Cinco abstractos al tiro

VIRGINIA ALBERDI BENÍTEZ

Lo primero que llama la atención al espectador que accede a la Galería Villa Manuela es la consumada concepción de su directora Lesbia Vent Dumois al disponer en ese espacio de la UNEAC la muestra Cinco pintores abstractos. El resaltamiento de las estéticas contrastantes de los expositores, el balance y contrapunto entre las zonas cromáticas y el establecimiento de un guión visual que facilita el acercamiento a cada autor y obra hacen de esta exhibición una de las de mayor rigor conceptual, y a la vez, de más agradecido paladeo visual de la temporada veraniega.

Derribado y exhausto no me rindo, acrílico sobre tela de Raúl Santoserpa.

Después de Los Once, la abstracción en Cuba ha apostado a diversas cábalas, comenzando por aquel grupo iniciático que al romper los cincuenta del pasado siglo dinamitaron el "orden" compositivo en las artes plásticas cubanas. Media centuria después de aquel momento renovador, a casi nadie se le ocurre cuestionar la abstracción como tendencia divorciada de la realidad o preguntar qué quiere decir este o aquel otro cuadro en busca de una sustentación narrativa o simbólica de lo pintado.

Pero tampoco —y eso se puede verificar al recorrer esta muestra— casi nadie, aún sin tener el ojo entrenado, puede decir que la abstracción está vacía de contenido. Este, desde luego, hay que buscarlo en la misma esencia pictórica de la obra y en sus correlatos contextuales.

Los Cinco de Villa Manuela tienen en común componer en superficies planas obras no figurativas (término mucho más exacto que el de pintura no objetiva puesto de moda por la crítica en tiempo de Los Once).

Pedro de Oraá, el único de ellos que tuvo relación con aquel grupo de aventurados del que emergieron Hugo Consuegra, Antonio Vidal, Guido Llinás y Raúl Martínez en la pintura y Agustín Cárdenas, José Antonio Díaz Peláez y Pancho Antigua en la escultura, transmite en sus cuadros un cúmulo de emociones fuertes, asentadas en la calidez del uso del color y la acumulación de densidades. Por cierto, valga esta nota para saludar, además, la extraordinaria solución gráfica con que Pedro dejó su huella en la portada de la más reciente edición de la novela de Lezama Lima, Paradiso, publicada por Letras Cubanas.

Con casi idéntica denominación de origen (el norte villaclareño) y también largas y fecundas trayectorias en la creación, Raúl Santoserpa y Juan Vázquez Martín difieren en sus contenidos abstractos. En el primero late y estalla un universo visual cercano a la naturaleza, mientras que el segundo opta por texturas penetrantes circunscritas por definiciones geométricas inestables, lo cual produce una lograda sensación de tensión en la apreciación global de cada cuadro.

La única mujer del equipo reunido en Villa Manuela es Julia Valdés, instalada en estas últimas tres décadas en el campo de la abstracción con lenguaje propio de notable envergadura: reposado, lírico, incisivo, cada vez más propensa a soluciones minimalistas, mediante las cuales consigue sugerir mucho más que lo que a primera vista se ofrece.

Y el más joven es Danilo Vinardel, asaeteado por los fantasmas del paso del tiempo en la retícula urbana, dómine ya de un tipo de composición en la que desafía las leyes de la gravedad.

 

| Portada  | Nacionales | Internacionales | Cultura | Deportes | Cuba en el mundo |
| Comentarios | Opinión Gráfica | Ciencia y Tecnología | Consulta Médica | Cartas| Especiales |

SubirSubir