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Rusia ratificó este sábado su voluntad de restablecer el orden multipolar en
las relaciones internacionales con el reinicio del patrullaje
permanente de su aviación estratégica sobre regiones alejadas del
planeta, tras un intervalo de 15 años.
Cuando el presidente, Vladmir Putin, explicaba ayer por televisión
la importancia de esa medida para la seguridad nacional, millones de
rusos recordaron la advertencia del teniente general Leonid Ivashov de
que la guerra fría está de nuevo en marcha.
Vicepresidente de la Academia de Problemas Geopolíticos, Ivashov
señaló como primer indicio al respecto el deterioro de los nexos entre
Estados Unidos y Rusia, en particular en la esfera política.
Al referirse a Europa, el académico sugirió que además de su
reciente moratoria sobre el cumplimiento del Tratado de Fuerzas
Armadas Convencionales (FACE), Rusia debe suspender la cooperación con
la OTAN.
Sostuvo, también, la necesidad de establecer un nuevo sistema de
seguridad y, sin dejarse arrastrar a la carrera armamentista, centrar
esfuerzos en la búsqueda de respuestas asimétricas.
El vuelo simultáneo de 14 portamisiles estratégicos, naves de apoyo
y de reabastecimiento, hasta sumar un total de 20 aparatos de combate,
parece ser parte de la solución que sugiere Ivashov.
Desde ahora cada grupo operativo estratégico se mantendrá en el
aire durante 20 horas y actuará en interacción con la Marina de
Guerra, explicó Putin en su intervención por la televisión.
Vuelan sobre los océanos Atlántico, Pacífico, Glacial Ártico y el
Mar Negro en cooperación con aviones cazas y de radiolocalización a
larga distancia.
Esta decisión resulta coherente con el punto de vista sustentado
por el mandatario ruso en febrero pasado en la 42 Conferencia
Internacional sobre Seguridad de Munich, Alemania, de que el modelo
unipolar en el mundo contemporáneo es inadmisible e imposible.
Insistió sobre el tema en un encuentro reciente con militares en el
Kremlin a propósito del inicio de maniobras castrenses en todo el
territorio ruso por primera vez después de 25 años, en la que
relacionó las actuales amenazas de Occidente contra la Federación.
Son vientos de guerra fría la presencia de la OTAN cerca de las
fronteras, el emplazamiento del escudo antimisil estadounidense en
Polonia y la República Checa, así como la dilación en la ratificación
del Tratado de Fuerzas Armadas Convencionales en Europa (FACE), dijo.
Este último acuerdo, adaptado en 1999, sólo ha sido ratificado por
Rusia, Belarús, Ucrania y Kazajstán.
Tal situación explica por qué Moscú invierte casi 200 mil millones
de dólares para dotar a la aviación, ejército, flota y tropas
coheteriles de técnica avanzada, mientras desarrolla sistemas
multipropósitos como el global de navegación satelital GLONASS.
A ese tenor, y como resultado de un rearme que cuesta a Moscú mucho
menos que los 716 mil 400 millones de dólares que invertirá Washington
este año en gastos bélicos, las tropas rusas acaban de someter a
prueba sus posibilidades en complejas maniobras.
Novedoso armamento demostró su eficacia en el Cáucaso, los mares
del Norte y de Barents, el Artico, el Lejano Oriente y los Urales,
escenario este último de las maniobras Misión de Paz-2007 de las
tropas conjuntas de la Organización de Cooperación de Shanghai.
En este contexto geopolítico Rusia puso en disposición combativa un
sistema defensivo aeroespacial sin parangón en el mundo, el S-400,
capaz de derribar de manera simultánea 12 objetivos aéreos de
cualquier tipo desde una altura de 10 metros hasta los 30 kilómetros.
A su vez y por primera vez en la historia, dos brigadas de
infantería fuertemente armadas escalaron la mayor altura europea, el
monte Elbrus, de cinco mil 642 metros de altitud en el Cáucaso Norte,
como parte de un ejercicio antiterrorista.
Los especialistas consideran parte de la estrategia
político-militar de Rusia el descenso por primera vez de una
expedición hasta el lecho del océano glacial Artico, donde el pabellón
ruso quedó colocado justo debajo del Polo Norte.
Coinciden estos acontecimientos con una bonanza económica sin
precedentes en la que Moscú devino primer exportador de gas del
planeta y el segundo de petróleo tras Arabia saudita, con siete
millones de barriles diarios.
Sus ventas internacionales del oro negro en el primer semestre de
2007 ascendieron a 129,2 millones de toneladas (de 243 millones
extraídas), tres por ciento más que en igual etapa de 2006.
En estas circunstancias, las fuerzas armadas y el complejo militar
industrial experimentan una verdadera recuperación, y el país más
extenso del planeta demuestra con su poderío que no tiembla ante los
nuevos vientos de guerra fría.