A lo largo desu reconocida labor profesoral, el doctor Hans-Otto
Dill se fue convirtiendo gradualmente en uno de los
latinoamericanistas más destacados de Europa, y ha ido dejando detrás
de sí una copiosa labor indagatoria respecto de las literaturas
nacionales de América Latina. Los cubanos le debemos la decisiva
profundización sobre los matices europeos en las obras del prócer de
la independencia nacional José Martí, así como estudios certeros
acerca de Alejo Carpentier, Nicolás Guillén, José Lezama Lima y otro
numeroso grupo de escritores insulares.
Con tales antecedentes, era de esperar que un nuevo libro de Dill
llegase más allá de la madurez de sus estudios, para consumarse en
plenitud. Tal es el caso de Dante criollo. Ensayos
euro-latinoamericanos. Capítulos de recepción ibero-americana de
literatura europea. (Frankfurt am Main, Meter Lang, 2006), en el
que aporta una mirada desde Europa sobre la recepción latinoamericana
de la literatura europea y, como el título del libro anuncia, centra
la primera parte de las seis con que cuenta el volumen, en cómo ha
sido leída La Divina Comedia por hombres de letras y del
pensamiento hispanohablantes. "Visiones paradisíacas e infernales de
América desde la Conquista hasta finales del siglo XX", es un texto en
muchos sentidos ejemplar, debido a que va más allá de la revelación
relacionadora entre Dante (centrado en el canon europeo, según la
teoría a veces no tan simpática de Harold Bloom sobre el canon
literario) y los latinoamericanos, para dejarnos muy bien definida esa
estrecha relación (y relación es mucho más que dependencia) entre la
creatividad y la imaginación de esta parte del mundo llamada América
Latina y sus antiguas metrópolis europeas, que tantas huellas dejaron
en tierras de aztecas e incas, guaraníes y caribes.
Hans-Otto Dill se da cuenta de que Europa no está completa (en
tanto Occidente) sin la mirada extendida sobre el Atlántico hacia toda
América, y en particular enfatiza, se centra, en esa imagen narcisista
que resulta ser Europa mirándose en el espejo atlántico, para hallar
su imagen y semejanza en el todavía llamado Nuevo Mundo. Lo que Europa
debe a América es tanto, que mejor comencemos por fijarnos en la
recepción de las obras literarias europeas en las identidades jóvenes
latinoamericanas, porque ello es parte del reflejo, de la imagen, y
por allí se encuentran también las esencias de las identidades
multinacionales europea y latinoamericana.
Tras un muy buen "Prólogo" orientador de intereses y enfoques, Hans-Otto
Dill va al corazón del nomadismo que significa el exilio en tierras
que desde su Descubrimiento y Conquista por Europa (siglos XV y XVI),
hasta nuestros días, han estado surcadas por el asentamiento y el
abandono forzosos. Dos momentos cimeros de este ensayo magistral son
las relaciones Dante-Borges-Lezama, y la visión del Paradiso,
tan fijado antaño como búsquedas del mítico Eldorado, y tan lleno de
alusiones dantescas en la historia real del Continente americano. En
"El Yo dantesco y el Yo nerudiano: cantor, narrador, escritor", Dill
alcanza la convergencia de la poesía latinoamericana en relación con
la europea, a través de Dante. Tan profundo y decidor es este
análisis, que nos pareciera que allí se detiene el libro, pero estamos
solo en la sexta parte de lo que continúa con las relaciones
euro-latinoamericanas entre Lull y Las Casas, Góngora y Sor Juana,
Aristóteles y Marx, Baudelaire y Martí, Bolívar y Napoleón, Humboldt y
Carpentier, las hadas y Eliseo Diego, y para hacer casi surrealista
las relaciones, Dill inserta un diálogo entre Guillén (la cultura
mulata latinoamericana) y Lezama (la cultura europeizada), única zona
del libro donde un lector cubano puede resentirse: Lezama,
entrañablemente cubano, raigal ejemplo del especial y espacial barroco
de América Latina, no es un mero reflejo europeo, si bien se alimenta
de la cultura libresca del mundo todo, aunque Europa centre su mirada
narcisista (América mirándose en el gran espejo Atlántico, halla su
imagen y su semejanza en el aún llamado Viejo Mundo).
El libro culmina en lazos entre Cuba, Perú y Alemania. Hay que
recordar la relación comercial entre Hamburgo y La Habana hasta las
primeras décadas del siglo XX, al grado de que no es para nosotros aún
un lejano recuerdo la mercadería hamburguesa, sobre todo en el fondo
impreso de las porcelanas, en tanto que la plata peruana se convirtió
en material de dibujo y orfebrería alemana, luego enviada a América
como lujo de altas clases sociales. Pero Dill no desentraña el mundo
de los orfebres, sino el de las letras, la relación de imprenta entre
la Alemania poderosa y las muy cultas esferas creativas
latinoamericanas. Es un campo infinito, pero Dill se mete en él con
seguridad, con pie de experto, para ofrecer ideas nuevas, referencias
eruditas, contribución de hondura.
Alemán quijotesco, Hans-Otto Dill comprende el entrañable e
histórico surrealismo latinoamericano (real maravilloso o mágico), y
asume un vuelo en Pegaso, en Clavileño o un encantamiento de hadas
teutonas sobre las palabras que nos unen. Su labor, más que de Narciso
reflexivo, resulta en este libro de Prometeo desentrañador. Dante
criollo¼ se nos convierte así en un
texto referencial, de lectura gozosa y de sabiduría plena.