Casi dos años después de la mayor
masacre estadounidense en la guerra de Iraq, la matanza de Haditha
escandaliza aún hoy al mundo y acapara titulares de prensa tras nuevas
revelaciones.
Según testimonio del sargento Humberto Mendoza, en noviembre de
2005 él revisó una casa iraquí junto a tres infantes de marina y
vieron a una mujer, una chica adolescente y cinco niños -todos civiles
desarmados- en la esquina de una alcoba.
Minutos más tarde el capitán Stephen Tatum, de su misma escuadra,
entró en la habitación con una ametralladora M-16 cargada. Luego
escuchamos una ráfaga estruendosa, y después aparecieron muertas estas
personas, explicó el soldado.
Protegido por una concesión de inmunidad, Mendoza testificó este
miércoles ante un tribunal militar en el Campamento Pendleton, ubicado
en la localidad de San Diego, estado de California, indicaron
noticiarios.
Sus declaraciones engrosaron la larga lista de evidencias que
inducen a creer a muchas autoridades que el Ejército norteamericano
cometió un vil asesinato de aldeanos indefensos a finales del segundo
año de la agresión a Iraq.
Interrogado por fiscales federales, el oficial norteamericano
reconoció que con anterioridad él había dado declaraciones falsas a un
coronel del Pentágono que indagada sobre los hechos de aquel 19 de
noviembre.
Trascendió que un grupo de marines arremetió contra 24 civiles en
aquella aciaga jornada, y posteriormente la barbarie fue encubierta
por las tropas estadounidenses, que desinformaron a varios
investigadores.
Al parecer, se registró una "sobre-reacción" furiosa de los
soldados después que la explosión de una bomba colocada al borde de
una carretera matara a un militar norteamericano.
Luego los marines explicaron a reporteros y oficiales superiores
que los campesinos fueron destrozados por el mismo explosivo que mató
a su compañero.