¿A la tercera… ?

ARNALDO MUSA

Bush dice y se contradice. Pero lo cierto es que, como representante y portavoz de la ultraderecha en Estados Unidos, no le faltan deseos de buscar nuevos pretextos a fin de extender aún más la guerra en el centro de Asia, para fruición de los monopolios de la industria armamentista.

Las amenazas de Bush indignaron al pueblo paquistaní.

Por tercera vez desde el 2004, la actual administración norteamericana amenazó con invadir el territorio de Paquistán, uno de sus aliados en la zona, bajo el pretexto de que zonas fronterizas sirven de santuarios a Al Qaeda y el Talibán, y que solo espera mayor confirmación de los servicios de inteligencia.

El Gobierno de Islamabad, pese a los lazos que le unen a Washington, ha respondido indignado a las diatribas estadounidenses, tanto de la Casa Blanca como de candidatos presidenciales; negando que esos elementos se encuentren en zonas montañosas de difícil acceso, y reiterando las críticas a que Estados Unidos condicione su ayuda a la confirmación de que ha logrado buenos resultados en el combate a la insurgencia.

Funcionarios del Gobierno de Pervez Musharraf señalaron que no permitirán que fuerzas extranjeras entren en Paquistán, y condenaron afirmaciones del republicano por el estado de Colorado Tom Tancredo, quien dijo que el mejor camino para disuadir un ataque terrorista nuclear en EE.UU. es amenazar con vengarse bombardeando ciudades santas como La Meca y Medina.

No obstante el haberse sumado Paquistán a la campaña antiterrorista preconizada por Washington, este le criticó el acuerdo de paz del 2006 con los tribeños, porque supone que facilita el desplazamiento rebelde.

Aunque luego Bush moderó su lenguaje, lo cierto es que ya agentes de seguridad norteamericanos se han movido libremente por la región, mientras sus aviones bombardeaban aldeas dentro de la nación asiática.

Recordemos que ya en el 2004, Estados Unidos hizo una amenaza semejante, mientras miembros de los servicios secretos y fuerzas especiales británicas intervenían en ofensivas en áreas tribales paquistaníes; del lado afgano, 13 500 soldados estadounidenses llevaban a cabo la operación militar Tormenta de la Montaña, con elevado saldo de víctimas civiles y nulos resultados contra la insurgencia.

En junio del 2006, el entonces subsecretario de Estado norteamericano Richard Armitage dijo que su país bombardearía a Paquistán y lo haría regresar a la Edad de Piedra, a menos que se uniese a la lucha contra Al Qaeda, declaración calificada de muy grosera por Musharraf.

A las declaraciones de Armitage siguieron ataques aéreos contra poblados paquista-níes, uno de los cuales, en la humilde aldea de Damadola, causó la muerte de 18 civiles, entre ellos cinco niños, provocando una crisis diplomática.

Lo cierto es que esta administración no tiene límites previsibles, por lo que no hay que descartar que si interviene militarmente en Paquistán, se regionalice el conflicto. Las graves implicaciones que llevan una violación de la soberanía nacional de esa nación centroasiática provocaría repercusiones previsibles: más desórdenes en todo el país y el aumento de la fuerza insurgente contra las tropas de Estados Unidos.

No hay que pensar mucho para saber si lo anterior es cierto: la ocupación de Iraq debilitó a todos los regímenes árabes que apoyan a EE.UU., y en esas naciones crece el resentimiento de la opinión pública contra la potencia imperial.

Bombardear a los pashtunes paquistaníes, no ayudar económicamente al Gobierno de Islamabad, son cuestiones que no convienen a la Casa Blanca. Si no veamos estas declaraciones de su vocero, Anthony Snow: "No hay duda de que es necesario tomar medidas más agresivas" en Paquistán (Reuters, 19/07/07). Cinco días después: "Creo que flotaba la idea, al menos una intención, de algún modo una tendencia, de que íbamos a invadir Paquistán" (The New York Times); y luego recordó: "Siempre mantenemos la opción de atacar blancos criminales. Pero también somos conscientes de que Paquistán tiene un Gobierno soberano". Para la Casa Blanca, el respeto a la soberanía ajena es un concepto de aplicación variable. Así ha sido en esta administración, con la que cualquier cosa, por muy inverosímil que sea, puede suceder.

 

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