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El secretario general de la Organización del Tratado del Atlántico
Norte (OTAN), Jaap de Hoope Scheffer, intentó hoy disipar las
preocupaciones de Rusia por el acercamiento a sus fronteras del bloque
militar.
De Hoope Scheffer llamó a mantener el diálogo con Moscú, que
anunció una moratoria a su participación en el Tratado de Armas
Convencionales en Europa (FACE) hasta noviembre de 2008, cuando
decidirá si lo abandona definitivamente.
"Ni Rusia, ni la OTAN, ni nadie quiere un regreso a la guerra
fría", declaró el funcionario desde Londres, citado aquí por la
agencia Itar-tass.
Para el secretario general de la alianza atlántica, es importante
la cooperación bilateral en la lucha antiterrorista. Ambas partes
también comparten la responsabilidad de enfrentar, afirma, a estados
incumplidores del régimen de no proliferación.
Asimismo, estima que la única alternativa al diálogo en los nexos
entre Bruselas y Moscú, seria la confrontación.
El dirigente de la alianza atlántica reiteró la posición de
Occidente de que Rusia no debe preocuparse por el acercamiento de "la
legalidad y la democracia" a sus fronteras, en alusión a la expansión
al este del bloque militar.
Pero el Kremlin opina que con una correlación de fuerzas de tres
contra uno y en ocasiones de seis contra uno, favorable a la OTAN en
la zona donde debía funcionar el FACE, existen motivos para la
preocupación y para la salida temporal de ese tratado.
En la misma capital británica, el ministro de Salud en la sombra
del opositor Partido Conservador, Mike Penning, exigió al nuevo jefe
de Gobierno laborista, Gordon Brown, rechazar de inmediato un acuerdo
con la empresa Gazprom.
La compañía rusa debía firmar un contrato para suministrar gas al
sistema nacional de salud británico, que dedica 200 millones de
dólares al año a la compra de ese combustible y constituye un tema
predilecto de política interna de los laboristas.
Penning vinculó su solicitud al enfriamiento de los nexos entre
Moscú y Londres, después que intercambiaron expulsiones de
diplomáticos, en medio de la negativa rusa a extraditar al empresario
Andrei Lugovoi, acusado de asesinato por el Reino Unido.
El gobierno británico considera que Lugovoi estuvo implicado en la
muerte, en noviembre de 2006, del teniente coronel del Servicio
Federal de Seguridad ruso Alexander Litvinienko, a quien Londres le
concedió asilo en 2000.