Es Fidel quien convida. La Revolución necesita una vez más de los
jóvenes. El 4 de abril de 1972, en la clausura del II Congreso de la
UJC, el Comandante en Jefe habla de las escuelas en el campo, de
cuántas se construyen, del inminente ingreso de miles de estudiantes
y, en consecuencia, de las necesidades apremiantes de nuevos
profesores.
"Los jóvenes de mi edad se quejaban de no haber tenido la
oportunidad de la Generación del Centenario, de no nacer a tiempo para
alfabetizar o estar en Girón. Reclamábamos algo lindo como aquello.
Por eso, no dudamos en ofrecernos."
Hoy Lourdes Báez se desempeña como directora docente metodológica
del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona. Es profesora
auxiliar y Máster en Ciencias. Solo que entonces apenas concluía su
último año de secundaria básica.
Había escuchado el llamamiento a integrar el primer contingente del
Destacamento Pedagógico Manuel Ascunce Domenech, así que cuando la
citaron para aquel encuentro fue de quienes alzaron la mano.
"El compañero del Comité Nacional de la UJC que dirigió la reunión
trató de pintarnos la tarea muy difícil. Pero no nos asustó, sino al
contrario: unos se comprometían y retaban a los otros a participar.
"Nunca se me olvida. Fue la primera vez que tomé una decisión sin
contar con mis padres. Al salir, llamé a mi mamá y se lo dije. Ella
era maestra, revolucionaria¼ y esa, una
tarea del Comandante. Se sintió muy orgullosa, por supuesto."
Quedaba vencer el desafío. Su bautismo de aula fueron dos grupos de
séptimo grado de aproximadamente 30 alumnos cada uno, en la ESBEC
República Popular de Argelia, en Batabanó. La joven profesora de
Matemáticas, de 15 años, impartía clases a muchachos de casi la misma
edad. "¡A la maestra la iba a ver su mamá una vez por semana!".
Lourdes recuerda la primera clase que le revisó una metodóloga.
"Como en la anterior no me había alcanzado el tiempo, comencé justo
donde había terminado. Y cuando faltaban cinco minutos para que
finalizara el turno, dije: ‘ahora vamos a empezar la clase de hoy’.
Años más tarde, a mis alumnos del Pedagógico les llamaba la atención
que yo decía la última palabra exactamente al sonar el timbre. Esa
habilidad profesional tiene sus raíces en aquella lección".
Aprendía con la ayuda de metodólogos, jefes de cátedra y excelentes
profesores. Estudiaba y trabajaba a la vez: en una sesión acudía a la
secundaria a impartir clases; en otra, a la filial pedagógica a
recibirlas.
El 20 de julio de 1977 fue la graduación del primer contingente del
Destacamento. Ese día Lourdes cumplió 20 años. Lo califica de
inolvidable. Estaba en la presidencia, y leyó el pase de lista de
héroes y mártires relacionados con la pedagogía: Martí, Frank¼
Ascunce.
En el discurso de clausura, Fidel señala lo acertado de esta idea
para resolver el déficit de profesores. Por los métodos tradicionales
habríamos tardado 30 años, sostuvo.
"Ustedes han hecho posible, primero, que la Revolución cumpliera el
principio de que todo joven tuviera oportunidad de seguir estudiando
después del sexto grado; de que ningún joven de nuestras montañas, de
nuestros campos, se quedara sin su escuela secundaria. Ustedes han
contribuido a aplicar el sistema de estudio y trabajo en esas
escuelas. Y a su vez fueron un magnífico ejemplo de la aplicación de
ese mismo principio, estudiando y enseñando."
Novecientos profesores de enseñanza media recibieron sus diplomas y
se comprometieron a continuar estudiando hasta convertirse en
Licenciados en Educación. Aquellos maestros casi adolescentes tuvieron
que madurar a prisa, a causa de la responsabilidad que les tocó
asumir, pero no perdieron la energía, el vigor, la frescura, porque
precisamente vivir una epopeya como esa era uno de sus sueños.