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Ecos panamericanos
Guerra contra rivales, lluvia, frío y aire
RAFAEL PÉREZ VALDÉS
rafael.p@granma.cip.cu
El
sábado, en Río de Janeiro, durante la penúltima jornada de los XV
Juegos Panamericanos, el clima pedía andar abrigado. Un friolento
quizás hubiera deseado estar en cama debajo de una colchita. En esas
condiciones, con una temperatura cercana a los 15 grados, unos
intrépidos clavadistas salieron a tirarse desde la plataforma (a 10
metros de altura). Había también lluvia y aire. Un humo salía desde
la piscina...
Entre los intrépidos se encontraba el cubano José Antonio Guerra,
el subcampeón mundial de Montreal 2005, el mejor clavadista cubano
de todos los tiempos, el hombre que cuando le entra bien al agua
hace temblar a los mismísimos competidores chinos, que constituyen
la gran potencia en este técnico deporte. Los polistas tuvieron que
prestarle una toalla más gruesa para abrigarse.
Y llevaba oficialmente el único pronóstico posible, si es que el
cálculo era serio: ¡la medalla de oro! No importa que ahí estuvieran
otros de la elite, como el canadiense Alexandre Despatié, quien ha
sido campeón mundial; o el mexicano Rommel Pacheco, uno mejor
ubicado que el santiaguero este año en la cita del orbe de Melbourne
2007; los estadounidenses...
Guerra salió tercero de la primera de las seis rondas de saltos.
Y, cosa para preocuparse, octavo de la segunda. ¿Se llevaba a bolina
el fuerte viento el pronóstico? Entonces fue cuando dijo "estoy
aquí", y comenzó a levantar, demostrando que tiene nervios para
ello, y que puede aspirar muy seriamente a una medalla en los Juegos
Olímpicos de Beijing 2008: cuarto, tercero, segundo (en la quinta).
LO QUE YA SABÍAN
"En ese momento sabíamos que habíamos ganado", me comentó después
Lino Socorro, jefe de entrenadores desde 1998, y artífice de los
últimos grandes resultados.
La voluntad y la concentración, en medio de aquellas circunstan-cias,
con un momento incluso en que la lluvia obligó a parar la
competencia, solo acompañó a tres hombres hasta el final: Guerra
(primero-527.40 puntos), Pacheco (segundo-510.15) y Despatié
(tercero-505.80), únicos por en encima de los 500.
La opinión tenía en cuenta que Pacheco y Despatié son muy buenos,
pero no extraclases, como el cubano, y el grado de complejidad que
cada uno tendría en el último salto (el del nuestro era de 3.8, un
dos vueltas 1/2 atrás, con 2 ½ giros). Y sacó en el cierre 106.40,
contra los 86.70 y 91.80 de sus contrarios más cercanos. Los jueces
votaron así: 9.0; 9.5; 10; 9.5; 9.5; 9.0; 9.0. En total recibió
nueve notas de 10 (cinco de ellas en la penúltima evolución).
Y todo ello le puso el punto final a la mejor actuación del
clavados cubano en unos Juegos Panamericanos: una de oro y dos de
plata.
A esta altura...¿puede dejar de pensarse en Beijing? |