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El llamado de las plantas
Una verdadera red humana cubana de jardines
botánicos trabajan para salvar unas 315 especies en peligro de
extinción
Pastor Batista Valdés
Conozco gran cantidad de niños que jamás han visitado el Jardín
Botánico, en las afueras de la ciudad de Las Tunas. Igual les ocurre a
muchos jóvenes e, incluso, a adultos.
La
extinción de esta planta (conocida como Erizo) afectaría a numerosas
especies de pequeñas aves que nidifican seguras en su follaje.
No se puede culpar de ello solo a las escuelas. Cientos de familias
también están en deuda con sus hijos y con ese apacible lugar.
Muchas personas ignoran que, lejos de ser un sitio donde "recrearse
contemplando plantas raras, lindas o desconocidas", los jardines
botánicos son verdaderas instituciones científicas a favor de la
supervivencia del reino vegetal y, en consecuencia, aulas a cielo
abierto para conocer la naturaleza y defenderla, a tiempo, de su
evitable holocausto.
BÚSQUEDA, RESCATE, SALVAMENTO...
Ni la exigua cantidad de especialistas (apenas 4, incluidos dos
directivos), ni dificultades materiales, ni limitaciones subjetivas
han impedido que el jardín tunero extienda y afiance su "cruzada de
vida", incluso mucho más allá de los límites provinciales.
"Lo primero que hemos hecho —explica Raúl Verdecia Pérez, director—
es conocer la diversidad florística y las 45 especies amenazadas en
nuestro territorio. Eso nos ha permitido localizar e identificar ya a
43 de esos tipos de plantas con algún peligro o grado de
vulnerabilidad, a fin de evitar que les ocurra como al Guayo Blanco,
única declarada extinta en la provincia."
Sobre esa base, el equipo de trabajo desarrolla una incesante
labor, tanto para preservar in situ esas variedades como para
cultivarlas y conservarlas ex situ: en el área que ocupa
la entidad.
Así, cerca de 80 especies "condenadas" al deceso dentro del
territorio o en distantes puntos del Archipiélago cubano, han sido
ubicadas, rescatadas, cultivadas y reproducidas aquí, a veces en mayor
cantidad que los ejemplares existentes en el lugar de asentamiento
natural.
AGUJAS EN EL PAJAR DEL TIEMPO
Aquel día, Verdecia pensó que deliraba. La fatigosa marcha entre la
ciénaga y el litoral yumurinos lo había situado, inesperadamente,
frente al Copernicia Brittonorum: legendaria especie con cuyo nombre
el Hermano León (Joseph S. Sauget) honró en los años 30 del siglo
pasado a Nathaniel Lord Britton, fundador y director del jardín
botánico neoyorquino.
No fue esa, en cambio, la única variedad encontrada por los
investigadores tuneros —como aguja en el pajar del tiempo—, luego de
años y décadas "desaparecida" u oculta a la pupila de la ciencia.
Según afirma Verdecia, otras como la Rondeletia gamboana, la Acacia
cupeyensis, la Acacia Roigii, el Baccharis Orientalis..., habían
permanecido imperceptibles a toda búsqueda, desde su colecta original,
aun cuando quizás cientos de personas pasaron infinidad de veces junto
a los pocos ejemplares vivos, y hasta atentaron contra su
supervivencia, sin saber que corrían el riesgo de exterminarlos para
siempre.
Por ello, en opinión de los especialistas, "cada día es más
necesario el conocimiento social y el aporte de campesinos, serranos,
guardabosques, trabajadores de Flora y Fauna, estudiantes, medios de
difusión..."
Sobre la sensibilidad de la población cubana frente a este asunto,
el director del jardín tunero evoca el celo con que familias
campesinas de Maisí cultivan el café, sin dañar ninguna de las cuatro
especies de palmas endémicas que se empinan en medio de sus
plantaciones.
Igual aliento le llega por intermedio del matrimonio que forman
Benito y Ana Delia (avileños). En su patio, un robusto Yarey de Falla
goza de envidiable salud gracias a que ambos se niegan a cortarle ni
una sola penca, sobre todo, desde que supieron una terrible verdad: la
desmedida explotación de esas palmas en la zona, con fines
artesanales, ha dañado seriamente su capacidad natural de producir
frutos.
APUNTES PARA MEDITAR
Mientras en numerosas regiones del planeta (como sucede en la
Amazonia ecuatoriana por estos días), la voracidad capitalista
envenena en grado ascendente al reino vegetal, Cuba acentúa el trabajo
de preservación al que llaman las metas fijadas para el año 2010, por
la convención internacional sobre biodiversidad.
El
jardín tunero conserva esta Thrinax Ekmaniana, exclusiva del norte
villaclareño.
Mundialmente, el problema es más grave de lo que ni siquiera
imaginan millones de personas.
De las 60 000 especies evaluadas hasta ahora, sobre 34 000 gravita
alguna amenaza real de extinción. Más funesto que el embate del propio
clima (inundaciones, deslaves, sequías...) es el oído imperial,
incapaz de escuchar alertas y de aplicar acciones realmente efectivas
a favor del medio ambien te.
Los expertos cubanos, en estrecho nexo con la Unión Internacional
para la Conservación de la Naturaleza y los Recursos Naturales (UICN),
no viven al dorso de esas realidades.
Por eso Cuba no da la espalda a sus más de 6 500 especies de
plantas vasculares. "Somos la Isla con mayor riqueza florística luego
de Borneo, Nueva Guinea y Madagascar", —afirma Verdecia.
Mientras Gran Bretaña reporta unas 13 especies endémicas, Cuba
tiene más de 3 000. Eso, como es lógico, obliga a obrar con extrema
precaución.
Nuestros investigadores conocen también la vulnerabilidad superior
de los ecosistemas insulares, en comparación con los continentales.
Siglos de bregar agrícola e industrial transformaron unos 80 000
kilómetros cuadrados de superficie, no siempre bajo conceptos como los
que aplica y exige hoy la Revolución.
Unas 315 especies viven en peligro crítico de extinción en el
Archipiélago, y cifras similares peligran o son vulnerables.
Con mayores o menores resultados, la red de jardines botánicos
trabaja para salvar esa flora. Pero no pueden estar solos; el concurso
tiene que ser de todos y, como la educación, venir desde la cuna
misma. |