La jerarquía del autor de La sagrada familia, entre los 79
bardos de 53 países, fue confirmada tanto por la relevancia que le
concedieron los organizadores en su agenda de lecturas, como por la
atención mediática. El Tiempo, de Bogotá, le dedicó ayer lunes la foto
de la reseña del evento mientras las agencias asediaban al poeta.
Un corresponsal de EFE, echando mano al cliché de que Cuba se halla
al borde de una "transición", quiso saber la opinión de Miguel sobre
el tema y este respondió: "Los cambios que se puedan dar en Cuba serán
para mejorar el socialismo, no para destruirlo". Y añadió: "Fidel
Castro ha sido el guía y es el guía de nuestra Revolución en este
momento. El día que él no esté, él ha sembrado ideas y esas ideas han
florecido, esas ideas han dado frutos. Los logros del socialismo los
vamos a defender siempre, con todas las fuerzas de nuestro espíritu".
En otro momento apareció otro viejo y gastado cliché: "En mi país
—comentó incisivamente Miguel— hay una dictadura, sí, la dictadura del
espíritu, y la dictadura de la solidaridad con otros pueblos. No vivo
en una sociedad perfecta, pero tampoco puede calificarse a mi país
como se le califica, de infierno", afirmó.
Durante sus lecturas, el autor cubano conquistó al público y
defendió su razón de ser: "La poesía lo enriquece todo, lo ennoblece
todo, y ya está bueno de guerras, ya está bueno de inventos siniestros
para destruir la especie humana; el planeta necesita más, mucho más de
la poesía que de cualquier tipo de combustible para poder mover la
maquinaria del espíritu".
Para los habitantes de Medellín, dedicó el siguiente elogio: "Es un
público tan vasto, tan diverso y con un interés y una sensibilidad
extraordinaria por la poesía". (SE)