A raíz de su primera proyección, Achbar expresó que se proponían
"cuestionar la noción convencional que se tiene de las
corporaciones, para que los espectadores vayan más allá de la
normalidad que ofrece el mundo que los rodea, y aportarles una
visión crítica de estas y la cultura corporativa", en tanto su
colega Abbot afirmó sentirse estimulada "ante la destructiva
naturaleza del neoliberalismo actual, a alertar a la gente de sus
peligros y evitar su expansión descontrolada".
Con anterioridad al filme, el abogado Joel Balkan, escribió un
ensayo titulado La Corporación: la persecución patológica de la
ganancia y el poder, en el cual subraya: "En los últimos 150
años, la Gran Empresa, desde una relativa oscuridad, ha llegado a
convertirse en la institución económica dominante en el mundo. Hoy
las corporaciones gobiernan nuestras vidas. Determinan lo que
comemos, lo que miramos en la TV, lo que vestimos, dónde trabajamos
y qué hacemos. Estamos inevitablemente rodeados por su cultura,
iconografía e ideología".
Esta serie documental canadiense, que ayer tuvo su estreno en el
espacio de la Mesa Redonda, fue uno de los sucesos cinematográficos
más sobresalientes del último lustro.
Más de una veintena de premios internacionales avalan la calidad
y el impacto de La Corporación, entre ellos los concedidos
por el público en los festivales de Vancouver, Philadelphia,
Brasilia, Calgary, Salónica y Toronto, y una triple corona del
jurado en el Sundance Festival.
Ante la aplastante exposición sobre el nacimiento, el desarrollo
y la insidiosa interferencia de las instituciones corporativas en la
vida común de los ciudadanos, especialmente en los Estados Unidos,
medios de prensa que funcionan como heraldos del sistema no tuvieron
más remedio que rendir pleitesía al resultado fílmico. The New York
Post lo calificó como "entretenido y provocador", y The Economist
como "sorprendentemente racional". Únicamente The Financial Times,
sangrando por la herida, lo consideró como "una broma enorme", sin
aportar otros juicios de valor.
A fin de cuentas, a través de 42 entrevistas a presidentes de
consejos administrativos, tecnócratas, brokers, académicos, e
incluso expertos en perfiles criminales del FBI —gente tan variada y
distante entre sí como ejecutivos del monopolio farmacéutico Pfizer,
el imperio de los neumáticos Goodyear, y el gigante de la
computación IBM, el economista Milton Friedman, los politólogos Noam
Chomsky y Naomi Klein y el cineasta Michael Moore—, la visión
supuestamente cívica y elegante de las corporaciones cede espacio a
una pavorosa realidad cínica y amoral.
Sin embargo, la película no es descorazonadora. Sobre ello, Abbot
ha dicho: "Para nosotros era muy importante que el documental fuese
esperanzador, aunque no ingenuo. La parte más difícil de redondear
fue el final porque no queríamos que el público saliera aplastado
por la desesperanza, queriendo meterse en un hoyo. Es una película
activista. Es un llamado a la acción. Pero no quiero ser tampoco
ingenua al respecto. Esta es una enorme batalla y estamos en una
encrucijada".