Querido
Raúl:
Muy estimados estudiantes e invitados:
Queridos profesores:
Queridos graduados:
Pareciera —para algunos— por la nostalgia lógica de la despedida,
que todo concluye hoy. No es verdad, hoy comienza lo más trascendente:
servir al pueblo como Ingenieros de la Revolución.
Muchos soñaron con este día, pero no imaginaron el privilegio de
recibir, como regalo mayor, una reflexión de nuestro Comandante en
Jefe y la presencia del Segundo Secretario del Partido y Ministro de
las Fuerzas Armadas Revolucionarias, Raúl Castro, en el acto de
graduación.
La UCI es fruto de la Batalla de Ideas, consecuencia de una
coyuntura política, y resultado del pensamiento de un hombre que en
las más difíciles adversidades nunca ha perdido la confianza en el
futuro.
Esta universidad nació en fecundos años de realizaciones concretas,
que tocaron la raíz de la cultura, la educación y los conocimientos;
es parte de los más de 200 Programas de la Revolución, emanados de una
convicción socialista, humana y revolucionaria: "el talento es
masivo".
A ustedes los convocó la Unión de Jóvenes Comunistas en todos los
municipios del país, apelando a la confianza en la Revolución. En ese
momento no existía la UCI, no estaban seleccionados todavía los
cuadros de dirección ni los profesores. Seis mil jóvenes del país
respondieron con entusiasmo a la nueva posibilidad, con el apoyo de
sus familias.
El Comandante decidió cada detalle de la UCI. El 23 de marzo del
2002, en reunión del Grupo de Trabajo de la Batalla de Ideas, indicó
su creación.
El 7 de agosto de ese mismo año visitó e intercambió con los
constructores. Doce días después, durante más de nueve horas, debatió
con los compañeros que organizaban el comienzo del primer curso de la
Universidad.
El 12 de diciembre de aquel mismo año, la visitó nuevamente y dejó
para los estudiantes la inolvidable definición de Tropa de Futuro.
Tres meses después, durante diez horas presidió el primer Claustro.
Realizó un exhaustivo análisis de los resultados docentes del primer
semestre y de la captación para los próximos ingresos, y trazó
importantes acciones de trabajo.
El 19 de julio del 2003, en este mismo teatro clausuró el primer
curso de la universidad, hace hoy exactamente 4 años, y fijó la
elevadísima meta de lograr una Universidad de Excelencia.
Todo cuanto se ha alcanzado en esta obra, se debe a su idea y su
conducción permanente.
Los 1 334 jóvenes que hoy se gradúan, han tenido la oportunidad de
participar en la concreción de una idea de Fidel y, desde ella,
culminar sus estudios con excelentes resultados académicos, como lo
reflejan el promedio general de 4,51 puntos y los 300 Títulos de Oro,
alcanzados sin dejar de acompañar a nuestro pueblo en cada marcha, en
cada acto durante estos años de combate por las ideas.
Convirtiendo a su escuela en el hospital más grande de América
Latina a través de la Misión Milagro, atendieron a más de 27 000
pacientes de pueblos hermanos y conquistaron para sus vidas una de las
más valiosas experiencias que atesorarán siempre, comparada solo con
el deber cumplido por los 67 graduados que tuvieron la posibilidad de
formar parte de la noble misión internacionalista en los Centros de
Diagnóstico Integral en la República Bolivariana de Venezuela.
La UCI nació para socializar y multiplicar como nunca antes los
estudios superiores de la informática en Cuba.
En cinco años, el país pasó de 2 483 a 16 395 estudiantes en
carreras universitarias de computación, multiplicando la matrícula de
la especialidad casi 7 veces que, unido a los 39 000 estudiantes de
politécnicos de informática, significa una fuerza de más de 50 000
jóvenes comprometidos con la idea fundamental de convertir la
informática en la rama más productiva y aportadora de recursos para la
nación, empleando a fondo la inteligencia.
La extraordinaria concepción de la municipalización de la
universidad demuestra que no hay límites posibles para formar cuanto
recurso humano nos sea necesario.
Ninguna trasnacional puede lo que un país integrado con voluntad de
lograr objetivos. La UCI, que ya ha aportado ingresos superiores a lo
que costó su inversión, representa una capacidad para generar
soluciones tecnológicas integrales y servicios de software para
nuestro país y el mundo. No es para competir contra nosotros mismos;
es para proporcionar ingresos a la nación y con bajos costos. La
posibilidad mayor está en su fuerza laboral de más de 5 000
estudiantes de años superiores y 500 profesores vinculados a 166
proyectos productivos.
Hace apenas unos días, el Comandante revisó en detalle la ubicación
laboral de cada uno de ustedes, aprobó su incorporación en los
ministerios que prestan importantes servicios a nuestro pueblo y en
los organismos que manejan recursos económicos fundamentales, e indicó
crear una reserva centralizada con los mejores 200 graduados para
enfrentar tareas priorizadas. Ello es una gran muestra de confianza
que estamos seguros ustedes sabrán honrar, poniendo por completo lo
aprendido a disposición de la Revolución y el futuro de la humanidad.
El camino al salir de las aulas nunca es fácil. Unos llegarán a
lugares donde podrán aplicar rápidamente lo aprendido, otros tendrán
que emplearse con dedicación para desarrollar su profesión y ser más
útiles.
La informática está asociada cada vez más a cuanto proceso humano
se realice. Serán ustedes responsables —con su uso inteligente,
creativo y ético— de contribuir al desarrollo socialista de Cuba, de
ayudar a alcanzar niveles de vida más elevados para nuestro pueblo y
servicios de mayor calidad. La informática, bien aplicada, puede
facilitarlo todo.
El optimismo, la humildad, la disciplina estricta, la honradez, el
respeto, la perseverancia, el patriotismo, el espíritu solidario y la
convicción absoluta de que nada es imposible, deben primar en
cualquier misión que asuman en los próximos años.
Si antes viajaban del Sur al Norte los esclavos negros y los
metales preciosos, hoy son obligados a viajar del Sur al Norte los
cerebros calificados de personas de cualquier color y raza. Así nos
desangran, para continuar convirtiendo a los ricos en más ricos y a
los pobres en más pobres.
Será imposible enfrentar los grandes problemas de la humanidad —el
hambre, el SIDA, los cambios climáticos—, si, como denunciaba ayer el
Comandante en Jefe, continúa ocurriendo lo que en los últimos 40 años,
cuando más de 1 200 000 profesionales de la región de América Latina y
el Caribe emigraron hacia Estados Unidos, Canadá y el Reino Unido; si
de los 150 millones de personas que en el mundo participan en
actividades científicas y tecnológicas, el 90 por ciento se concentra
en las siete naciones más industrializadas.
Ayer, después de publicada su reflexión sobre el robo de cerebros,
el gobierno de Estados Unidos le dio la razón una vez más cuando
anunció que "volverán a aceptar solicitudes de residencia permanente
para trabajadores profesionales extranjeros", agregando que "la medida
beneficiará a quienes hayan ingresado al país con visados H-1B,
reservados para profesionales especializados en sectores tecnológicos
como la Informática y la Ingeniería".
Por su parte, el Departamento de Estado señaló que solo comenzaría
a procesar esas solicitudes en el otoño, debido a que la cantidad
recibida había producido un gran congestionamiento.
En esa misma reflexión, el Comandante en Jefe decía que ustedes
"fueron los pioneros de los que tanto aprendió sobre la inteligencia y
los valores de nuestros jóvenes". Más adelante añadió: "Quien tenga
una computadora, dispone de todos los conocimientos publicados. La
privilegiada memoria de la máquina le pertenece también a él.
"Las ideas nacen de los conocimientos y de los valores éticos. Una
parte importante del problema estaría resuelta tecnológicamente, la
otra hay que cultivarla sin descanso o de lo contrario se impondrán
los instintos más primarios.
"La tarea que los graduados de la UCI tienen por delante es
grandiosa. Espero que la cumplan, y la cumplirán."
La creación del cuarto ejército para la guerra cibernética en
Estados Unidos, su fuerza de tarea para el control del uso de Internet
en Cuba y en otros países, la bomba electrónica para inutilizar los
pocos medios de comunicación de los países invadidos, y el estreno en
Iraq de un avión teledirigido capaz de transportar una tonelada y
media de bombas y misiles con sus pilotos cómodamente sentados frente
a videoconsolas a más de 11 000 kilómetros de distancia, en Arizona,
son solo algunos ejemplos que demuestran que el imperio se prepara
cada vez más para dominar a los pueblos, y no podemos olvidar que Cuba
para ellos es una asignatura pendiente.
La hora que vivimos es definitoria. No puede perderse un solo
minuto. Vean en esta etapa que comienza una extensión de la UCI. Hagan
de sus vidas una universidad eterna. Estudien, supérense, lean,
confronten ideas, aumenten su capacidad de reflexión. Inspírense en el
ejemplo de Fidel, quien, aun en franco proceso de recuperación, no ha
dejado de aportar sólidos argumentos a la Batalla de Ideas que
libramos.
Interactuar y dominar las modernas tecnologías necesita de hombres
y mujeres ideológicamente convencidos y firmes.
La UCI estará pendiente de ustedes. Sus profesores estarán siempre
listos para que continúen superándose. Quien no lo haga constantemente
deja de ser todo lo útil que la Patria amenazada requiere.
Agradezcan siempre a sus profesores por su esfuerzo y desvelo. El
magisterio en los nuevos tiempos exige más. Y ellos dieron lo mejor
por ustedes, se convirtieron en su familia. Eso lo dice todo.
Agradezcan a sus padres, quienes confiaron en la Revolución para
hacerlos hombres y mujeres de bien, y hoy los reciben ya Ingenieros en
Ciencias Informáticas, revolucionarios profundos, dispuestos a
cualquier tarea.
Para ustedes nuestra más íntima felicitación. Sus botas de agua y
sus capas amarillas en medio de varios ciclones en los primeros
cursos, sus banderas cubanas agitadas en cada movilización, las miles
de opiniones con las que nos contaban sus impresiones, serán parte de
la memoria de la UCI.
Recuerdo aquellos primeros días, hace ya cinco años, cuando, en
medio del fango por las construcciones y la natural ansiedad ante la
nueva experiencia, los vimos por primera vez. Y ya ven, del fango y la
incertidumbre inicial se hizo posible este día.
Tras el combate de La Plata, el joven rebelde Raúl Castro anotó en
su diario: "Desde lo lejos se veían arder sobre los cuarteles de la
opresión las llamas de la libertad. Algún día no lejano sobre esas
cenizas levantaremos escuelas".
De lo que parecía imposible surgió la victoria de la Revolución, y
de ella realizaciones concretas como esta.
De la Columna 1 de nuestro Comandante en Jefe salieron los
principales jefes de aquella gesta, con la misma filosofía de
justicia, ética extraordinaria y confianza en el futuro.
Queridos compañeros:
La idea de otorgarle al Comandante en Jefe el Título de Doctor
Honoris Causa en Ciencias Informáticas evidencia la intención de un
merecido reconocimiento, un acto de total justicia por los
significativos aportes que ha hecho, hace y hará por el desarrollo de
la informática y la educación en Cuba y en el mundo.
Todos conocemos la modestia de nuestro Comandante y la firmeza con
que sostiene el pensamiento martiano de que toda la gloria del mundo
cabe en un grano de maíz.
Esta tarde no solo agradezco en su nombre el honor que se le hace;
siento el deber de afirmar que es algo muy merecido, porque Fidel ha
sido siempre, y lo sigue siendo, un maestro excepcional.
¡Viva Fidel!
¡Viva Raúl!
¡Viva la Revolución!
¡Socialismo o muerte!
¡Patria o Muerte!
¡Venceremos!