Tumba Francesa de Sagua de Tánamo

Un mismo bejuco para varios troncos

ANTONIO PANEQUE BRIZUELA
paneque.b@granma.cip.cu

Cuando uno ve actuar a la Tumba Francesa de Bejuco, al nordeste de Holguín, entiende por qué, a diferencia del occidente, en las danzas populares o callejeras de aquella región, comprendidas las congas de carnaval, se baila arrastrando los pies. Más de tres siglos de mestizaje cultural han tenido que pasar para llegar a esta manera sensual, pero desenfadada, de moverse ante una música que acusa similar semántica.

Lo mismo que ocurre con las de Santiago de Cuba y Guantánamo, las otras dos únicas Tumbas Francesas que existen en el país, esta réplica de Sagua de Tánamo tiene particularidades propias hasta en esa forma de danzar, algunas de las cuales se explican por las características de relativo aislamiento geográfico de sus pobladores.

Ese peculiar modo de mover las extremidades se aprecia, de un modo u otro, en los tres bailes de estos tumberos: el fronté, el masón y el yubá, pero más en este último, en el que se desliza hacia delante el pie derecho sin despegar del piso, mientras del izquierdo, casi fijo en el lugar, se alza solo el metatarso. En el masón, ambos pies, bien arrastrados, apenas se levantan.

Agrupación portadora de símbolos culturales, compuesta por unos 40 integrantes, la mayoría mujeres, un cantante principal, tres tocadores y varios acompañantes que a la vez bailan, actúan al compás de un grupo musical que ejecuta instrumentos originales.

Entre estos sobresalen los tambores llamados tumbas, fabricados de cuero de chivo sobre la boca de un tronco de cedro, empleando para tensar el pellejo tacos de guayaba entre aros de bejuco de vieja y una cuerda de pita; así como otros instrumentos complementarios de percusión como el katá y las marugas o chachá.

Las canciones son interpretadas por el coro guiado por el composé (solista), personaje que encauza también las danzas e improvisa sobre temas actuales.

La investigadora de Sagua de Tánamo, Míriam Cruzata Álvarez, ha corroborado que en Bejuco esta manifestación de arte popular "surgió de la expresión espiritual del hombre esclavo, de similar forma que en las dotaciones cafetaleras de Santiago de Cuba y Guantánamo".

Las letras hablan de la mujer, y las relaciones sociales y del hombre con la naturaleza. Con el paso del tiempo asumen vivencias cercanas a sus actuales protagonistas, como la defensa del país en su quehacer contra el enemigo y alusiones satíricas de corte político: "Oye, Bush, acuérdate de Girón (bis) / recuerda que la sardina se ha comido al tiburón". El Titán de Bronce es otro de los trasuntos más comunes: "Cuba ha de llorar la muerte / de Iborí general de invasión / Se Maceo que Itullé".

Margarita Mejuto, metodóloga del Consejo Nacional de Casas de Cultura (CNCC), opina que aquí "la situación de aislamiento hizo que se haya mantenido la tradición sin viciarse con otros géneros de música y danza, lo que ha contribuido a su autenticidad".

Para llegar a Bejuco desde la localidad de Sagua de Tánamo es necesario cruzar 18 pasos sobre afluentes de distintos ríos, entre ellos el Sagua y el Santa Catalina, mediante transportes especiales y a través de un camino muy abrupto y escarpado, a lo largo de parajes de hermosa vegetación, aunque compleja topografía.

Sin embargo, es tradición que asistan a estas fiestas grupos y bailadores de la Tumba Francesa procedentes de La Maya y Santiago de Cuba, así como de Yateras y Guantánamo.

Según explican sus practicantes y seguidores, la Tumba Francesa es una festividad celebrada en fechas significativas que posee un tronco común musical-danzario, procedente de ciertos cantos y bailes autóctonos del Congo y Dahomey, influidos por la cultura francesa del siglo XVII.

 

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