A las opciones culturales del verano sumó talento el grupo de
teatro Silencio sin Barreras, integrado por miembros de la
Asociación Nacional de Sordos e Hipoacúsicos (ANSOC) en la localidad
de San Cristóbal en Pinara del Río.
La sombra fingida, El genio, La sonámbula y El ladrón de sueños,
son sólo algunas de las obras del conjunto, en acción los meses de
julio y agosto en plazas, salas teatrales y centros de trabajo,
donde el dominio de otros sentidos, como ya es tradición, cautiva al
público.
Una década de incansable labor tiene a su haber el colectivo, de
siete muchachos y muchachas, que a pura mímica ha logrado varios
primeros premios en festivales a nivel provincial y nacional, para
personas con algún tipo de limitación física, capaces de expresarse
mediante este género artístico.
Junto a su instructor Antonio Calvo (Tony) es fácil encontrarlos
en los ensayos en la Casa de Cultura Celestino García, de este
municipio, siempre inmersos en el montaje de nuevas piezas,
reclamadas incluso en demarcaciones vecinas, sobre todo en la etapa
vacacional, de gran demanda artística.
Para el montaje de las obras colabora una intérprete en el
lenguaje de señas, comunicación aprendida en el decursar por Tony,
además de director, autor de casi todas las puestas, acerca de temas
éticos y sobre el cuidado del medio ambiente, entre otros.
Iris Páez, una de las jóvenes actrices, valora altamente al
teatro por cuanto les ha reportado a todos un mejor desenvolvimiento
social en sus respectivas formas de empleo, pues este arte exige
aportar ideas y soluciones, enriquecer los personajes y crear
constantemente, dijo.
De la mano de un instructor, varias veces destacado por su labor,
Silencio sin Barreras es un ejemplo, junto a la garantía de
oportunidades de trabajo, de lo emprendido en Cuba por la plenitud
de aquellos a quienes una discapacidad no opaca múltiples
potencialidades