La capacitación de los pobladores de las comunidades costeras, así
como el personal vinculado a proyectos turísticos y la regulación del
acceso al hábitat del manatí en mares de la provincia cubana de Pinar
del Río, son medidas a favor de ese mamífero en peligro de extinción.
El programa conservacionista abarca los 14 municipios del
occidental territorio, al tener todos salida a esas aguas, y hasta la
fecha reporta resultados, medibles a través del avistamiento de
pequeñas poblaciones de la criatura del orden sirenia, con cuerpo
cilíndrico de color gris y escasas cerdas.
Los cayos Levisa y Jutía han sido su morada predilecta, tras el
proyecto científico en vigor; sin embargo para ver un aumento
significativo de ejemplares aún es pronto, pues las hembras paren sólo
una cría cada tres o cinco años.
Junto a científicos colaboran especialistas de otros sectores que,
de conjunto, han creado también pequeñas zonas de protección en
cayerías, estuarios, humedales y desembocaduras de ríos, de
preferencia por el animal, de historia remontada a unos 60 millones de
años.
Son precisamente las costas de aguas cálidas, resguardadas por
mangles, guarida ideal de este ejemplar, víctima en muchos casos de la
pesca furtiva, y conocidos además como vacas marinas, en alusión a su
posibilidad de alcanzar 13 pies de largo y 3 mil 500 libras de peso.
Entre las múltiples adaptaciones desarrolladas durante su larga
historia se ve la potente cola en forma de remo impulsor y dos cortas
extremidades anteriores, ambas requeridas para pasar toda la
existencia en el agua, donde andan en grupos de más de una decena,
conducta reveladora del comportamiento pacífico.
Considerado el mayor mamífero de la fauna de Cuba, se afirma que
tiene una carne de tres sabores: pescado, cerdo y res, de ahí la
persecución de pescadores causantes de su brusca disminución en los
mares, si bien puede verse, dada la consciente preservación, en costas
de México, Centroamérica, el Caribe y algunos países suramericanos.