.— El virtuoso pianista cubano
Frank Fernández desbordó las expectativas de los asistentes al
inolvidable concierto auspiciado por el gobierno panameño para
celebrar el aniversario 488 de la fundación de esta capital.
Pienso que este es el evento cultural más importante y
trascendente del año en Panamá, aunque quizás todavía ni nosotros
mismos nos damos cuenta, comentó un crítico de espectáculos
panameño, poco después de concluir la actuación del maestro.
Conocidos artistas e intelectuales de Panamá, miembros del cuerpo
diplomático, altos funcionarios de Gobierno y aficionados prestos a
pagar cualquier precio por verlo actuar, acudieron a la cita de la
noche del sábado en el Teatro Nacional.
El recinto del antiguo barrio San Felipe, de sobrias líneas
clásicas exteriores, pequeño pero con un esplendor interior propio
de un templo sagrado de las artes, se entregó a Fernández para ver y
oír su interpretación única del Concierto No.2 de Rachmaninov.
El sobrecogedor silencio del público ante el encanto de sus manos
sobre el teclado, de sus gestos tiernos o apasionados, se rompió al
final por una prolongada ovación, que lo hizo volver varias veces al
escenario.
Satisfecho, sonriente, a pesar de la agotadora entrega a una
pieza tan exigente, el virtuoso cubano retribuyó la simpatía
panameña con una inesperada versión de La Comparsita, descrita por
él como la más universal del compositor Ernesto Lecuona.
Frank Fernández desbordó las expectativas con una inigualable
versión de Gitanerías, del propio Lecuona, dedicada a la Orquesta
Sinfónica Nacional, dirigida por el maestro Jorge Ledezma Bradley.
Ya no se podía pedir más, aunque con su conocida humildad,
todavía sudoroso por el esfuerzo, pero muy complacido, en el
camerino atestado de simpatizantes, me confesó con alegría: ellos no
querían que parara y yo hubiera seguido tocando toda la noche.