Sampling en el cielo con estrellas

MICHEL HERNÁNDEZ
michelher@granma.cip.cu

Si los integrantes de la famosa banda estadounidense Eagles hubieran com-prado un boleto para viajar a Cuba y otro para asistir al concierto de Vocal Sampling este domingo en el Gran Teatro de la Habana, posiblemente habrían quedado al borde del nocao al escuchar una versión de su himno Hotel California en las voces de estos artistas que sorprendieron en el diseño melódico de esa pieza perteneciente a su fonograma Akapelleando, Gran Premio Cubadisco 2007.

Y seguramente los Eagles se llevarían en algún rincón de la memoria la misma pregunta: ¿cómo es posible que un grupo alcance tal perfección sin rastros de ningún instrumento sobre el escenario?

Esa interrogante se encajó en el rostro de cada uno de los asistentes a este espectáculo en el que fue imposible sacarle los ojos de encima a los Sampling. La hondura de su propuesta es del más alto nivel. Manejan con extraordinaria sincronización los sonidos de las diferentes épocas de la música cubana y el pentagrama universal. Provocan un juego de tensiones y ansiedades que en ocasiones parece necesario —en pos de aplacarlo— llamar a un contingente de psiquiatras que convenzan al público de que solo se trata de un grupo de músicos que manipulan con asombrosa perfección sus gargantas y no de un fenómeno sobrenatural, ni de alguna intervención divina, ni producto de trucajes tecnológicos.

Todo eso quedó demostrado desde el instante en el que se apagaron las luces y los virtuosos desenfundaron todo su poder. Con la confianza que proporciona estar punteando desde hace mucho en lo mejor de la música mundial, andar por la vida nominados al Grammy Latino por su disco Cambio de tiempo, y haber trabajado junto a Bobby McFerrin, Peter Gabriel, David Byrne, Quincy Jones y Paul Simon (evocar aquí con aire de nostalgia las míticas canciones The Sound of Silence y Mrs Robinson y si se quiere el filme El graduado, protagonizado por Dustin Hoffman, que el próximo diciembre cumplirá 40 años de su estreno), Sampling, formado por Abel Sanabria, Reinaldo Sanler, Jorge Núñez, Oscar Porro, Julio César Pérez y su líder René Baños, ofreció a lo largo de dos horas conocidos números de su repertorio.

Por los caminos del gracejo popular y la mejor tradición cubana llegaron temas como Lágrimas negras, El cuarto de Tula, El almendrón, y la sonada Apre-taíto pero relajao, junto al popular calypso que catapultó a los primeros puestos de la popularidad a Harry Belafonte, Banana boat y ahora elevó el termómetro del Gran Teatro de La Habana.

Esa energía extraída directamente de sus vísceras, potenció poco a poco una intensa conexión con el público: las personas, olvidándose del protocolo que casi siempre se respira dentro de este teatro, entre ellas algunas acomodadoras sin descuidar sus labores, movían las caderas seducidas por estas voces inmensas e imponentes. Entretanto los músicos alternaban sus funciones con tragos de agua para impedir un cortocircuito en sus gargantas y poder continuar subiendo los decibeles hasta el final.

Ya antes de bajar las cortinas este concierto era una obra de arte que solo necesitaba otra pincelada más para alcanzar la perfección. Y la alcanzó René Baños. El músico salió a escena exhibiendo un pa-ñuelo en la cabeza al estilo de Jimi Hendrix. Se puso a disparar atronadores riffs que brotaban increíblemente de la ardiente piel de sus cuerdas vocales y trajeron además ecos de la banda británica Led Zeppelin. Parecía que de un momento a otro se le iba a escapar el alma por la boca. Pero no ocurrió así, al menos este domingo.

 

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