Estaré donde esté Fidel

"¼ Julito Díaz, que disparando sin cesar su ametralladora calibre 30 murió a pocos pasos de nuestro puesto de mando en el ataque al Uvero", escribió Fidel en sus recientes Reflexiones, titulada La tiranía mundial. Al igual que Ciro Redondo y junto a él Julito Díaz, de Artemisa, también fue asaltante al Moncada; lo detuvieron cuando ya había corrido mucha sangre.

Guardó prisión en el antiguo presidio de Isla de Pinos, estuvo en el exilio en México y de allí regresó como expedicionario del Granma. Muy cercano a Fidel en los días más difíciles, sobre todo en la formación del Ejército Rebelde cuando eran tan pocos los hombres y fusiles con que se disponía, Julito se ganó un lugar en la historia.

La odisea de la desconexión involuntaria del grupo de combatientes del Moncada que logró retirarse cuando era imposible alcanzar el objetivo, fue para Julito Díaz extremadamente riesgosa. Lo acogió una familia campesina de las cercanías de la Granjita, los Prada, que vivían en una finca pedregosa que llamaban Las Múcaras. El campesino Prada, no podía creer entonces que Fidel estuviera vivo, pero aunque no tenía ninguna prueba de que viviera Julito le insistía, según nos contaría Prada: "Mire, viejo, estoy seguro que Fidel debe estar por alguna de estas lomas, ¿si usted pudiera averiguar con alguien de confianza?, a lo mejor lo han visto y Prada le contestaba: "Tú estás loco, muchacho, lo que dices no puedo hacerlo, yo no he oído nada y ¿a quién le puedo preguntar? A lo mejor está bien cerca pero cómo se va a descubrir. Están matando a la gente de ustedes; aparecieron dos en Juraguá, acribillados a balazos".

Lo acogieron como a un hijo y una noche Julito Díaz le reveló a la familia Prada: "Nos han derrotado, pero nosotros volvemos otra vez¼ deje que nos reunamos de nuevo con Fidel. Si usted habla con él se convence. Yo sé que Fidel está vivo, porque nadie ha dicho que lo hayan matado y si los periódicos lo dicen tampoco hay que creerlo, viejo, no se puede contar con que sea verdad, porque Fidel es uno de los enemigos más grandes que tiene Batista¼ Hay que encontrarlo".

Dice Prada que se callaba para no desalentarlo y Julito le afirmaba: "Hay que encontrarlo, porque a nosotros nos derrotaron pero no nos vencieron (¼ ) usted vive en este bohío, y cómo trabaja y saca piedra y saca piedra y no tiene nunca nada, paga arriendo y no le queda nada. Usted verá como vamos a estar mejor; y yo vendré aquí a su casa a visitarlo. Recuerde lo que le digo". En la casa de Prada nunca fueron olvidadas sus palabras.

Así fue siempre Julito, según afirman quienes estuvieron a su lado antes y después de estos hechos. Su fe en Fidel no flaqueaba por nada ante ninguna contingencia negativa o frustrante en medio de las dificultades propias de la organización de la expedición y el reagrupamiento en la Sierra.

En aquellos días de persecución, en la semana de la resistencia, luego del Moncada las patrullas del ejército de la tiranía sospecharon de Prada y emplazaron una ametralladora no lejos de su casa. Abrieron fuego contra las múcaras. Las balas impactaban las piedras y en una ocasión Julito Díaz había salido de la casa para no comprometer a los pobres campesinos y se escondió detrás de una de las rocas; hubo una balacera tremenda, pero afortunadamente ninguna bala lo impactó. Así transcurrieron los días sin que disminuyera su esperanza en Fidel, aunque los guardias disparaban ráfagas pensando, tal vez, que si había algún asaltante estaba armado.

Prada estaba convencido de que todo empeoraría y creó todas las condiciones para abandonar la casa y llevarse a Julito con la familia. Su plan podía haber sido viable pero no aceptó. Le dijo: "Váyanse ustedes, si Fidel está alzado yo también lo estoy".

—¿Y cuándo te volvemos a ver muchacho?—le preguntó Prada por decir algo. La respuesta era de esperar:

—No lo sé, pero si sé dónde: donde esté Fidel. (M.R.)

 

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