Me lo encontré leyendo, cobijado por la sombra de un árbol en un
parque de la ciudad, al mediodía. Ponía toda su atención en el texto
"Confesiones del diablo ilustrado" y me comentó que una amiga le
prestó el libro y aprovechaba las vacaciones para leerlo.
Contaba apenas con 16 años de edad y sin levantar la vista agregó
en tono jubiloso que aprovechaba esa hora en que el sol estaba fuerte,
porque más tarde, en ese mismo lugar, esperaba a sus compañeros de
aula para echar un "play" de pelota.
Quería concluir la lectura antes de que se iniciaran los juegos
Panamericanos y las transmisiones por la televisión.
Lo dejé ensimismado en las lecciones y valores que trasmite el
popular texto de la editorial Abril y elogié la planificación del
tiempo libre del muchacho cubano, común, alegre.
Y es que en este período estival, cuando muchos disfrutan del
descanso, el tiempo es propicio para la recreación sana e instructiva.
En Cuba, donde el verano se hace eterno y cada vez la población
adquiere mayor nivel de conocimientos, casi sin darnos cuenta cambian
antiguos hábitos de convertir las vacaciones en sólo bañarse en la
playa, bailar e ir de fiestas.
Opciones como para no dejar escapar pudieran ser la visita a un
museo que trae de la mano historia viva y apasionante, el disfrute de
un concierto, cualquier exposición de las artes plásticas, que
abundan, una obra de teatro o aquella película de la que tanto
hablaron los críticos y ahora vuelve en la programación televisiva.
Con la certeza de enriquecer el espíritu sería provechoso acudir a
un recital de poesía, leer uno de esos libros adquiridos en la última
Feria y al que el tiempo se nos opuso, sin dejar de dar una "vueltecita"
por la playa con amigos y amigas.
La televisión amplía tiempo de transmisión, galerías, teatros,
salas de concierto, bibliotecas y cines abren puertas e invitan a
traspasar el umbral. Combinar el descanso merecido con sana y
constructiva recreación es una idea nada despreciable.
En este verano surgirán nuevos amigos, florecerán conocimientos, se
enriquecerá el espíritu y como el muchacho, quien leía afanoso las
últimas confesiones del diablo ilustrado, muchos cubanos y cubanas
compartirán la alegría