"A río revuelto, ganancia de pescadores", es un refrán popular
rigurosamente cierto. Al menos así lo aplicó la CD Distributors,
pequeña empresa del estado norteamericano de Carolina del Sur,
propiedad de dos hermanas, astutas negociantes.
Ambas se percataron de "algunas debilidades en los mecanismos de
control del Pentágono" y decidieron montar una millonaria estafa a
través del envío de materiales a las tropas en zona de guerra con el
código "prioridad absoluta".
La agencia ANSA da cuenta que la compañía recibió del Departamento
de Defensa el pago de casi un millón de dólares por mandar ¡dos
arandelas!, por un valor de 20 centavos de dólar cada una, a una
unidad militar en Iraq que las había solicitado.
Además, se embolsilló 455 000 dólares por los gastos de expedición
de tres tornillos —de 1,31 dólares cada unidad— a un destacamento de
ma-rines de Habbaniyah, también en la nación árabe.
Así, las dueñas de CD Distributors despacharon en los últimos seis
años mercancías por 68 000 dólares a las tropas de ocupación del
Pentágono, que facturaron por la friolera de 20,5 millones de dólares.
El negocio se vino abajo cuando un militar del sector de compras
notó la trampa y desencadenó la investigación. Ahora una de las
hermanas —la otra murió recientemente— podría ser condenada hasta a 20
años de cárcel, mientras, el Pentágono se empeña en recuperar los 20
millones de dólares cobrados por las hábiles empresarias, quienes los
invirtieron en la compra de casas, joyas y autos de lujo...para que
"no les quiten lo bailao".