Peter
Klasen (Lubeck, Alemania, 1935) ha abierto una ventana para que el
público cubano pueda entender (o desentender) lo que él (y la
crítica) llaman figuración narrativa. En Obras
1965-2006 reúne este verano en la planta baja del Edificio de
Arte Universal del Museo Nacional de Bellas Artes 29 pinturas y 20
fotografías, en un rejuego de imágenes en las que unas y otras
parecen tener una idéntica factura, con independencia del soporte y
la técnica, puesto que la pintura se sirve intencionalmente de la
fotografía y esta evidencia una composición pictórica.
En propiedad fue el crítico Gerald Gassiot-Talabot quien acuñó el
término figuración narrativa para poner distancia entre el
pop de moda en los 50-60, a la manera de Warhol, Rauschenberg y
Lichtenstein, y las nuevas tendencias realistas emergentes, como las
del español Equipo Crónica, el italiano Valerio Adami y el francés
Jean Helion.
Klasen, de acuerdo con lo que se puede ver en Bellas Artes,
recorre formalmente un camino que va de una marcada estética pop a
una apropiación hiperrealista en la que, sin embargo, no interesa
copiar la realidad, sino fragmentarla, yuxtaponerla y crear
asociaciones conflictivas que el espectador debe descubrir (o en
todo caso, intuir) debajo de las superficies seductoras que el
artista pinta o compone desde la fotografía.
Se hace palpable una obsesión por reflejar las paradojas del
desarrollismo europeo de la segunda mitad del pasado siglo,
cuestionándose el sentido del glamour, de la velocidad, de la
publicidad, del culto por el diseño industrial.
En tal sentido, su colega, el fotógrafo Johann Persson, describió
la ruta de Klasen como la de un artista que "propone sus imágenes,
pinturas y obras gráficas, con el fin de suscitar una reflexión
acerca del mundo que nos rodea, una reflexión crítica que encuentra
el equilibrio entre lo sensual y lo industrial, entre lo que le
parece agradable y lo que parece repugnante, entre la oscuridad y la
luz, entre el mal y el buen gusto, proponiendo a la mirada de cada
uno de nosotros la ambigüedad de las situaciones y por tanto de cada
ser humano".
Klasen también exhibe aquí fotos tomadas en Cuba. Sinceramente,
es la parte menos consistente de la exposición, pese a que se
advierte un deseo por trascender lo meramente testimonial. Sin
embargo queda a medio camino, sin el vigor ni la incisiva visualidad
de ese notable relato artístico que en cuatro décadas ha sabido
construir.