En cambio, para las casi 300 personas que habitan este paraje
rural, julio y agosto continúan signados por numerosas opciones
recreativas que permiten enfrentar el agotamiento físico acumulado a
pie de surco y de plantación, la intensidad del curso escolar o las
preocupaciones del ámbito comunitario y familiar.
A la medida de esas necesidades, la naturaleza "ha puesto" desde
tiempos inmemoriales las aguas del río Las Arenas, hasta donde suelen
trasladarse Yordanis, Marilín, Isnael, los hermanos Acevedo y muchos
otros jóvenes, para tomar un refrescante baño.
Pero cualquier encuesta le concedería aplastante predominio a algo
que desde hace seis años "puso" aquí la renovadora mano de estos
tiempos: esa pequeña Sala de Televisión que todos (niños, jóvenes,
ancianos) usan, aman y protegen "como a la niña de nuestros propios
ojos".
"Ahora mismo yo pudiera estar en mi casa o jugando por ahí con mis
amiguitos —afirma Yosvani Rondón, de diez años de edad— pero me gusta
más venir a jugar al dominó aquí".
De forma similar prefiere distraerse la niña Yuriannis Pérez, quien
junto a Jessica y a Daniel les enseñan a varios adultos cómo desplazar
y combinar jugadas con las piezas del ajedrez.
"También ensayamos obras de teatro —añade Yuriannis— o nos
convertimos en titiriteros, gracias a la ayuda de Dismara Rondón y a
todos esos muñecos que han fabricado nuestras mamás, tías y abuelas en
el círculo de mujeres creadoras, aquí mismo, en esa máquina de coser".
Sentado a pocos metros, el anciano Gilberto Ricardo Leyva señala
que "esto no se llena solamente de muchachos; también los adultos
bajamos para acá a jugar dominó, hay como 70 libros para el que quiera
leer un poco, tenemos un club con el nombre de Eddy Martin. ¡Y oiga,
hay que ver eso: hasta las mujeres discuten de deportes y se
divierten!".
Algunas prefieren acomodarse en una silla para soltar las riendas
del recuerdo mientras las manos hacen maravillas con el hilo a punta
de agujetas o con el yarey que pare la tierra en esa zona.
Entre las que se inclinan por tal entretenimiento está Yelenis
Labrada: una jovencita impedida física, de 21 años, cuyos días
transcurrían en cíclico hastío, allá en su casa, hasta que Dismara y
Norbeli Soto (Directora) la trajeron a la acogedora instalación.
Resulta curioso cómo hasta las actividades de Salud que promueve la
pequeña Sala, tienen un matiz de satisfacción espiritual. Basta ver a
los de cualquier edad realizando los ejercicios físicos que indica la
fisioterapeuta Juana Román, o el chequeo de la presión, respiración y
otros signos, al final de la cita.
Por eso el arribo de personas, no es exclusivo del momento en que
Gilberto agarra el trillo y se planta en una silla para ver qué
novedades habrá en la Mesa Redonda, en el noticiero o en la
telenovela...