"No es la primera vez que escuchamos hermosas palabras sobre los
ataques y que nos aseguren que su objetivo es garantizar nuestra
seguridad y prosperidad", dijo a IPS un maestro de Baquba, Kassim
Hussein, de 50 años.
"Pero cada vez hay más muertos, bloqueos y pobreza. Es una guerra
que nosotros no tuvimos que pelear, pero somos los grandes perdedores
cada vez que es reavivada por Estados Unidos", agregó.
Según la información publicada en el sitio oficial de Internet de
la fuerza de ocupación en Iraq, la operación Ataque Fantasma consiste
en acciones simultáneas de persecución de miembros remanentes de Al
Qaeda y "elementos extremistas apoyados por Irán", es decir, chiitas.
La ofensiva, agrega el comunicado oficial, "ha liberado a grandes
segmentos de la población" de la presencia de Al Qaeda, red en la que
predomina la presencia sunita (la otra rama del Islam), y está
"mejorando de manera apreciable la vida del pueblo iraquí".
Muchos habitantes, sin embargo, recuerdan que anteriores ofensivas
en Faluya (60 kilómetros al oeste de Bagdad), Haditha (240 kilómetros
al noroeste), Al-Qa'im (400 kilómetros al noroeste), entre otras,
prácticamente destruyeron esas ciudades en su alegado propósito de
combatir el terrorismo.
"Ya no tengo dónde vivir como consecuencia de esta otra operación
fantasma en mi ciudad", dijo un ex empleado del gobierno que vivía en
Faluya. "Ahora debo compartir con mi hermano una pequeña casa aquí, en
Bagdad. Decenas de miles están en la misma situación. Esto es lo que
los fantasmas y la furia estadounidense han hecho por nosotros".
Según un informe del día 19 sobre las misiones de la Fuerza Aérea
de Estados Unidos, un bombardero B-1 destruyó tres edificios en Bagdad
y un caza F-16 disparó sus ametralladoras y cohetes guiados también
sobre la capital y 40 kilómetros al sur, en Iskandariyah. Un total de
68 misiones de apoyo aéreo se realizaron ese día.
"La muerte camina junto a los militares", dijo a IPS un ex general
del ejército iraquí, Mustafa Hashim. "No existen las operaciones
‘limpias’ y, por lo tanto, es previsible que más civiles mueran,
resulten heridos o sean expulsados de sus casas".
Más de un millón de iraquíes perdieron la vida como consecuencia
directa de la invasión del país encabezada por Estados Unidos, según
la organización independiente Política Exterior Justa, con sede en
Washington.
Esta institución postula reformar la política de la Casa Blanca
para que "sirva a los intereses y refleje los valores de la gran
mayoría de los estadounidenses".
La cifra citada por Política Exterior Justa se basa en datos
publicados por la revista médica británica The Lancet el 11 de octubre
del 2006.
"El método del ejército estadounidense cuando ataca una ciudad es
emplear un fuego intensivo, sin tomar en cuenta la posible presencia
de civiles en el área tomada como blanco", señaló Hashim.
"De hecho, dispararán, incluso, cuando existe la certeza de que hay
civiles presentes. Su cultura es la de obtener la victoria a cualquier
costo", agregó.
Los iraquíes ponen en duda las declaraciones de las fuerzas de
Estados Unidos sobre los éxitos alcanzados en sus últimas operaciones.
"Todo eso tiene que ver con los medios, la política, las elecciones
y los conflictos dentro del Congreso en Washington", dijo Waleed al-Ubaydi,
analista político de la Universidad de Bagdad.
"Ellos saben de antemano que sus ofensivas no van a conseguir
mucho, pero tienen que mostrarle a su gente y al mundo que están
activos en el terreno", agregó.
"Bush no tiene nada que perder aquí, excepto su reputación, la cual
ya ha perdido de todas formas", señaló un abogado desempleado de
Bagdad, Hamdan Salih.
El gobierno estadounidense "obliga a los iraquíes a combatir entre
ellos, mientras ataca nuestra ciudades en búsqueda de sus enemigos,
que en la mayoría de los casos son nuestros hijos y hermanos", agregó.
Bush, concluyó Salih, "está sacrificando a los peones iraquíes en
beneficio del rey petróleo".