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De la mano verano y sana recreación

BÁRBARA VASALLO VASALLO

Me lo encontré leyendo, cobijado por la sombra de un árbol en un parque de la ciudad, al mediodía. Ponía toda su atención en el texto "Confesiones del diablo ilustrado" y me comentó que una amiga le prestó el libro y aprovechaba las vacaciones para leerlo.

Contaba apenas con 16 años de edad y sin levantar la vista agregó en tono jubiloso que aprovechaba esa hora en que el sol estaba fuerte, porque más tarde, en ese mismo lugar, esperaba a sus compañeros de aula para echar un "play" de pelota.

Quería concluir la lectura antes de que se iniciaran los juegos Panamericanos y las transmisiones por la televisión.

Lo dejé ensimismado en las lecciones y valores que trasmite el popular texto de la editorial Abril y elogié la planificación del tiempo libre del muchacho cubano, común, alegre.

Y es que en este período estival, cuando muchos disfrutan del descanso, el tiempo es propicio para la recreación sana e instructiva.

En Cuba, donde el verano se hace eterno y cada vez la población adquiere mayor nivel de conocimientos, casi sin darnos cuenta cambian antiguos hábitos de convertir las vacaciones en sólo bañarse en la playa, bailar e ir de fiestas.

Opciones como para no dejar escapar pudieran ser la visita a un museo que trae de la mano historia viva y apasionante, el disfrute de un concierto, cualquier exposición de las artes plásticas, que abundan, una obra de teatro o aquella película de la que tanto hablaron los críticos y ahora vuelve en la programación televisiva.

Con la certeza de enriquecer el espíritu sería provechoso acudir a un recital de poesía, leer uno de esos libros adquiridos en la última Feria y al que el tiempo se nos opuso, sin dejar de dar una "vueltecita" por la playa con amigos y amigas.

La televisión amplía tiempo de transmisión, galerías, teatros, salas de concierto, bibliotecas y cines abren puertas e invitan a traspasar el umbral. Combinar el descanso merecido con sana y constructiva recreación es una idea nada despreciable.

En este verano surgirán nuevos amigos, florecerán conocimientos, se enriquecerá el espíritu y como el muchacho, quien leía afanoso las últimas confesiones del diablo ilustrado, muchos cubanos y cubanas compartirán la alegría. (AIN)

 

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