Pioneros

PEDRO DE LA HOZ
pedro.hg@granma.cip.cu

Las notas de un cornetín rompieron la estática. Poco después se escuchó un golpeteo metálico que remedaba las pulsaciones de un reloj. Y al fin el eco del cañonazo de la batería de La Cabaña. "Son las nueve en punto". Los escasos aparatos receptores en los hogares del centro histórico de la ciudad captaron la señal de 2LC en la noche del 22 de agosto de 1922. Luis Casas Romero marcaba así el nacimiento de la Radio Cubana, mes y medio antes de que el Presidente de la República inaugurara la PWX con un discurso bilingüe —cómo iba a faltar el inglés en un país de soberanía mutilada por una enmienda del Congreso de Estados Unidos y en una emisora propiedad de la Cuban Telephone Company.

Dos años atrás, un imaginativo y pertinaz asturiano, Manolín Álvarez, inventor por naturaleza, había armado un equipo de radio en Caibarién y transmitía música en discos de 78 revoluciones por minutos. 6EV era su indicativo y salía al aire en la banda de 225 metros, por los mismos días en que Europa iniciaba desde la ciudad inglesa de Chelmsford sus primeras emisiones públicas.

Comenzaba en Cuba a forjarse una tradición de adelantados en materia radiofónica, tan larga hoy como los mismísimos 85 años de existencia del medio.

Así en 1934, el prolífero Félix B. Caignet, quien ya al comienzo de la década concibe por primera vez la radiocomedia infantil, introduce la intriga policial seriada con su célebre saga del detective chino Chan Li Po. Algún tiempo después, exactamente en 1948, el escritor santiaguero firmaría el primer capítulo de la más exitosa radionovela de todos los tiempos, El derecho de nacer, culminación de un patrón melodramático que saltaría a la naciente televisión en esta parte del mundo.

No hay tampoco noticias de una transmisión informativa, minuto a minuto durante 24 horas por más de 60 años, como la que ha venido haciendo Radio Reloj, a punto que convirtió en mera anécdota referencial a la emisora mexicana XEQK, donde nació esa iniciativa en América Latina.

Posiblemente ningún otro intelectual del continente haya apostado tempranamente a la radio con tanto conocimiento de causa y convicción estética como Alejo Carpentier, quien con los programas de Los dramas de la guerra, en los cuarenta, revolucionó el sentido de la música incidental y los efectos sonoros en la dramaturgia radiofónica.

Y si de transmisiones contracorriente o alternativas se trata, el ejemplo mayor entre nosotros surgió el 24 de febrero de 1958 en plena gesta de liberación nacional en la Sierra Maestra: Radio Rebelde difundió la verdad, el coraje y la fe en el triunfo y fue arma fundamental en la estrategia revolucionaria.

Estos son apenas unos cuantos hitos en esa tradición fundacional y renovadora sobre la cual se sustenta la actual radiodifusión cubana, red multiplicada por las potencialidades técnicas, pero sobre todo poseedora de un inestimable caudal de saberes profesionales, intelectuales y éticos.

Por la radio, dentro y fuera del país, es posible ver a Cuba.

 

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