mirada fija en el
informe de septiembre, se hizo pública la valoración de los servicios
secretos norteamericanos donde se argumenta que "el Gobierno de Bagdad
está prácticamente paralizado y no puede actuar".
En tal sentido, el diario The Washington Post se refirió a Maliki
como un "cómodo chivo expiatorio", en relación con la complicada
situación estadounidense en aquel país.
El Post afirmó que es absurdo darle a Maliki toda la
responsabilidad del fracaso del proceso político que pusieron en
marcha las estrategias estadounidenses en Iraq. Tampoco se puede
culpar al Primer Ministro de la falta de perspectiva del gobierno
estadounidense en lo que concierne a la tensa relación entre chiitas y
sunitas.
En este sentido, las estimaciones de los servicios secretos
estadounidenses parecen claras, al asegurar que Estados Unidos se
encuentra en un dilema.