El
16 de mayo de 1955, la terminal de trenes de La Habana devino fiesta
revolucionaria por la llegada de los moncadistas excarcelados un día
antes del mal llamado Presidio Modelo, en la entonces Isla de Pinos,
en el grupo de combatientes que el júbilo popular sacó de los coches
hasta por las ventanillas, había un camagüeyano.
Reynaldo Benítez Nápoles nació en Bayamo, pero a temprana edad pasó
a residir en la ciudad de Camagüey, donde se forjó un ideal patriótico
que lo llevó a participar en el asalto al cuartel Moncada y, más
tarde, en la expedición del yate Granma.
Ángel B. Peláez Geijo, combatiente camagüeyano que luchó junto a
Benítez y otros patriotas de aquella época, recuerda que mientras este
permaneció en prisión la Juventud Ortodoxa en la provincia mantuvo
relaciones con la familia.
El propio Cándido González le daba una atención especial y directa
a Hortensia, la madre de Reynaldo, mientras este permaneció en
prisión.
Una vez liberado, Benítez regresó a su casa en Camagüey, que se
convirtió enseguida —dado el orgullo que representaba para los
revolucionarios agramontinos acercarse a un compañero de armas de
Fidel—, en lugar de encuentro para quienes querían cambiar el país.
En la barbería del hogar ubicado en la intersección de las calles
Estrada Palma y Brígida Agüero no se hablaba de temas muy comunes en
establecimientos similares, allí debatían sobre las grandes
preocupaciones de la patria.
Benítez participó en el encuentro de los hijos del territorio con
Fidel, a finales de mayo de ese año, y luego integró la dirección del
M 26-7 en Camagüey, desplegando una actividad intensa.
Con el aval patriótico del Moncada y una actitud ejemplar en las
tareas del Movimiento en la provincia, sobre todo en la organización y
atención de células en municipios y barrios, en febrero de 1956 partió
con Cándido y Calixto Morales rumbo a México para traer desde el mar,
al mando de Fidel, otro asalto por la libertad.
Martí y el Moncada